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Jorge Bethencourt

el recorte

Jorge Bethencourt

El show del dolor

Hace tiempo que perdí mi confianza en el género humano. Tal vez por eso ya no me sorprenda que haya rateros oportunistas visitando las casas evacuadas a la fuerza a causa del volcán de Cumbre Vieja. Hemos convertido la realidad en una hiper realidad aumentada por el ojo de la televisión, que no descansa ni un minuto.

El eco en las redes sociales, ha estallado con una virulencia mucho peor que la del volcán. Mientras corren los ríos de lava por la isla palmera, por las plataformas discurre un imparable torrente de bulos, memes, burlas o insultos, en una confusa amalgama difícil de distinguir e imposible de parar.

Cómo estará la cosa que el presidente Torres —el presidente Angel Víctor, según el presidente Pedro— dijo, en una de sus comparecencias, una obviedad tan cruda como que ante el empuje de la lava no se pueden construir barricadas, diques o parapetos. Debe ser que alguien ha propuesto ese disparate con tanto entusiasmo como falta de cordura. No pensé que entre las funciones de los presidentes de gobierno esté la de responder memeces. Mañana, ya puestos, que explique la ley de la gravedad.

Los ciudadanos de La Palma que han perdido sus viviendas, fincas y enseres, necesitarán la ayuda generosa del Estado. Y tendrán ayuda pero no será generosa, ni rápida, si no se cambian las leyes.

Ese Estado para el que trabajamos todos los ciudadanos casi seis meses al año —es la equivalencia del importe de los impuestos que pagamos— debe utilizar esos fondos para ayudar a las personas más necesitadas. Las peticiones de donaciones, apelando a la generosidad de la gente y al impacto emocional que está causando la retransmisión del desastre, no debe sustituir las obligaciones de los poderes públicos. En cierta forma resulta muy chocante que instituciones públicas estén alentando esas campañas solidarias.

Hemos pasado del “maravilloso espectáculo” de la naturaleza, del “atractivo turístico” y de otras tonterías supinas, a la catástrofe aún por terminar. Las caras más famosas de la televisión nacional —algunos han descubierto que Canarias existe— han venido al circo mediático en que se ha convertido La Palma para adornarse, a prudente distancia, con los fuegos del infierno . Y los políticos se ha venido tan, pero tan arriba, que hasta el presidente Pedro ha confesado, en un momento paroxístico emoción, que está dispuesto a “reconstruir” la La Palma. Ya veremos.

La televisión está hiper ventilando. Rostros de gente aterrada. Testimonios de rabia. Casas destrozadas. Todo el mundo con la matraquilla de que la colada llegue al mar. Es espectáculo, pero no es ficción. Hay actores, pero la protagonista es la desgracia. ¿Qué ha sido del coronavirus? ¿Y de la vacunación? ¿Y de los inmigrantes? ¿Y del plátano? ¿Y de las cifras de la pobreza? ¿Y de los diez mil millones que perdimos el año pasado en una silenciosa catástrofe vírica? Todo, debajo de la lava.

Hola. ¿Me pones kilo y medio de palmero sufriendo? Planeando sobre las nubes de cenizas y azufre, algunas especies de medios de comunicación escrutan los pliegues del dolor en el rostro de la gente. Vivimos en el mundo de la comunicación instantánea y el “homo plasma” quiere saber lo que está pasando y cuando está pasando. Y cuanto más mejor. En ese frente están los informativos, desplegando todo su arsenal de explicaciones y transmitiendo útiles conclusiones de sobre de azúcar sobre las informaciones de los científicos. ¡Que pasen a primer plano los vulcanólogos y geólogos y vayan saliendo los virólogos y neumólogos, por favor! En ese rebumbio hay gente del otro circo mediático que llega a La Palma y se acerca por la zona afectada por la lava para pedir “alguien que esté sufriendo mucho”. O sea, uno que haya perdido la casa, que esté destrozado y que a poder ser se me eche a llorar en directo, que ya sabes, es para un programa de estos de tarde y hay que mantener la tensión emocional. Mala suerte que la señora que pidió carne dolorida se encontrara con un tipo que la grabó y le echó una bronca antológica. Y que luego lo subió a las redes. Combatir el fuego con el fuego.

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