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Alfonso González Jerez

Retiro lo escrito

Alfonso González Jerez

Desmoronamiento

Los políticos, invariablemente, dicen tonterías. Como usted y como yo. Desde la mañana a la noche. No es inhabitual y, por lo general, no es peligroso. Por supuesto toda esa cháchara bobalicona suele alimentar la mentira. Pero esa no es la situación actual. Actualmente los políticos no mienten: ignoran la realidad y la verdad y la mentira les resultan indiferentes. Por lo demás no saben de lo que hablan. Por ejemplo, ¿qué va a saber Pedro Quevedo de nada? Es un señor que se sacó una licenciatura en Medicina y Cirugía pero, por supuesto, apenas ha ejercido como médico. Lleva décadas como político profesional en varios cargos relevantes pero no ha dejado de ser un señorito del British Club. A menudo es difícil entender plenamente lo que está diciendo. Ahora se ha puesto a hablar de que Canarias tiene que participar en las negociaciones españolas con Marruecos para establecer la mediana y definir los límites de sus aguas territoriales. Lo cierto es que el Gobierno de España ha reconocido de facto la soberanía de Marruecos sobre el territorio saharaui, incluyendo sus costas, y que pocos días después de la visita del presidente Pedro Sánchez a Rabat, los marroquíes han empezado los preparativos para poner en marcha plataformas petrolíferas en lo que considera su zona económica exclusiva. Ya verán ustedes a Quevedo apoyando de nuevo los presupuestos generales de 2023 y lo que se tercie, porque lo suyo es pura cháchara sin relación alguna con la realidad. Exactamente igual que la del presidente Torres. No parece gente adulta, sino políticos adolescentes y provincianos cada día más superados por los acontecimientos.

La ficción de un gobierno sólido y capaz que transforma Canarias a golpe de billetera se va desmoronando. Ni es un gobierno eficaz ni tiene un proyecto nítido y coherente de país, pero tampoco sabe afrontar las dificultades sobrevenidas. El ejemplo de La Palma es el más clamoroso. Ese estúpido Plan Extraordinario de Empleo, con una inversión de 63 millones de euros, solo ha servido para distorsionar el mercado laboral de la isla, hasta el punto que empresarios hoteleros y restauradores han sufrido graves dificultades para conseguir trabajadores en las recientes fiestas; algunos tuvieron que cerrar varios días de la Semana Santa. Por supuesto, muchos vecinos prefieren ganarse 1.200 euros mensuales retirando cenizas durante seis horas diarias –sin demasiada velocidad, exigencia y empeño– que trasladarse a un restaurante y ganar lo mismo, o incluso un poco menos, como camarero. El Gobierno, en lugar de contar con los empresarios isleños, se dedica a organizar y a alimentar peonadas. No sé si es más imbécil que deprimente o viceversa. Pero también resulta hastiante responsabilizar siempre y exclusivamente a las administraciones públicas y a sus responsables políticos. El otro día recorrí la avenida marítima de La Palma. De cada diez establecimientos -bares, restaurantes, figones, tiendas– ocho eran negocios de venezolanos, colombianos, ecuatorianos, orientales que los mantuvieron abiertos de jueves a domingo inclusive. Los demás – los regentados por palmeros –cerraron pudorosamente el viernes y abrieron el sábado hasta el almuerzo para evitar cualquier riesgo de hernia.

De grandes inversiones nada. Absolutamente nada. De reinventarse como espacio económico en La Palma no se sabe nada, como parece que tampoco se sabe nada en el Gobierno. ¿Quién está pensando en la transformación y reorganización de la economía palmera? ¿Con quién se está trabajando para definir una estrategia realista y consensuada? ¿Acabará algún día esta incesante, oligofrénica y pueril cantiflada –el discurso oficial del Gobierno autónomo –y se pondrán a hacer política y no a difundir propaganda?.

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