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Joaquín Rábago

Un conocido ensayista indio considera «excesivas» las sanciones a Rusia, además de lesivas para el Tercer Mundo

Resulta muchas veces aleccionador conocer lo que opinan los intelectuales del llamado Sur global acerca de lo que sucede en nuestra parte del mundo, sobre todo porque creemos erróneamente que todos deben sentir y pensar como nosotros.

Tal es el caso del conocido ensayista y novelista indio Pakaj Mishra, que concedió una enjundiosa entrevista al semanario alemán Der Spiegel, una de las publicaciones alemanas más beligerantes contra Rusia por su invasión de Ucrania.

Mishra considera inapropiada la comparación que han hecho muchos políticos y periodistas entre «Putin, Hitler, y la fracasada política de apaciguamiento» del Tercer Reich que asociamos a la figura del británico Neville Chamberlain.

Para el ensayista indio, la reacción de la OTAN a la guerra de Ucrania tiene más bien que ver con la que se produjo a raíz de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos.

La guerra antiterrorista emprendida entonces por Washington y sus aliados resultó, como hoy sabemos, en «derrotas y humillaciones» y en la «ruina política» de muchas partes del mundo, afirma el autor de Fanáticos Insulsos.

Como entonces, la reacción actual de Occidente a la invasión rusa de Ucrania es «muy extrema» y sus repercusiones no se limitan a Rusia y a los países de esa región y los europeos, sino que tiene también fuerte impacto en otros que quedan muy lejos.

«¿Qué ocurre? –se pregunta Mishra– con los países que dependen de Rusia para la energía y la alimentación? ¿Va a estar Rusia por siempre proscrita? ¿Derrocarán los rusos a Putin y elegirán en su lugar a un líder aún más extremista?».

«Occidente –agrega el ensayista– manda una señal al mundo de que puede utilizar su dominio de la globalización para afianzar su hegemonía».

«Y esa señal va dirigida también a países como China o la India, a las que da motivos para convertirse en fortalezas digitales, restringir la influencia exterior y expulsar a los medios occidentales».

Ese «patrón de pensamiento propio de la Guerra Fría- democracia versus autocracia –como dice el presidente de EEUU, Joe Biden– resulta engañoso. Crea la impresión de que sólo hay dos bloques cuando en realidad el mundo está interconectado».

«Al castigar a Rusia, castigáis también sin quererlo a muchos otros países que son para colmo más pobres; fomentáis la paranoia y animáis a los autócratas a seguir precisamente el camino que está siguiendo China. ¿Habéis pensado en todas las consecuencias?», pregunta Mishra a quienes en Occidente sólo hablan de seguir armando a Ucrania para debilitar a Rusia.

En el siglo XX hubo ya dos guerras catastróficas, pero esa opción ya no existe, opina Mishra, en un momento en que muchos de los países emergentes disponen también del arma atómica.

Mishra coincide con otros raros analistas en que Putin comenzó su carrera política como westernizer (es decir, admirador y promotor de Occidente), y sólo con el tiempo se convirtió en un típico guerrero frío.

«Lo mismo cabe decir de China, que pensaba así: Somos parte del orden mundial creado por Occidente, y vamos a aprovecharlo. Dejaremos que entre capital occidental e invertiremos allí al mismo tiempo».

Pero con el tiempo se fue afianzando también en China «la sospecha de que la globalización no era para Occidente sino un medio con el que asegurar su hegemonía», agrega el pensador indio.

Mishra no cree, como el politólogo estadounidense Francis Fukuyama, que la resistencia de Ucrania sea «el renacimiento del espíritu de 1989» y su fe en el triunfo del orden mundial liberal.

«Yo veo el mundo como es en realidad, aun a riesgo de que se me tache de pesimista», señala Mishra, que añade: «Desde hace ya treinta años venimos escuchando que la democracia liberal de Occidente es el modelo definitivo, que terminará aceptando la mayoría de las sociedades aunque tal autocomplacencia no la corraboren los hechos».

«Apuesto», añade, «a que muchos no saben que en la India de Modi (el actual primer ministro) se ha destruido la autonomía de Cachemira que garantiza la Constitución. Nada se oye de eso en Occidente y por supuesto nada se ha hecho para evitarlo», se queja el escritor.

Y agrega: «Ésa es sólo una de las numerosas contradicciones. ¿A dónde irán ahora los países occidentales tras boicotear el petróleo ruso? ¿A Venezuela y Arabia Saudí? Mucha gente en el sur global está ya indignada por el hecho de que el rico Occidente haya acaparado las vacunas (contra el coronavirus)».

«Su actitud moralizadora se revela de pronto como hipócrita y huera, lo que alienta –sentencia Mishra–, las opiniones antioccidentales en los países más pobres».

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