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El recorte

Un aplauso merecido

Para alguien, como un servidor, que lleva años lamentando que la Policía Autonómica se dedique básicamente a decomisar lapas, es una especie de satisfacción felicitar al cuerpo canario por haber intervenido y localizado a un niño que se encontraba en un estado lamentable de malnutrición y descuido, en una infravivienda donde se refugia la pobreza extrema que hay en esta tierra. Funcionó el sistema de alerta del colegio público al que faltó durante demasiados días y funcionó el cuerpo de seguridad canario. Un cuerpo que debería potenciarse para compensar la histórica dejación del Estado en las islas donde no ha sido capaz de igualar los ratios de Policía Nacional o Guardia Civil, que llevan por debajo de la media estatal desde secula seculorum. Tener una Policía Autonómica como dios manda nos vendría de cine. Y si en vez de dedicarse a vigilar en la puerta del Parlamento para que nadie se robe un diputado –que es un objeto muy valioso, por lo que cuesta– se destinase, por ejemplo, a reforzar la seguridad del turismo, sería casi perfecto. Claro que como eso sería bueno para Canarias es muy probable que no ocurra. Como es ilógico.

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