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El buen nombre de Pegaso

Pegasus es el protagonista de la actualidad política. A estas alturas todo el mundo ya sabe que es el nombre del programa de espionaje creado por la compañía NSO Group. Los responsables de la empresa deben saber mucho de informática pero de mitología van bastante más cojos porque, según recogía el diario inglés The Guardian, lo bautizaron con el nombre del animal mitológico griego porque, según ellos, era como un caballo de Troya pero con alas que le movían por el aire hasta entrar en los móviles. Este razonamiento es un absoluto despropósito porque el pobre Pegaso era un pedazo de pan que nunca había roto un plato.

Belerofonte cae de Pegaso, en una pintura anónima del s. XVII.

Aunque no fue uno de los personajes principales en las narraciones griegas, tuvo un rol secundario remarcable. Nació de la sangre de la gorgona Medusa cuando esa monstruosa criatura, que petrificaba a quien la miraba, fue decapitada por Perseo. Cuando Pegaso se vio en el mundo, subió al Olimpo para ponerse al servicio de Zeus. Como ofrenda le llevó el rayo y, a partir de ese momento, acompañó al Dios de los Dioses a todas partes excepto cuando ayudó a Belerofonte.

Este héroe, hijo del dios de los mares Poseidón, tenía que matar a la Quimera; un ser terrible que era medio león, medio dragón y capaz de escupir unas llamas que mataban los rebaños de los helenos. Todo aquel que había intentado eliminarla había fracasado. Precisamente por eso el rey de Licia le había hecho el encargo a Belerofonte. Resulta que ese monarca tenía una hija llamada Estenebea, casada también con un rey; en este caso el de Tirinto. Cuando Belerofonte visitó la región, rechazó las insinuaciones de Estenebea. Entonces ella, al sentirse menospreciada, tergiversó los hechos y le dijo a su marido que Belerofonte le había tirado los tejos. Como las leyes antiguas impedían matar a alguien con quien se había compartido mesa, el rey de Tirinto le pidió que visitara a su suegro con la excusa de entregarle una carta de contenido secreto. En realidad en la nota se explicaba quién era ese emisario y lo que se suponía que había hecho. Para no mancharse las manos de sangre, el rey de Licia tuvo la ocurrencia de mandarle acabar con Quimera.

Consciente de que iba a una muerte segura si se enfrentaba solo a la bestia, Belerofonte pidió ayuda a los dioses. Algunas versiones dicen que fue Atenea y otras su padre Poseidón quien le dejó Pegaso. Con ese magnífico caballo alado, el héroe cumplió la misión.

Entonces, Belerofonte cabalgando Pegaso se vio capaz de todo y voló hasta el Olimpo para entrar en el mundo de los dioses, pero Zeus lo impidió. Envió un tábano a pellizcar al animal, que al encabritarse hizo caer el jinete. El chico se precipitó al vacío y murió. Fue el castigo divino por su arrogancia.

Tras ese episodio, Pegaso regresó a la tierra cuando las hijas de Píero desafiaron a las musas a un concurso de canto. La batalla lírica tuvo lugar en Helicón, el monte donde se dice que viven las musas. Al escuchar las bellas melodías, las montañas se iban hinchando de placer. Zeus se alarmó porque si el Helicón crecía demasiado, los mortales podrían acercarse al Olimpo. Enseguida envió a Pegaso a resolver la situación. El cuadrúpedo alado dio una buena coz en la falda de Helicón, que volvió a su tamaño original. El impacto había sido tan fuerte que del agujero surgió manantial que todavía existe y que todo el mundo llama Hipocrene, es decir, la fuente del caballo.

Con el encargo resuelto, Pegaso pasó el resto de sus días junto a Zeus, llevándole el rayo siempre que lo necesitaba. El animal fue envejeciendo y, cuando su muerte estaba cercana, el padre de los dioses le premió con la eternidad convirtiéndolo en una constelación, que se puede localizar en el firmamento junto a las de Andrómeda y Acuario.

Desde el tiempo de los griegos, Pegaso ha sido un símbolo recurrente. Durante la edad media formó parte de la heráldica de diferentes linajes; en la Segunda Guerra Mundial Belerofonte y Pegaso fueron el emblema de los paracaidistas británicos y aquí muchos asocian su nombre con los camiones por la popular marca de vehículos fundada en 1946.

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