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Las viñetas de la historia

Este fin de semana Barcelona se convierte en la capital del cómic, un mundo que en los últimos años ha ganado dinamismo y popularidad. Lejos queda ese tiempo en que los tebeos eran cosa solo de chiquilladas; o que los únicos adultos que los leían eran o peterpans que seguían enganchados a las aventuras de Astérix, Tintín y los superhéroes o directamente eso que ahora todo el mundo llama frikis.

Las viñetas de la historia

A diferencia del cine, que ha conseguido reivindicar y poner en valor sus orígenes (más o menos a todos nos es familiar el nombre de los hermanos Lumière, por ejemplo), en el arte secuencial, tal y como lo definió el mítico dibujante Will Eisner, aún le queda camino por recorrer.

Cabe decir que la idea de utilizar ilustraciones para narrar una historia es antiquísima. Hay que tener en cuenta que la alfabetización no se generalizó hasta mediados del siglo XIX y, por tanto, cuando se quería contar algo, lo más eficaz era servirse de los dibujos. Costaría encontrar alguna civilización, por antigua que fuera, que no lo hubiera hecho. Empezando por el arte prehistórico. Las cuevas están llenas de dibujos de animales de todo tipo y algunas veces, por la forma en que están representados se intuye que seguramente explicaban algo. También podría mencionarse el caso de los jeroglíficos egipcios o cómo el emperador romano Trajano, en 113 d. C., encargó construir una columna decorada con escenas de sus victorias contra los dacios.

‘The Yellow Kid’

Es cierto que si nos ceñimos a lo que dice el diccionario de la RAE, que define el cómic como una «serie o secuencia de viñetas que cuenta una historia», hay que avanzar varios siglos para encontrarnos los primeros ejemplos. Habitualmente se considera que uno de los pioneros fue The Yellow Kid, publicado en la prensa de EEUU entre 1895 y 1898, pero en Europa ya se habían impreso otros. Por ejemplo, William Hogarth produjo las seis pinturas Marriage a-la-mode y el pedagogo suizo Rodolphe Töpffer está considerado uno de los primeros dibujantes de cómic porque hacía relatos con imágenes en L’histoire de monsieur Jabot.

Estos primeros pasos coincidieron con la eclosión de la prensa como gran medio de comunicación de masas. Además, la mejora de las técnicas del proceso de impresión permitieron la inserción de ilustraciones en sus páginas. En 1841, una famosa cabecera londinense llamada Punch fue la primera en utilizar la palabra cartoon para referirse a los dibujos satíricos que aparecían en la prensa política. También en tierras británicas, pero algo más tarde, nació el personaje Ally Sloper, fruto del trabajo del matrimonio formado por Charles Henry Ross y Émilie de Tessier. Era tan popular entre la clase obrera que, pese a empezar siendo una pequeña tira cómica, se convirtió en publicación semanal de la que se vendían 350.000 ejemplares.

En un mundo en el que aún no habían aparecido los otros grandes medios, la prensa generaba unas cifras de negocio exorbitantes. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, en Estados Unidos se disputaban el pastel William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, propietarios de la mayoría de cabeceras del país. Era un momento de gran crecimiento por la llegada de inmigrantes, procedentes de todos los rincones de Europa. Como apenas sabían inglés, los dos empresarios utilizaron los cómics como reclamo para venderles diarios.

El estallido de la Primera Guerra Mundial lo cambió todo de arriba abajo. Y también tuvo efectos en el mundo de la prensa. A partir de la década de los años 20 empezaron a aparecer productos más modernos, destinados específicamente al público infantil y adolescente. Uno de los más exitosos fue la revista belga Le Petit Vingtième, donde Hergé presentó las aventuras de Tintín. Aquello fue el inicio del cómic franco-belga, y después surgieron otros como Astérix, Spirou… Mientras tanto en EEUU, pronto proliferaron los cómics de superhéroes: en 1938 empezaba a volar Superman y en 1939 se fundaba Marvel. Tantos años después, la cultura popular sigue bebiendo de la tinta de esas páginas ahora adaptadas a los nuevos medios, convirtiéndose en series, películas y mil productos de merchandising.

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