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José María Lizundia

La economía especulativa ahora es ideológica

Es una vieja tradición que en situaciones económicas no boyantes los presidentes de gobierno (de progreso), como el estadista Zapatero y Pedro Sánchez, empleen los tributos de los españoles para vistosos y sorprendentes actos de solidaridad marcadamente ideológicos.

El actual embajador del chavismo, del Grupo de Puebla y la izquierda latinoamericana –en las democracias occidentales, en sus universidades, foros, tribunas no se le espera– Zapatero, fue extraordinariamente generoso con Naciones Unidas, con sus políticas de la mujer. Siempre la pancarta ideológica. El hambre, los niños, las escuelas, no construyen ideario/programa. Donó 700 millones de euros extraídos de los bolsillos de los españoles. Gracias a esa contribución tan destacada instaló en NNUU a Bibiana Aido, exministra, hija de un cargo municipal socialista en Andalucía, que elogió su sonrisa y ¡zas! Zapatero le pidió el teléfono y la hizo ministra, lo cuenta el periodista Santiago González en Lágrimas socialdemócratas. Ocurrió cuando los recortes drásticos de salarios en funcionarios y otras contracciones, y después de que Merkel, Obama y Xi Jinping le llamaran alarmados por la deriva (una derrota a la quiebra) de sus gobiernos. La realidad siempre es inferior, más grosera y material que la ideología, que resulta mucho menos engorrosa y jamás arroja resultados ruinosos. Nuestra izquierda extractiva, que ha consagrado a la propaganda ideológica partidas sustraídas de mejores inversiones productivas, pregona una ecuación aritmética exacta por su sencillez, abstracción como infalibilidad: la sanidad, educación y servicios sociales solo pueden ser financiados con los impuestos. De igual forma que la salvación eterna solo es posible por la gracia de dios. Pudiera ocurrir que las exacciones fiscales no fueran suficientes nunca, y por eso emitiese el Estado deuda pública, y a la vez pudiera acaecer que eso indefectiblemente generase déficit público, con el engorro de tener que devolverlo, aunque aplazada con intereses. Esa simplificación permite resguardar el despilfarro para sí, más inmoral habido, de un gobierno sin escrúpulos, de psicópata.

Mientras que la supresión del impuesto de patrimonio en Andalucía –tras una historia de herencias renunciadas– representa una reducción en los ingresos autonómicos de 90 millones, Sánchez, de viaje a Nueva York, se permite donar 130 millones a una fundación que preside Bill Gates, ideológicamente impecable (desarrollo sostenible), idónea para imagen y desgravaciones de multimillonarios que no tocan recursos públicos de ningún Estado.

Hubo un tiempo no tan lejano en que las brigadas de progreso clamaban contra la economía especulativa en favor de economías productivas. La economía especulativa ha metamorfoseado su nombre y a la industrial se le puede dar por desaparecida. Se está comprobando que no hay nada más especulativo que las ideológicas, con sus locas partidas publicitarias.

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