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Wladimiro Rodríguez Brito

El volcán y la cultura agraria en La Palma

Lamentamos la falta de propuestas hasta el momento sobre la reconstrucción del campo palmero y no encontramos alternativas, con nombres y apellidos, tanto en el plano económico como en el marco temporal. Es decir, necesitamos ideas, recursos y fechas para su aplicación y que nos digan qué podemos hacer para recuperar la agricultura del Valle de Aridane.

No hay razón alguna para la improvisación que nos impuso el volcán. Los técnicos, agricultores y políticos han de hilvanar un modelo con alternativas posibles con los planteamientos más inmediatos para el caso de las zonas que no sepultaron la lava del volcán que requieren inversiones, tanto en terrenos de cultivos como en los accesos rodados y las canalizaciones de agua.

Estamos hablando de obras para mañana. Necesitamos poner en cultivo más de 400 Has para este verano y debemos hacer un planteamiento sobre los ERTE y la dinamización económica. Aldo González Brito, de la Fundación Canaria Doctor Manuel Morales, señala que hablamos de una prioridad básica para este verano. Los medios técnicos y económicos deben resolver contra reloj si se ponen recursos económicos y la voluntad política en resolverlos, dado que las diferentes dificultades y problemas burocráticos deben solucionarse en un periodo corto de tiempo.

¿Se están tendiendo puentes para incorporar la agricultura al futuro de La Palma? Hemos de mirar para atrás para asumir que hoy tenemos recursos para resolver gran parte de los problemas. Hace décadas, en la época que no teníamos tractores ni camiones de volquete, La Palma pasó de producir 17.376 Tn en 1941 a 128.750 Tn en 1982. De estas cifras, el Valle de Aridane significó más del 50%, pasando en unos años de 300 Has de plátanos en el año 1945 a situarse en el año 1984 en torno a las 3.000 Has. Hoy el Valle cuenta en torno a una 1.500 Has de plátanos, que son complementadas con otras actividades económicas como el turismo, siendo el principal núcleo demográfico de la Isla, y pasando de 15.429 habitantes en 1940 a situarse en 33.000 habitantes en 2020.

Tenemos que tratar como algo indispensable para el futuro de la isla las 215 Has de tierra sepultadas por el volcán. Aquí entramos en un tema político y social, donde tendremos que decidir, en primer lugar, los territorios donde las ponemos. Y debe de hacerse con una lectura medioambiental, con el factor del clima y, por supuesto, con los agricultores afectados y esos posibles suelos para nuevos agricultores en el que los recursos públicos han de ser solidarios. Se habla de una partida de más de 100 millones de euros y lamentamos que estos temas no se estén hablando con propuestas en las que se traten las partidas económicas que están comprometidas por la agricultura de la isla y los intereses de los agricultores y sus propuestas. De lo único que oímos hablar es de declaraciones políticas de viajeros y fotos.

Lamentamos que no se hable de este capítulo tan importante para restaurar la economía en el Valle de Aridane. Tenemos un tema crucial, tanto en el plano productivo como en el social, que ya se dio incluso en situaciones sociales más favorables con aportes económicos complementarios, como ocurrió en la época del Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA). Hemos de insistir en que demandamos la actividad agraria como algo elemental en la economía de La Palma. E incluso como tema estratégico, ya que en el plano de las comunicaciones con el exterior debemos recuperar la producción en La Palma previa a la erupción, cuando se exportaban 350 Tn de plátanos diarios.

Creo que es necesario una mayor comunicación con los afectados y no gastar dinero público en nuevas desaladoras o en un nuevo Puerto Naos, ya que es prioritario el comunicarlo por tierra, construyendo vías y canales sobre la lava y hacerlo en un breve espacio de tiempo. No parece razonable que sigamos hablando de dinero como una especie de contador en el que asuntos como este aparecen huérfanos por supuestos planteamientos teóricos alejados de la problemática más inmediata que demanda la sociedad palmera. Hay que escuchar a la gente y sus necesidades. La recuperación de La Palma empieza por ahí.

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