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OBSERVATORIO

Desconfianza en las farmacéuticas

Una farmacéutica muestra una caja de test de antígenos.

¿Qué empresa no firmaría poder vender su producto en todo el mundo? La pandemia ha supuesto un «golpe de suerte» para algunas, y el impacto de la venta masiva de vacunas ya se está trasladando a los resultados financieros de las más afortunadas. Pfizer, una de las empresas farmacéuticas de referencia, ha pasado de una facturación de alrededor de 42.000 millones en la prepandemia a una proyección de 82.000 millones para 2021. También Moderna y Biontech, empresas de más reciente creación, han generado beneficios por primera vez en 2021.

Los beneficios de grandes empresas generan reacciones contradictorias que pueden ir desde la admiración hasta la envidia o la desconfianza. Esta última, la desconfianza, aumenta cuando mayor es la empresa o la concentración del sector, véanse los bancos o las tecnológicas. Y, cómo no, las farmacéuticas, que, al poder lucrarse con nuestra mala salud, pueden generar más suspicacia. ¿Por qué generan tanta desconfianza las empresas, y más si tienen beneficios? ¿Es una desconfianza ganada a pulso o es una desconfianza exagerada? A continuación, se enumeran tres posibles motivos de desconfianza.

El primero deriva de la estructura de precios de venta y márgenes empresariales. Todas las empresas añaden un margen al coste de producción para poder obtener beneficios. En el caso de las empresas farmacéuticas, el coste de investigación y desarrollo del medicamento es la inversión principal, pero la producción puede ser muy económica. Cuando se trata productos que pueden salvar vidas, es inevitable preguntarse, ¿cuántos años se necesitan para compensar con márgenes la etapa de investigación y desarrollo? Otra muestra la tenemos en los test de antígenos, cuyo precio batió récords durante navidades para, finalmente, quedar acotado a un máximo de 2,94 euros, y sin que parezca que haya subvenciones para paliar las posibles pérdidas de vender el producto a este precio.

El segundo motivo de desconfianza es la capacidad que tienen las empresas para presionar a gobiernos nacionales y organismos internacionales. En este sentido, existen mecanismos de transparencia. Las empresas deben registrarse como lobis y declarar el número de personas contratadas que se dedican a esta actividad, así como el presupuesto que dedica la empresa. La plataforma Lobbyfacts indica que, en 2020, Pfizer gastó entre 1,4 y 1,5 millones de euros en actividades de lobi en la Unión Europea (el gasto en 2019 fue de 800.000) y que hay tres personas acreditadas para reunirse con miembros de la Comisión. En el portal de transparencia de la comisión están registradas las reuniones y llamadas entre empresas farmacéuticas y comisionados, con nombres y fechas. Una de ellas ha tenido ocho contactos durante 2021, otra ha tenido siete, y una tercera, dos. Por la coincidencia de fechas se puede deducir cuáles han sido colectivas o cuáles bilaterales. A pesar de la riqueza de datos, uno no puede evitar intentar dilucidar lo que se cuece entre bambalinas.

El tercer motivo es el uso de paraísos y nichos fiscales. No es una práctica ilegal, pero si tenemos en cuenta que el ciclo empieza con la compra de vacunas con dinero público, esto genera beneficios en las empresas, estas minimizan el pago de impuestos, que acaba afectando el volumen de fondos públicos disponibles para políticas sanitarias. En la información financiera publicada por el grupo Pfizer en 2020, se puede ver que tiene 316 empresas, de las cuales 82 están situadas en Delaware, el paraíso fiscal por excelencia de Estados Unidos –que presume de tener tanta población como número de empresas registradas– y ocho en Luxemburgo, otro paraíso fiscal.

Los humanos cometemos el «error fundamental de atribución» según el cual el comportamiento de una persona es atribuible a una falta de carácter y no a sus circunstancias. Por ejemplo, si una persona un día omite el saludo, nos sentimos legitimados a calificarla de maleducada para siempre; en cambio, si yo misma tengo este comportamiento, es porque ese día estoy muy preocupada. ¿Podríamos estar cometiendo un error de atribución cuando desconfiamos de las empresas? La cultura popular nos recomendaría no juzgar sin antes caminar en los zapatos de las farmacéuticas durante unas semanas.

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