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Joanne Rowling, una de las autoras más leídas de las últimas décadas (incluyendo los libros escritos por autores masculinos), está siendo ninguneada a causa de sus opiniones sobre el sexo y el género. La noticia dice que lo que le hacen en realidad es cancelarla, término verbal que se ha puesto de moda para denominar la voluntad de hacer desaparecer las ideas de una persona de los medios de comunicación y las redes sociales; lo que se decía antes con el término que yo he utilizado. Pero da igual: lo importante, por supuesto, no es la sintaxis sino el hecho de que a la conocida como J.K. Rowling, en el vigésimo aniversario del estreno de la primera película de Harry Potter, no sólo no la hayan invitado a las celebraciones organizadas sino que los propios actores que representaron en la pantalla a los personajes de Harry, Hermione y Ron la hayan acusado de transfóbica. El pecado de Rowling parece consistir en que ha sostenido que el sexo es una realidad biológica y los derechos de las mujeres deben ser defendidos desde esa premisa, no en virtud de un género sentido que le permitiría a cualquier persona definirse como de género femenino o masculino en función de su mera voluntad.

El sexo, que yo sepa, depende en la inmensa mayoría de los seres humanos, ya sean homosexuales o heterosexuales, de la posesión de dos cromosomas X (en el caso de las mujeres) o uno X y uno Y (en los hombres). Imagino que yo también seré considerado transfóbico por decirlo pero prefiero esa calificación a la de ignorante. Aunque el verdadero conflicto deriva de que vivimos tiempos en los que la ignorancia se ha vuelto virtud hasta extremos que van mucho más allá de la biología para instalarse en la misma literatura.

Parece que una productora estadounidense, especializada en crear vídeos para la plataforma Tik Tok, quiere rodar en breve nuevas versiones de las películas de Harry Potter en las que, citando las palabras textuales de los responsables, algunos de los papeles serán ofrecidos sólo a actores de origen «asiático, negro, afrodescendiente, étnicamente ambiguo, multirracial, de pueblos indígenas, latino, hispano, del Medio Oriente, del sur de Asia, indio, del sudeste asiático o isleño del Pacífico». Que yo sepa, en las películas de Harry Potter ya salían actores de etnias distintas, afrodescendientes, chinos o hindúes, por ejemplo, siguiendo los textos de origen. Así que imagino que la diversificación siguiente será la del género asumido. Con lo que entramos en la tarea en verdad inacabable de reescribir las novelas, los cuentos y las obras teatrales en función de los criterios ya sean étnicos o sexuales que se pongan de moda. ¿Será cosa de sacar nuevas versiones de El mercader de Venecia en la que no haya antisemita alguno, o del Quijote con Sancho Panza como étnicamente ambiguo?

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