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Juan J. Pérez Piqueras

¿Qué ocurre en el Sahel Occidental?

Mali, que está considerada por diversos analistas como «la clave» para la estabilidad y seguridad del Sahel Occidental, concentra en la actualidad todos los problemas de la región: luchas tribales, desgobierno, pobreza (por la pandemia del Covid y cambio climático), terrorismo yihadista, mercenarios rusos del Grupo Wagner y el crimen organizado, que explota el tráfico ilegal de drogas, armas y seres humanos.

La creciente inseguridad en esta región y su repercusión en los países vecinos del Magreb, en especial en Mauritania, Marruecos y Argelia, nuestros vecinos más próximos, tiene antecedentes históricos por problemas entre grupos rebeldes tuaregs y el gobierno de Mali.

La crisis actual surge hace más de diez años, en marzo de 2012, coincidiendo con los movimientos revolucionarios populares que vino en llamarse la «primavera árabe», cuando se produce un golpe de Estado del ejército maliense contra su Gobierno al considerar que este no había hecho frente con eficacia a la nueva rebelión de los independentistas tuaregs en el norte del país, donde fundaron el MNLA (Movimiento Nacional de Liberación de Azawad), aprovechado después por diversas milicias yihadistas que operaban en la zona, cercanas a Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), muy activo entonces en su vecina Argelia, consolidando una base operativa del islamismo salafista y de sus grupos satélites.

Por su parte, el otro grupo salafista, el Daehs o Estado Islámico, aparece en Libia cuatro años más tarde de la caída de Gadafi. En 2015 milicias procedentes de Irak y Siria llegan a la costa mediterránea y toman las ciudades Derna y Sirte, haciéndose fuerte en esta última, ciudad natal de Gadafi, donde vino aplicando el rigor y la barbarie de su interpretación de la sharía (ley islámica). Un año más tarde son expulsadas y se trasladan al sur, zona del Sahel, donde encuentran un buen refugio, una zona abandonada en un país que hoy sigue considerado como «estado fallido». Aquí, ambas milicias, tanto de AQMI como el Daehs buscan nuevas fuentes de financiación, por lo que luchan por ocupar zonas con grandes recursos naturales en las extensas fronteras de Chad, Niger y el sur de Argelia. Y continúan, además, en su lucha fratricida por liderar el yihadismo global.

Dos años más tarde, consumada la derrota militar del Daesh en Irak y Siria en 2017, yihadistas ya asentados en el norte de Mali ven reforzada su capacidad al incorporarse nuevos combatientes experimentados, huidos de aquella guerra con sus armas, fortaleciendo en gran medida su poder. Es por ello que algunos analistas profesionales afirman que la solución de la estabilidad del Sahel vendrá una vez se consiga la de Libia, pues es el camino directo de la entrada del yihadismo en esta zona.

Pero Libia no parece llegar a la estabilidad deseada. Y no es fácil. Sigue siendo un país destruido, inmerso en una guerra civil entre una diversidad de tribus y dos gobiernos enfrentados por conseguir la legitimidad en un conflicto secular, una sociedad heterogénea con diferencias históricas entre sus provincias, Tripolitania, la occidental con capital en Trípoli, y Cirenaica, la oriental, en Bengasi, con el Parlamento en Tobruk y el reconocimiento y apoyo de las naciones occidentales. El gran problema es que permanece este desencuentro a pesar de la reciente intervención de la ONU, que ha fracasado nuevamente en celebrar elecciones legislativas y presidenciales el 24 de diciembre pasado. Vemos pues que una solución a través de una Libia estabilizada por ahora no parece llegar.

Y han pasado ya más de diez años donde la comunidad internacional ha participado en Mali y parte del Sahel Occidental con diversas misiones de ámbito militar y civil, de formación y adiestramiento de sus ejércitos y fuerzas de seguridad y, por supuesto, a su desarrollo económico y la gobernanza de sus estados.

Pero en estos dos últimos años la situación ha cambiado 180 grados. Las relaciones entre Mali y Francia se han ido deteriorando desde que en agosto de 2020 un golpe de Estado del coronel Goíta a su Gobierno, destituyendo a su presidente, y un segundo golpe liderado también por el mismo coronel, en mayo de 2021, vinieron a frustrar la transición democrática prometida, que fue la causa principal para que el presidente francés Macron anunciara la retirada de los medios militares desplegados allí, en Mali.

Sin embargo, Macron ha reiterado que la lucha contra el terrorismo en el Sahel continúa y que Francia y los socios europeos siguen comprometidos en la región. Así mismo, ha afirmado que existe un consenso sobre las modalidades de actuar a partir de ahora, basado en: «implicar en mayor medida a los países vecinos del Sahel, particularmente los del Golfo de Guinea, con especial implementación de la Iniciativa de Accra (la ayuda sobre la Financiación para el Desarrollo); poner a la población civil en el centro de las estrategias y que la acción militar sea complementaria; transformar la presencia militar (por la desfavorable evolución de las expectativas de países del Sahel); y la inviabilidad de continuar con el compromiso militar en países en donde no se comparte ni la estrategia ni los objetivos ocultos, en una clara referencia a Mali y el apoyo de los mercenarios rusos del Grupo Wagner». Este proceso estará coordinado con las fuerzas armadas malienses y con la misión de la ONU en Mali, que tendrá una duración, en principio, de unos seis meses.

España, por otra parte, viene contribuyendo con despliegue de fuerzas desde abril de 2013, y desde entonces ha asumido en tres ocasiones el mando de estas misiones. La última vez fue durante el primer semestre del año pasado.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha reconocido los logros de la misión europea EUTEM-Mali, de adiestramiento de las fuerzas malienses, donde participamos, y en EUCAP-Sahel-Mali y Sahel-Níger, ambas en apoyo en la formación y capacitación de las fuerzas nacionales de seguridad. También contribuimos a la Misión de Naciones Unidas para Mali (MINUSMA) y, además, despliega el Destacamento Aéreo Marfil en Senegal, para prestar apoyo aéreo a las misiones francesas, europeas y de las Naciones Unidas.

Por último, recordar que el Sahel Occidental es la retaguardia del Magreb, países muy cercanos a nosotros, y su estabilidad y seguridad será la nuestra.

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