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Nostalgia de días felices

Los problemas de escasez que podremos sufrir en breves fechas vienen dados por la propia falta de materias primas en los mercados de origen, así como por la huelga de transporte, que colapsa las arterias de la logística de todo el tejido empresarial y de consumo.

Fundamentalmente, esta situación justifica la solicitud de bajada de impuestos y aumentos de compensaciones a los sectores más afectados, como los productivos, logísticos y de artículos de primera necesidad.

Necesitamos una batería de soluciones y fondos, tanto autonómicos como estatales y europeos, que deberán complementarse entre sí para no duplicar iniciativas y ser eficientes para llegar a todo rincón, económico o social, que lo necesite.

Aunque para salir de las sucesivas crisis que arrastramos desde 2007, fecha del inicio de la crisis financiera, necesitamos de un esfuerzo en simplificación administrativa y legislativa, refinanciación, sin agravios, de los créditos ICO, más allá de dos años, la concesión de los fondos europeos para la recuperación, la vuelta a la competitividad de los incentivos económicos y fiscales del REF, así como acciones concretas y rotundas para erradicar la economía sumergida y el absentismo injustificado.

No todas las catástrofes son eventos acotados, por lo que nunca es demasiado pronto para empezar a aprender de nuestros errores o sufrimientos.

Tampoco cabe pensar que «aún estamos vivos». No es suficiente.

Se espera de cada uno de nosotros la creación de riqueza y prosperidad suficiente para cohesionar nuestra tierra.

Para ello tenemos que propiciar la inercia para no cortar las cadenas de valor y la productividad sea constante.

Recordemos uno de los eslóganes de la campaña electoral de Roosevelt en 1932, donde imperaba «happy days are here again» (Los días felices han vuelto).

Una nostalgia del pasado que queremos para nuestro futuro cercano.

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