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Francisco Pomares

Adiós a la ‘geringonça’

La inesperada mayoría absoluta del socialista Antonio Costa -se esperaba su victoria, pero no tan abultada- suma y sigue sobre el creciente descrédito que acumula la demoscopia electoral, elección tras elección. La mayoría de los sondeos auguraban una menor diferencia -a veces incluso un empate- entre él y el segundo partido portugués, el Partido Social Demócrata de Rui Río, gran amigo de Costa hasta estas elecciones. Los resultados dan a este hábil negociador la llave para una tercera legislatura y le convierten así en el primer ministro portugués que pasará más tiempo al frente del Gobierno desde que en 1974 la revolución de los claveles acabó con la dictadura salazarista. Costa se hizo con el poder en 2015 tras una moción de censura armada gracias a un acuerdo de las fuerzas de la izquierda contra el Gobierno conservador de Pedro Passos Coelho, el jede de Gobierno más breve de la historia portuguesa, que sólo se mantuvo al frente del Ejecutivo 27 días.

El éxito de una censura casi imposible de digerir por el socialismo europeo, fruto del acuerdo con las fuerzas de la izquierda -el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista-, fueron esgrimidas tres años después como un precedente de la censura de Sánchez contra Rajoy, y el resultado de estas elecciones portuguesas presentadas ayer por la prensa más próxima al sanchismo como una reafirmación de las políticas socialistas. Pero en realidad las similitudes entre los estilos de Costa y el de Sánchez son escasas: es cierto que ambos se hicieron con el control del partido de forma fulminante, Costa un día después de que el entonces líder del socialismo portugués –José Sócrates- fuera detenido por corrupción, y Sánchez tras ser él mismo cesado por el comité federal del PSOE como secretario general, y ganar después las primarias contra Susana Díaz, candidata del oficialismo. También es cierto que ambos lograron hacerse con el Gobierno con el apoyo de fuerzas a su izquierda (algo inédito en la historia del socialismo europeo), pero Costa ha gobernado pactando a alternativamente a su izquierda y su derecha, apoyando explícitamente a un candidato conservador a la presidencia de la República frente a la candidata de su propio partido, seduciendo a unos y otros de acuerdo a su propia conveniencia, y convirtiendo al PS en el centro político del país. Su victoria del domingo tiene mucho que ver con el fraccionamiento de la derecha en tres fuerzas diferentes, dos de ellas situadas en posiciones ultraderechistas y muy liberales en lo económico, y con el rechazo del Bloco y los comunistas a apoyar el proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno de Costa para 2022. Fue la venganza de los radicales contra la política de entente con las derechas del dirigente socialista más heterodoxo y políticamente incorrecto de Europa, un tipo que hace casi 30 años, se presentó a la alcaldía de Loures, un pueblo del área metropolitana lisboeta, gobernado por los comunistas y con gravísimos problemas de tráfico. Lo hizo prometiendo que llevaría una línea del Metro al municipio. Y para demostrar porqué era necesario el Metro, organizó una carrera por Loures entre un burro y un Ferrari, que ganó el burro.

El rechazo de radicales y comunistas a los Presupuestos de 2022, fue el inicio del fin del Gobierno de la geringonça, lastrado por los conflictos, las tensiones y el rechazo de la mayoría de los portugueses a los excesos. La victoria de Costa no es el triunfo de la política radicales en Portugal, como se nos quiere hacer creer, sino -justo lo contrario- el resultado del agrupamiento de los portugueses moderados en torno a un primer ministro capaz de rechazar los radicalismos. Con la votación del domingo se acabaron la juerga y los excesos, se acabó lo de andar en jeringonzas: [DRAE: 1. loc. verb. coloq. Andar en rodeos o tergiversaciones maliciosas.] y Costa –un político capaz de reducir la deuda manteniendo la apuesta por lo social- podrá por fin demostrar lo que puede hacerse desde la izquierda moderada cuando se tiene la mayoría. Que es lo que han decidido más del 40 por ciento de nuestros vecinos, los más reacios de Europa a las mayorías absolutas.

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