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Ánxel Vence

Crónicas galantes

Ánxel Vence

Al Gobierno le salen los números

Sostienen sus adversarios más extremados que el gobierno de Pedro Sánchez es un número (de circo): y quizá por eso sorprenda que empiecen a salirle muy bien los números. Una cosa no quita la otra.

Sumergida aún, como todo el mundo, en una epidemia que ha venido a trastocarlo todo, la economía española acaba de cerrar el año con menos parados que antes de la llegada del virus. Más aun que eso, el número de cotizantes a la Seguridad Social ha batido su récord histórico con una cifra que se acerca a los veinte millones de trabajadores en ejercicio.

No es mal registro, ni mucho menos, para un país donde gobierna un cóctel de rojos, bolivarianos, social-comunistas y concubinos de etarras, si hemos de atenernos a los adjetivos que le dedican al Consejo de ministros de Sánchez aquellos que no le profesan particular cariño. Se conoce que los empresarios y la Unión Europea no comparten esa opinión; o algo raro pasa aquí.

A ello hay que sumar la relativa tranquilidad que se vive en Cataluña, reino autónomo que hasta no hace mucho era diaria noticia de primera plana por su permanente estado de agitación. Aunque ese sea otro tema.

Bien es verdad que el mercado de empleo sigue funcionando bajo las pautas de la reforma laboral de Mariano Rajoy, al que tampoco hay que restarle sus méritos. Lejos de derogarla, el actual Gobierno se ha limitado a pactar con la patronal y los sindicatos algunos retoques cosméticos que en modo alguno afectan a su esencia.

Podría objetarse que la recuperación de las finanzas beneficia a toda Europa (y no digamos ya a China) por la mera razón de que todo lo que sube acaba por bajar y viceversa, como sucede en este último caso. Pero aun así no deja de sorprender la veloz regeneración de la economía hundida hace poco más de un año por el SARS-Cov-2.

Si los felices números de empleo y afiliación conocidos estos días se producen pese a la existencia de departamentos tan atrabiliarios como el de Igualdad o el de Consumo (que la tiene tomada con la carne en este país de vacas norteñas), el mérito ha de ser sin duda mayor.

Quizá resulte exagerado comparar el buen desempeño de la economía bajo el actual Gobierno zurcido a retales con lo que sucedió en Portugal, aunque las semejanzas no parezcan del todo descabelladas. Sabido es que el Gobierno portugués presidido por un socialdemócrata y sostenido (hasta hace poco) por los rojos de toda la vida, consiguió sacar al país vecino de la quiebra con el pláceme de la Unión Europea y los elogios de los grandes organismos internacionales.

No es exactamente lo ocurrido en España, donde a Sánchez no le quedó otra que asumir un régimen de coalición para seguir al mando; aunque sería injusto obviar que el actual presidente se inspiró en el modelo portugués de gobernanza. Incluyendo un par de viajes de estudios a Lisboa.

Al igual que su colega lusitano Antonio Costa, puede que Sánchez llegase a la razonable conclusión de que no hay gobierno posible en Europa si no se atienden los mandatos de la UE. Su mérito, si acaso, habría consistido en decir que sí a todas las ocurrencias de sus incómodos socios para hacer, a continuación, lo que mandan los que de verdad mandan. Es solo una teoría, pero lo cierto es que los números le salen.

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