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Rafa Muñoz Abad

‘Gas wars’

Cuando en el puerto de Santa Cruz de Tenerife o camino de las Teresitas vean un buque de color verde con cuatro grandes esferas en cubierta, no crean que lleva un tiranosaurio encerrado en una jaula, se trata del transporte de gas natural licuado a menos ciento sesenta grados centígrados. Metano, si así lo prefieren. El conflicto de Ucrania y la todavía insalvable dependencia del gas ruso que la industria europea tiene, también su sociedad para atravesar el invierno que en Canarias no tenemos, ha generado una seria competencia por ver quién suministra, contra reloj, pues el invierno ya está aquí, el gas que Putin podría terminar de cortar, o vender a precio de platino.

En la vida pocas cosas son casuales y sí causales, y que Washington, que históricamente ha sido conservador a la hora de exportar sus recursos naturales, pero no sus armas, ahora se haya ofrecido para suplir el déficit de gas ruso a Europa occidental es cualquier cosa menos casual.

Más allá de no querer ver las responsabilidades norteamericanas de lo que ocurre en Ucrania, producto de su incesante empeño de empujar la OTAN hacia el vientre blando ruso del Mar negro, de la injustificable agresión rusa, y de la ya indisimulable «necesidad» de la economía made in USA de crecer a base de los desastres en Europa en forma de dos guerras mundiales, lo cierto es que vivimos una lucha sin cuartel por ver quién llena el depósito de gas antes de navidad.

Solo Alá sabe lo que la hábil inteligencia marroquí se encontró en el móvil de Pedro Sánchez para que con nocturnidad y alevosía, también con aires de caudillo, se precipitara a reconocer la soberanía de Rabat sobre el Sáhara Occidental. La reacción inmediata fue que Argelia, gran suministrador de gas natural a España, se puso de perfil y dio prioridad a los pagadores franco-italianos, debiendo ahora París arreglar lo que Pedro Sánchez, ¿quizás para tapar su móvil?, armó poniendo en jaque el suministro de gas a parte de Europa meridional, e incrementando la factura que Argelia cobraba a España.

Los ganadores del sainete, y de la torpeza del gobierno español, no son otros que las empresas energéticas norteamericanas y los brokers de los armadores de buques gaseros LNG. La guerra del gas se libra silenciosamente, suena a metáfora de ventosidad, me van a perdonar la impertinencia, pero así es. Los estados- energéticas negocian los fletes del gas ya embarcado en buques a ver quién es el mejor pagador para poner rumbo al puerto de descarga. Esto beneficia a las grandes multinacionales de la energía, a los armadores, y de ninguna manera al consumidor, que es quien recibe en su factura el resultado de esta complicada matriz de variables.

Esos buques verdes que suelen visitar las aguas próximas a Tenerife pertenecen a la Nigeria LNG Limited. Una empresa estatal nigeriana con diversas participaciones, dedicada a la exportación de gas natural licuado. La visita del presidente nigeriano a España el pasado verano fue de nuevo cualquier cosa menos casual pues se buscaba, a la desesperada, alternativas al gas argelino.

Hasta septiembre, el volumen del gas procedente de Argelia se ha visto drásticamente reducido gracias a [solo el CNI sabe por qué] que Sánchez se encamó con Marruecos en la delicada cuestión del Sáhara Occidental. El gas argelino llegaba a España de dos maneras, bien por el gasoducto submarino Medgaz, que une Argelia con Almería, o atravesando Marruecos, de ahí lo delicado de la cuestión saharaui siendo Argelia enemigo histórico de Marruecos y gran valedor del Polisario. Torpeza histórica el bandazo de Pedro Sánchez respecto al Sáhara con drásticas consecuencias energéticas.

El gas que cómodamente llegaba por medio de gasoductos debería ahora ser sustituido por un goteo de buques metaneros que lo transporten desde las terminales estadounidenses y nigerianas, lo cual significa un periplo medio de unos doce y diez días respectivamente hasta arribar a las plantas regasificadoras de España en Murgados, Huelva, o Bilbao.

¿Y qué fue de aquella elucubración de Coalición Canaria para una planta regasificadora en el mamotreto puerto fantasma de Granadilla para rodar Walking Dead?

El viaje de un buque LNG desde su terminal de carga en Bonny, Nigeria, hasta Murgados en Galicia, con su habitual escala en Tenerife, conlleva unos diez o doce días de navegación aproximadamente. Algunos de ellos, cargados, y a la espera de órdenes para proceder a destino, quedan al sur de Tenerife durante varios días al pairo esperando que el broker logre el mejor pago del flete con los picos del mercado. El gas flotante se paga al precio que cotiza en el momento de la firma, o a uno ya establecido.

España, siendo el país con más kilómetros de costa de Europa, sigue siendo un país de borricos y molinos. Un enano marítimo, siendo apenas 13 los buques LNG, más cuatro en construcción para ser fletados al grupo noruego Knutsen, que tienen algún tipo de relación con armadores nacionales. Del total, solo el LNG Ravenna Knutsen estaría registrado con bandera española en Santa Cruz de Tenerife ergo el resto navega bajo pabellones de conveniencia. Eso significa tener que acudir al voraz y salvaje oeste de los fletes internacionales, donde impera la ley del mejor pagador. No se dejen engañar por la gran mentira de que el gas argelino se sustituye con barcos, pues el precio se dispara y de esa invención, estas facturas.

@Springbok1973

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