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Entender + con la Historia

Cooperar para vivir mejor

Los edificios pueden ser puertas de entrada a infinidad de historias que nos conectan con el pasado. Es el caso de la sede de la Unió de Cooperadors de Gavà, seleccionada para los prestigiosos Premios FAD.

Incluso el lugar más discreto puede contar parte de nuestra historia. Es el caso del edificio de la Unió de Cooperadors de Gavà, que acaba de ser seleccionado para los Premios FAD de Arquitectura e Interiorismo para poner en valor la remodelación que ha realizado Meritxell Inaraja. La arquitecta ha adaptado el inmueble a las necesidades actuales y, al mismo tiempo, ha recuperado su estructura original, obra de Josep Torres García.

La sede de la UC Gavà, situada en la rambla de Maria Casas, se terminó en 1936 después de dos años de obras. La entidad se había fundado en 1929 por iniciativa de un grupo de trabajadores de la empresa Roca Radiadores, que se asociaron para crear una cooperativa de consumo. Posiblemente sea la primera vez que oiga hablar de esa institución. Barcelona es un gigante tan enorme que con su sombra deja en la penumbra la historia de las localidades del entorno, de las que casi nunca se cuenta su pasado.

Hasta no hace demasiadas décadas, lo que ahora se denomina área metropolitana era una zona agraria que se transformó radicalmente con el proceso de industrialización. Con la aparición de las fábricas, esos pequeños pueblos se convirtieron en ciudades. Los nuevos vecinos eran gente de clase trabajadora que tenían que salir adelante con los paupérrimos salarios que ganaban, y una buena manera de estirar el dinero era asociándose para comprar comestibles. Esta fue una de las razones del éxito del cooperativismo, que alcanzó el máximo esplendor durante la Segunda República. Fue entonces cuando, por primera vez, se aprobaron las leyes que permitirían su pleno desarrollo sin tropiezos. Según datos del Museu d’Història de Catalunya, en 1936 había 241 sociedades que agrupaban a 84.300 miembros.

Ese esplendor fue posible porque desde el siglo XIX surgieron entidades para ofrecer alternativas autogestionadas en muchos sectores, porque aparte de cooperativas de consumo también se pusieron en marcha muchas en el ámbito agrario e industrial. Las primeras surgieron a mediados de la década de 1860 en Palafrugell y Canet de Mar, localidades de zonas donde el republicanismo y las ideas sociales más avanzadas tenían más seguidores; al igual que ocurría en el área barcelonesa. Allí se fundaron asociaciones en el Camp de l’Arpa, Poble Nou, Sant Andreu, Gràcia y Badalona, donde en 1898 se celebró la primera asamblea de cooperativas catalanas. Al año siguiente, en el Palacio de Bellas Artes de Montjuïc, se constituyó la Cámara Regional de Cooperativas Catalano-Baleares, en el marco de un congreso de entidades que fue clave para el impulso definitivo del movimiento. Su razón de ser era tan simple como ambiciosa. Después de que los consumidores se organizaran para hacer las compras conjuntamente, también se aspiraba a coordinar la acción de las diversas entidades para que no solo adquirieran lo que necesitaban, sino para que produjeran lo que les conviniera.

Cuanto más crecían la economía industrial y la sociedad urbana, más cooperativas se creaban. Por esta razón, en agosto de 1920 se fundó la Federación Regional de Cooperativas de Cataluña. Esparcidas por el territorio había alrededor de 400 asociaciones. La dictadura de Primo de Rivera frenó su crecimiento, pero el fenómeno no se detuvo.

Cuando, con la República, los sectores más progresistas llegaron al poder, el clima fue favorable a ese tipo de organización económica. Buena prueba de ello es que ya en el verano de 1931 se redactó la ley estatal para regularlas y, en Catalunya, las competencias sobre el sector se incorporaron al Estatut de autonomía de 1932. Además, en 1934, el Parlament aprobó la ley que servía para fundar el Consell Superior de la Cooperació.

Fue justo entonces cuando la UC de Gavà inició las obras de la nueva sede, pero nunca se pudo inaugurar oficialmente por culpa del estallido de la Guerra Civil. Tuvo suerte, porque los socios que sobrevivieron y no fueron represaliados pudieron reanudar la actividad y mantener la propiedad del edificio; cosa que no ocurrió con otras cooperativas a las que la dictadura arrebató su patrimonio y no les fue restituido.

Continuidad

La UC, liquidada en 1953

A pesar de intentar salir adelante, las circunstancias políticas y económicas terminaron por hacer inviable la continuidad de la UC de Gavà, que se liquidó en 1953. El ayuntamiento compró el edificio, que fue destinado a diferentes usos hasta que en 2016, a través de un proceso participativo, decidió convertirse en un nuevo equipamiento dedicado a la economía social.

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