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Joaquín Rábago

No son buenos tiempos para la libertad de opinión

No son estos buenos tiempos para la libertad de opinión en nuestro democrático Occidente, por no hablar ya de los sistemas autocráticos como el de la Rusia de Vladimir Putin.

La guerra de Ucrania, en la que estamos involucrados todos los occidentales aunque sea indirectamente a través del envío de armas al país agredido, parece haberse convertido en un obstáculo al libre debate.

Quien ose disentir de la versión imperante es tachado inmediatamente de pro-Putin. Tal es el caso del veterano periodista estadounidense Chris Hodges, a quien Youtube eliminó sin previo aviso seis años de entrevistas que tenía en su archivo.

Hedges, que fue corresponsal estrella del diario The New York Times en Oriente Medio y la Europa del Este, además de premio Pulitzer de periodismo, había sido despedido antes por el periódico neoyorquino por su compromiso con el movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones.

Es esa una iniciativa internacional destinada a incrementar la presión económica y política sobre el Estado judío para que ponga fin a la ocupación ilegal de Cisjordania y la colonización de los territorios palestinos y de los Altos del Golán.

Tras perder su empleo, Hedges comenzó a trabajar en un programa de entrevistas con voces disidentes como las del lingüista y activista Noam Chomsky, el escritor Tariq Ali, el filósofo Slavoj Zizek o el geógrafo y teórico social David Harvey, todos ellos con una amplia bibliografía.

El programa, que fue candidato en 2017 a los premios Emmy, lo acogió la cadena de televisión Russia Today America. Hedges defendió su colaboración con la cadena rusa explicando que se trataba de un «cínico matrimonio de conveniencia».

Él había hecho, según explicó, lo mismo que hizo en su día el dramaturgo y disidente checo Vaclav Havel, al colaborar con La Voz de América sin estar de acuerdo con la política de Washington.

RT America se distinguía no tanto por ser una caja de resonancia de la propaganda de Rusia, sino por denunciar el lado oscuro del capitalismo, sobre todo el de EEUU: las profundas desigualdades, el racismo, las drogas, el culto a las armas o el sistema carcelario.

Entre sus colaboradores había periodistas de izquierdas y conocidos cómicos norteamericanos como Lee Camp que habían trabajado antes en otros medios, pero cuyos puntos de vista heterodoxos no gustaban al establishment mediático y político.

La guerra de Ucrania parece haber sido el pretexto buscado para bloquear las transmisiones del canal ruso, acusado por Washington y Bruselas de ser solo un «instrumento de desinformación» del Kremlin.

De paso, YouTube, autoerigido en juez, eliminó de su archivo las entrevistas que guardaba del programa On Contact, de Hedges.

Este se enteró de lo sucedido mientras visitaba en Londres al encarcelado fundador de Wikileaks, Julian Assange, cuya extradición a EEUU por un supuesto delito de espionaje parece ya próxima.

El veterano periodista no se había limitado a criticar la invasión rusa de Ucrania, sino que había cometido el delito de explicar los antecedentes, entre ellos la ampliación de la OTAN, frente a las promesas dadas a Rusia por Occidente.

Nada más comenzar la guerra, Hedges hizo esta predicción: «Putin ha hecho el juego a la industria bélica (…), se dispararán los presupuestos militares, el petróleo brotará abundante del suelo, se acelerará la crisis climática, China y Rusia formarán un nuevo eje enemigo (…), todo disenso se tratará de traición». Y no se equivocó.

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