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Jorge Bethencourt

EL RECORTE

Jorge Bethencourt

Las hogueras de las vanidades

Tres años sin recoger la pinocha ha dejado el bosque político en Canarias cargado como una bomba. Cualquier chispa puede desatar un siniestro. Y como estamos afilando los cuchillos electorales, los fuegos del cabreo prenden por todas partes.

Mientras las islas se dirigen hacia un nuevo invierno de calamidades, los que gobiernan y los que quieren gobernar se abisman en un enfrentamiento incendiario, plagado de violencia verbal y descalificaciones. Y al pacto de gobierno, de flores tan secas hoy como el desierto de Gobi, le empiezan a reventar las costuras, conforme la inquietud hace que cada partido empiece a jugar sus propias cartas populistas, para colocarse en la foto electoral.

Y todo esto será aún peor. Cuando a alguien se le ocurra denunciar que el partido antes llamado Nueva Canarias sigue utilizando los mismos logos, la misma sede y los mismos medios que tenía –ya hay quien con mala baba está coleccionando documentos de la cosa– subirá aún más la bilirrubina. Al Gobierno canario, en la recta final de un mandato plagado de desdichas, le están creciendo los enanos de la oposición. Y la ola, la maldita ola peninsular, se va levantando en el horizonte, cada vez más alta, con el PP navegando en la cresta. Vaya nervios.

La oposición también sube los decibelios de la crispación. Y aquí ya no hay fútbol, sino rugby. Una melé llena de sudorosos codazos y mala leche donde comprarse unos sillones es un suicidio y proponer un sueldo para los expresidentes es pedir una eutanasia política.

Canarias está viviendo hoy, en gran medida, de los fondos extraordinarios que han llegado de Europa para dopar a España. La economía no va bien. Es tan falso hoy como ha sido siempre. Las penurias del modelo canario de éxito no han cambiado y por eso seguimos teniendo la misma economía sumergida, el mismo paro y la misma ruinosa balanza comercial. Lo único que crece en las islas es la grasa de las administraciones públicas, que siguen funcionando mal a pesar de tener más recursos y más financiación año tras año.

Si la crisis energética y la glaciación económica de Europa estalla este próximo invierno, el fuego electoral que vivimos no servirá para calentarnos, sino para quemar en él las esperanzas de encontrar en esta tierra gente sensata y responsable que sepa administrar con austeridad y cordura nuestras miserias pasadas, presentes y futuras.

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