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ALGO ASÍ

Alimentación de diabéticos y zánganos desaprensivos

Uno tiene que reconocer sus errores y manifestarlos. Endocrinos y médicos de cabecera son los mejores preparados para aconsejar qué hacer con esta pandemia y, expresamente con la alimentación. Últimamente veo muchas publicaciones en redes sociales recomendando apetitosos desayunos, almuerzos o cenas, platos bien estudiados por los especialistas culinarios que de sabrosos tienen poco y que agrian el carácter de cualquier enfermo hasta hacernos insoportables.

Esta enfermedad sigue siendo desaprensiva, duradera y mortal en muchos casos, por eso la denomino asesina silenciosa. Cuando menos lo esperas, incluso teniendo tus constantes vitales correctas, aparece un súbito infarto que te manda al otro barrio. Por eso son muchas las personas que informan constantemente de las dificultades que presenta la enfermedad, especialistas sanitarios, nutricionistas y asociaciones como ADT, Asociación Diabéticos de Tenerife. Le aconsejarán bien lo que no debe hacer, pero la lista de alimentos que deben evitar será de varios folios y la de los adecuados, una simple cuartilla. Mucho verde, cuantas más verduras verdes y ensaladas coma, mejor y, aunque debe ser cada uno quien cuide su cuerpo, se sentirá siempre como una cobaya.

En mi vida diaria intento cuidar lo que como, a veces me pongo un cuernito, pero lo que menos me gusta del tratamiento son los medicamentos, once en total todos los días, pero hay que seguir los consejos del doctor porque todos son vitales y necesarios aunque la analítica diga lo contrario. A veces hay que descubrir por uno mismo qué no es conveniente. El otro día nos regalaron unos mangos muy apetitosos e ideales por su fibra. Al día siguiente, zas, 133 en ayunas. Me pasó también con unos higos y brevas. Hay alimentos que bajan rápidamente la glucosa en sangre, pero a mí hasta una cucharada de vinagre de sidra es un mal trago.

Mientras sigo indagando sobre mejores informaciones o la ansiada curación y erradicación de la enfermedad, les pido que se cuiden, que se dejen aconsejar por los especialistas, que no se lleven por publicaciones de gente que no es profesional del sector o por qué les va bien a otros enfermos. Cada paciente es singular, a unos ataca de una manera a otros distinto y es igual para la medicación, lo que te sirve a ti no le vale a tu primo, es otra de las peculiaridades que lleva consigo la enfermedad.

Ahora voy con los zánganos y desaprensivos, esos individuos que, aparte de mal educados, son unos groseros de tomo y lomo. En el tranvía se sientan y ocupan el asiento de enfrente con sus sucios tenis, no se cortan aunque alguien los reprenda. Les da todo igual y no se dan cuentan que van dejando rastro de la suciedad pegada en las suelas por donde han pasado caminando. Te quieres sentar y da asco solo de pensarlo. Me pregunto qué se llevarán impregnado en los muslos esas jovencitas con pantalones tan cortos. Parece que les importa un bledo, no son capaces de levantarse y dejar el sitio para una persona con problemas de movilidad. En mis tiempos eso era mala educación y mi madre, con nueve hijos, cuando alguno hacía algo desproporcionado, utilizaba el cholazo con puntería milimétrica como medida reprobatoria, si no funcionaba, siempre quedaba un cogotazo con el que jamás fallaba. Ahora los padres son demasiado progresistas, no digo que haya que solucionar los problemas a golpes, pero el castigo tiene que existir aunque los progresistas pongan el grito en el cielo e intenten prohibirlo a base de leyes absurdas. Al final la solución siempre será la multa o poner un cartelito que diga: prohibido poner tus cochinas patas en el asiento de enfrente. Muchos son los viajeros que se quejan a los que los administradores responden que las quejas se hagan por escrito. Yo les digo a esos administradores que se vayan a hacer puñetas.

El Cabildo tenía en el Barranco Santos, cerca del puente Serrador, un centro de día para mayores donde podías pasar tus ratos de ocio, hablar con otros jubilados e incluso comer un menú de dos platos y postre con bebida por 5 euros. Por lo visto lo cerraron por obras y cogió la pandemia en medio, así que, lamentablemente, otro lugar cerrado a cal y canto para nosotros. Con Dios.

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