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Jorge Bethencourt

El recorte

Jorge Bethencourt

El sentido de la distracción

Román Rodríguez en el pleno del Parlamento E. D.

Me siento identificado con Román eternamente Rodríguez, Emperador del Audiovisual Macarronésico, vicevisir del Gobierno y responsable de Hacienda, que cuando hablan los de la oposición en el Parlamento se pone a mirar los vídeos de tik-tok en el móvil. Porque son unos plastas, para qué nos vamos a engañar. Y si te toca una homilía sacerdotal kantiana de Barragán ya es para cortarse las venas. Me too, Román.

Cuando uno lleva los suficientes años en esto ha aprendido perfectamente que el teatrillo de la democracia es lo que es: una actuación repetitiva, aburrida e inútil. El Gobierno hace lo que le da la gana. Y el precio que tiene que pagar es acudir de vez en cuando a la simulación de un poder legislativo donde reina el rodillo de la mayoría. Nadie convence a nadie de nada. Y es un hablar por hablar. Para que te den un titular en la prensa del día siguiente. Un canutazo en la televisión. Un comentario radiofónico, acaso. O sea, polvo enamorado.

A medio año de las elecciones, casi todo el pescado está vendido. Y el que no se ha escondido tiempo ha tenido. Los últimos meses del paroxismo político consisten en enchufar cuñados a toda prisa y que el Gobierno anuncie y prometa todo lo que no ha podido arreglar en un mandato que se ha pasado volando entre epidemias, volcanes, Noemí Santana y otros desastres naturales. Y la oposición, por su parte, se despierta y empieza a meter el dedo en el ojo a todas horas. Un esfuerzo que conduce a la melancolía porque en la calle nadie se entera de nada que no sea el precio de la cesta de la compra, el sueldo que se encoge, los impuestos que te matan y la mala leche que produce saber que la hipoteca te está sacando los hígados por la boca.

Este fin de fiesta va a ser como el del congreso para cien personas, con champán, caviar y actuaciones musicales de postín, de medio millón de euros, que celebraron en el Sur de Gran Canaria dos municipios progresistas. Hay que ver cómo está la izquierda de rumbosa. Guaguas gratis, hipotecas subvencionadas, contrataciones públicas a diestra y siniestra… la casa por la ventana. Siete de cada diez nuevos empleos se han creado en el sector público. Es lo que pasa siempre antes de unas elecciones. Pero todo esto, aunque nadie se lo crea, se va a tener que pagar más adelante. Como el casi billón y medio en el que va a acabar la deuda de nuestro país al final de este tenderete de cuatro años.

Mirando la inmensidad del disparate, yo me apunto a lo de Román eternamente Rodríguez. Perderme en la evanescente realidad virtual del móvil y dejar de escuchar a las moscas cojoneras. Y pensar, feliz, que en el peor de los casos a todos esos cantamañanas les va a tocar heredar el desastre. Y que con su pan se lo coman.

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