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Isidoro Sánchez

Los volcanes, protagonistas de La Palma

En las islas Canarias, los volcanes siempre han sido los protagonistas. Unas veces por haber nacido sobre la plataforma atlántica frente al Sahara y en otras ocasiones por haber sido hijos de la madre magma oceánica. Ello sirvió en 1799 para que el admirado geólogo prusiano Alejandro de Humboldt cambiase su teoría sobre el vulcanismo que aprendió en las universidades alemanas cuando el agua era la base de su conocimiento. Tuvo que subir en junio de 1799 hasta el Pico del Teide, en la isla de Tenerife, para conocer la realidad plutónica de los volcanes y sus coladas sobre todo cuando alcanzó las cañadas teidanas y el estrato volcán del Teide y Pico Viejo que había vomitado lava por el Pico de Chahorra un año antes, 1798, por las fisuras de las Narices del Teide que miraban para Guía de Isora y dejaron malpaíses y lavas cordadas como las que contemplé en los Lajiales de la isla de El Hierro, entre Tocorón y La Restinga, cuando comencé a trabajar en el Icona, y las que vi posteriormente en 1981 en la isla Grande de Hawaii al caminar por la caldera del Kilahuea.

De Canarias siempre he oído hablar de las históricas erupciones en las cumbres de Tenerife por el lado de Fasnia y de Garachico a principios del siglo XVIII y de la Montaña de Fuego, en el oeste de Lanzarote, entre los años de 1730 y 1736 donde hoy conocemos el Parque Nacional de Timanfaya. De las erupciones modernas, del siglo XX en adelante, he conocido cuatro. Tres en La Palma, en 1949, 1971 y 2021, y una en El Hierro, en 2011. Es decir tres en la isla Bonita por lo que afirmo que los volcanes han sido protagonistas y curiosamente en la zona conocida por Cumbre Vieja. El geólogo Telesforo Bravo nos lo enseñó cuando nos contó sus vivencias en Fuencaliente con el volcán Teneguía. Me llamó la atención la cadencia de unos 40-50 años en conocer erupciones volcánicas canarias.

Curiosamente la escritora y poeta cubana Dulce María Loynaz, Hija Adoptiva del Puerto de la Cruz y Premio Cervantes en 1992, viajó a La Palma en 1947 con motivo de su luna de miel con el periodista tinerfeño Pablo Alvarez de Cañas, al que había conocido en La Habana. Le sirvió para escribir en su novela de viajes Un Verano en Tenerife, la semana que pasó en La Palma. Me encantó tanto su descripción que encargué en 2004 la realización de la película Una Semana fuera del mundo a los directores, Aurelio Carnero, canario, y Juan Carlos Sánchez, cubano. Su estreno en La Palma fue todo un éxito y en los últimos años en el IES de San Andrés y Sauces. Curiosamente días antes de la entrada de la erupción del volcán de Cabeza de Vaca en la Cumbre Vieja de La Palma, había organizado la presentación de la película en el Casino Ycodense para celebrar el natalicio de Dulce María el mismo día de su cumpleaños y su paso por la isla de la Palma. Ello me servirá para repetir pronto la proyección en el Molino de Ana en las tertulias culturales de La Orotava. Como era lógico Dulce María recorrió toda la isla de La Palma y de manera especial los municipios de El Paso y Los Llanos, actualmente los más afectados por la erupción volcánica. Seguro que si levantara la cabeza necesitaría un tratamiento psicológico.

Este volcán ha servido para muchas cosas sobre todo para horrorizar a los ciudadanos de La Palma y en particular a los afectados por la erupción. Menos mal que dentro del caos ha funcionado el sistema de protección civil y que la ciudadanía ha creído en la ciencia, en lo que han dicho los científicos. Entiendo que las instituciones han demostrado en la primera semana de la tragedia volcánica que Todos somos La Palma.

He seguido la televisión canaria a lo largo de muchas horas y días y he de reconocer que el trabajo de su gente ha sido excelente a la hora de dar a conocer las imágenes del fenómeno que ha asustado a todo el mundo. Incluso los políticos han sabido estar a la altura de las circunstancias y por supuesto los científicos. Tanto en la tele como en la prensa, unos más que otros, pero Todos han sido La Palma como el resto de profesionales de las distintas Instituciones que han trabajado como nunca para ayudar a la ciudadanía palmera. Me consta que algunos de ellos han recibido tratamiento psicológico para afrontar esta “guerra” con la que se han topado con la naturaleza, por culpa de los volcanes, de sus cenizas y lapillis, de los piroclastos y las coladas lávicas, de los gases y azufres.

Esperemos que esto termine pronto y La Palma vuelva a ser la Isla Bonita en todos los sentidos. Yo se lo he “contado” a mis amigos palmeros que ya no están con nosotros y de manera particular al profesor Víctor Rodríguez Jiménez, un palmero de Todoque y sacerdote salesiano que en 1948 me enseñó a escribir en el Colegio de San Isidro de La Orotava. Fue amigo de verdad sobre todo en Los Altos de La Orotava, en 1979, cuando no había ni agua, ni luz, ni escuelas. Seguro que estará con mis hermanos Francisco y Dardi comentando la situación en La Palma, al igual que con el recordado amigo Antonio Santos, y preparando un Plan de Acción para que no se hunda espiritualmente La Palma, isla de volcanes.

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