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Mary Cejudo

El metaverso (con perdón)

Tratan de explicarme el asunto metaverso que, dicen, cambiará la rutina hasta extremos irreconocibles y, mientras, en lo que yo pienso es lo afortunada que sería si, ya por la edad, no tuviese que vérmelas con ese supuesto avance tecnológico del que los optimistas presumen transformará el mundo virtual acercándolo a lo cotidiano y así, servirnos de ello. O sea, vivir, aún más, en el interior de un simulador de parque temático.

Aunque la realidad, cabezota ella, insista en demostrarme que ya casi rozamos ese universo imaginario. Si no ¿cómo es posible que dos ministras, bastante ñoñas para lo que yo espero de tal cargo, se abracen como parvularias en fin de curso porque una ley ha sido aprobada?; ¿cómo puede ser noticia de cabecera en todos los medios que un decrépito emérito simule participar en una competición deportiva?; ¿durante cuánto tiempo soportaremos el tostón del procés catalán o las deposiciones en forma de audios de corruptos, en una jerga que ni entendemos? Todos esos despropósitos artificiales y más no pueden ser sino lugares habitados por avatares, moviéndose en su absurda ficción y, mientras, cada uno de nosotros, haciendo frente a problemas que se alargan en el tiempo, a teléfonos que nadie descuelga, a la obligatoriedad de citas imposibles de conseguir… a que cualquier asunto cotidiano a resolver sea como participar en una especie de juego de azar donde dependes del que te encuentres enfrente, del funcionario o del empleado o del dependiente que te haya tocado en suerte (o en desgracia).

Por eso, no creo que sintamos empatía con ese metaverso. Lo percibiremos más cercano a Darth Vader que a Yoda, y nos traerá aún más preocupaciones y disgustos. Así que la única solución será huir. Metafóricamente hablando, claro, aunque quisiéramos hacerlo de manera real. Subiéndonos a esa nube fantástica que es escuchar a la magnífica Orquesta Suisse Romande, dirigida por Daniel Harding (que, según cotilleos melómanos, será su director residente hasta finales de la temporada 2023), con la primera de Mahler. Y si no se es de tales estallidos melódicos, probemos a comprar lo último del dúo Millás/Arzuaga sobre la muerte contada por un sapiens y si el dinero no nos alcanza para semejante placer, vayamos a esa nueva librería de segunda mano, en la calle Imeldo Serís, donde por entre 2 y 3 euros podemos elegir de una amplísima selección. Paremos el mundo para que el tiempo sea solo ilusión. Volver a la perdida sensación de que, estando despierta, la mente puede soñar algo que los ojos no ven, dejando flotar las preocupaciones hacia su deriva, las presiones que constituyen las coordenadas de nuestra vida, quedándonos solamente con aquel mantra oriental de no mentir, no aprovecharse del débil y ayudar a levantar al que cae. Sí, puede que así cada uno de nosotros se forme su propio y feliz metaverso. Aunque sea a ratitos.

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