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Casa de Su Majestad el Rey Felipe VI: 'Casa' desolada ante la agenda 'privada' de Juan Carlos I

El rey emérito Juan Carlos I es recibido por el alcalde de Sanxenxo, Telmo Martín.

Si el 'Rey Lear' (William Shakespeare, 1608) expresa profundo odio a sus hijas Gonerilda y Regania (acto 2 escena 4 de 'La tragedia del rey Lear'), las define como “brujas antinaturales” y las desheredará, Juan Carlos I, en cambio, cuenta con las infantas Elena y Cristina como su gran apoyo. Y aunque el Rey Emérito, como decía Lear, no llorará aun cuando siente que tiene razones para ello, y su corazón se romperá en mil piezas, según advertía, antes de caer en el llanto, al tiempo, reconocía, que todo lo que podía hacer era desahogarse a la hora de imponer su autoridad para descubrir a continuación que era impotente. 

Este 'desahogo leariano-juancarlista' es el que parece haber predominado en la decisión del Emérito de ser el protagonista de lo que podría llamarse la producción en Sanxenxo del 'episodio Borbón-Bribón', es decir, la presencia de Juan Carlos I en el velero Bribón con motivo de la regata del IV Circuito Copa de España 2022, primer paso para competir, el 10-18 de junio, en el Campeonado del Mundo de Vela de la Clase 6 metros.

Juan Carlos I, como hizo Lear con sus hijas Gonderila y Regania, ha 'desheredado' a Felipe VI. Es un hecho. Es lo que, en agosto de 2018, pregunta el fiscal suizo Yves Bertossa al abogado que ha redactado el documento de “donación irrevocable” de 100 millones de dólares (64,8 millones de euros) en junio de 2012 por parte del rey a su examante Corinna zu Sayn-Wittgenstein.Dante Canonica, el abogado, contesta: "Podía hacerlo. Ignoro si su hijo lo sabía".

A continuación, Canonica explica que un cambio en la legislación de 2012 obligaba a Suiza a dar más información de carácter fiscal a los países de la Unión Europea, y que la cuenta número 505523 de la fundación panameña Lucum, cuyos beneficiarios eran Juan Carlos I y Felipe de Borbón en el Banco Mirabaud de Ginebra, era, según sus conversaciones con el entonces rey de España “una bomba de relojería”. 

En otros términos, que poner el dinero a nombre de Corinna era una manera de preservarlo. Un dinero que a partir de septiembre de 2014 intentará recuperar por todos los medios a su alcance. 

 ¡Ay con “las angustias de un mal pagado amor”! (Hamlet III acto, escena I)

Basta imaginar la explosión de esa bomba -es decir, su conocimiento público- cuando Juan Carlos I era rey y jefe de Estado.

No es ficción. Ello pudo ocurrir en 2009, cuando los policías José Luis Olivera, entonces jefe de la UDEF (Unidad de Delincuencia Económica y Financiera), y el responsable de los informes del 'caso Gürtel', Manuel Morocho, se presentaron en las oficinas de Rhône Gestion, en Boulevard Georges-Favon 2, Ginebra, para recoger documentos de esa causa.

Porque Juan Carlos I, titular de la cuenta de la fundación panameña Lucum, y Francisco Correa, beneficiario de la cuenta de Golden Chain Properties, también panameña, compartían, como muchas fortunas españolas que evadían dinero del fisco español, al mismo gestor: Arturo Gianfranco Fasana.  Fue él quien desarrolló una clientela importante de ricos en España que llevaron dinero que ocultaban a Suiza.

Olivera y Morocho olisquearon. Pero no pudieron acceder a la carpeta de la cuenta 'Soleado' en poder de Fasana. Porque se trataba de una comisión rogatoria para obtener información sobre 'Gürtel'.

Sobre esa decisión anterior de Juan Carlos de desheredar a su hijo Felipe, Bertossa dixit, añadió el rey Felipe VI, el 15 de marzo 2015, su anuncio sobre su decisión de “renunciar a la herencia que personalmente le pudiera corresponder, así como a cualquier activo, inversión o estructura financiera cuyo origen, características o finalidad puedan no estar en consonancia con la legalidad o con los criterios de rectitud e integridad que rigen su actividad institucional y privada que deben informar la actividad de la Corona”.

Tras el encuentro de carácter privado que tendrá lugar este lunes 23 de mayo en el Palacio de la Zarzuela, en la que participarán el rey Felipe VI y la reina Sofía, de regreso de un viaje relámpago, de jueves a domingo, a Miami, Juan Carlos I regresará enseguida a Abu Dabi en el jet privado, al parecer cortesía de su amigo el príncipe heredero de Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Zayed Al Nahayan. 

El emérito afronta una semana en la que vence el plazo para que su defensa en Londres solicite permiso a la Corte de Apelaciones del Tribunal Superior de Justicia de Inglaterra y Gales, en orden a presentar un recurso contra la sentencia del juez Matthew Nicklin, que rechazó su inmunidad ante la demanda de su examante Corinna zu Saun-Wittgenstein (presuntos actos de acoso, seguimiento ilegal y difamación) el pasado 24 de marzo. Y que le denegó, el 29 de marzo, la autorización a recurrir en súplica contra su propia sentencia por estimar que su defensa solo buscar retrasar la investigación de los hechos.

Asimismo, los abogados de Juan Carlos y su examante llegaron a un pacto, el citado 29 de marzo, por el cual el emérito debía depositar preventivamente, al perder la batalla jurídica de la inmunidad, 230.000 libras esterlinas (271.900 euros) también en el mes de mayo.

La desolación de la Casa de Su Majestad el Rey ante la una visita de Juan Carlos I destinada a marcar su territorio, o expresión de cierta venganza, tras su autodestierro de veintidós meses en Abu Dabi, también refleja la inquietud ante el procedimiento civil en la justicia británica.

Porque a diferencia de Suiza y España --jurisdicciones en las que las presuntas irregularidades no llegaron a la justicia ya que fueron archivadas por la fiscalía helvética y española, está última con la bendición de la Agencia Tributaria--, en Londres la causa civil de acoso -que también es un delito penal- sí está, aunque en fase de cuestiones previas, en proceso de investigación judicial.

 Y bien sabe la Casa de Su Majestad Felipe VI que la causa londinense reúne, por las intimidades de la relación Juan Carlos I-Corinna, más morbo que todas las demás.

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