Suscríbete

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Francisco Pomares

Manual de resistencia

Este lunes -9 de mayo-, Felipe Sicilia, portavoz de la Ejecutiva del PSOE se refería a una posible destitución de Paz Esteban. «No hay ni una sola información, ni una sola noticia que pueda poner en cuestión el trabajo que ha podido venir desarrollando la directora del CNI. Por tanto, si sigue en su puesto, es porque hay confianza en el trabajo que está realizando». Menos de 24 horas después, ayer -10 de mayo-, la ministra de Defensa, Margarita Robles, anunciaba la decisión del Gobierno de prescindir de los servicios de la directora del Centro Nacional de Inteligencia con un juego floral: «sustituimos a una funcionaria del Centro por otra. No es una destitución, es una sustitución». Robles ha acabado por entregar la cabeza de una empleada del Gobierno, que hizo el trabajo que el Gobierno le encomendó, para intentar salvar su propio trasero. Hoy nada hace pensar que las exigencias de los indepes catalanes, que siguen pidiendo a Sánchez la cabeza de la ministra, vayan a cumplirse. Al menos en los próximos días, porque ya se sabe que este Gobierno puede cambiar de criterio con extrema facilidad y siempre a beneficio propio. En el embate, Robles le ha ganado el pulso al ministro Bolaños, logrando colocar en el puesto de Paz Esteban a una mujer de su absoluta y total confianza, Esperanza Casteleiro, secretaria de Estado en su ministerio, que vuelve al Centro, una institución que conoce perfectamente. Se trata de una victoria para Robles, y así lo han entendido los líderes de ERC, que han bajado el tono, aunque formalmente continúen exigiendo que el Gobierno asuma su responsabilidad a nivel ministerial.

En medio de este vergonzoso sainete, seguimos sin saber por qué se ha cesado a Esteban: ¿por espiar a los que persiguen la secesión de una parte del territorio nacional? No parece lógico, la defensa del orden constitucional es una de las funciones que se atribuye a la inteligencia en la Estrategia de Seguridad Nacional. ¿Por permitir que Marruecos infectara con Pegasus el teléfono del Presidente? No creo que sea por eso, dado que el candidato inicial para cubrir la vacante de Esteban ha sido nada más y nada menos que el responsable directo de los teléfonos de Sánchez, el general Miguel Ángel Ballesteros, director general del Departamento de Seguridad, adscrito a Presidencia del Gobierno. Robles ha logrado evitar ese nombramiento, a cambio de colaborar con la defenestración de la mujer a la que defendió a capa y espada hasta el fin de semana pasado. En realidad, no hay una explicación plausible ni aceptable para este cese. A la directora de la Inteligencia española se la ha cesado por una razón tan obvia como imposible de aceptar: para satisfacer a los socios espiados por el Gobierno, y permitir la continuidad de Sánchez como presidente. Había que darles algo, se les ha explicado que no podían ser la ministra o Marlaska y se ha optado por entregarles –simbólicamente– la cabeza de la funcionaria que encarna la defensa del Estado.

Y lo peor no es esa componenda, sino las justificaciones en sordina que emanan de Moncloa a través de sus órganos oficiosos: Paz Esteban lo hizo mal, Paz Esteban no consultó lo que hacía, Paz Esteban investigó a Aragonés sin pedir permiso, el Centro Nacional de Inteligencia ha actuado por su cuenta al espiar a personas «por sus ideas políticas…» Argumentos mamarrachos de un equipo político que se deslegitima más cada día que pasa. Después de castigar al CNI por hacer el trabajo que tiene que hacer, descabezándolo, lo que queda es la sensación de que ninguna institución del país está a salvo de esta tropa de feriantes formada en el manual de resistencia del presidente Sánchez. El Gobierno no señala a Marruecos por el espionaje de los móviles de sus ministros, pero defenestra a Paz Esteban por el espionaje –legal, aprobado y vigilado por los jueces– de los socios y conmilitones del Gobierno. Al Gobierno le incomoda que se espíe a quienes incendiaron Cataluña, cerraron carreteras y fronteras y bloquearon aeropuertos, tras fracasar el intento de instaurar la república catalana, pero no le preocupa que Marruecos se cuele en los teléfonos del presidente Sánchez.

Pues a mí sí me preocupa. Me preocupa mucho más si después de que ocurra eso, inopinadamente, Sánchez decide despreciar, sin consultarlo con nadie –ni siquiera con su propio Gobierno– décadas de política exterior española en relación con la descolonización del Sahara. Alguien debería aclararnos si existe alguna relación entre el espionaje marroquí de los teléfonos de Sánchez (y sus ministros) y la repentina coincidencia de Sánchez con las pretensiones de Marruecos. Porque si algo nos va quedando claro es que este presidente, por resistir, es capaz de todo.

Compartir el artículo

stats