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Juicio del Alvia

El interventor: “La llamada fue una fatal coincidencia; no sabía que existía esa curva”

"Yo en ese momento no sabía a ciencia cierta en qué punto kilométrico estaba", ha dicho al fiscal

El interventor, Antonio Martín Marugán, hoy, a su llegada al juicio en la Cidade da Cultura. ÓSCAR CORRAL

Un testimonio clave de la sesión del juicio del Alvia celebrada hoy fue el de Antonio Martín Marugán. En la actualidad ya jubilado, este hombre fue el interventor que aquella tarde, poco antes del descarrilamiento, realizó desde el interior del tren la llamada telefónica de 100 segundos de duración que acabaría “desubicando” al maquinista. La toma de declaración a este testigo se prolongó durante una hora y 45 minutos. Y lo que sostuvo fue que aquella fue “una llamada de servicio”, “dentro del servicio” y con “el teléfono corporativo”, que realizó ajeno a la “peligrosidad” del tramo que estaban a punto de encarar. “Yo no sabía ni que existía esa curva; fue una fatal coincidencia”, confesó, incidiendo en que si pudiese prever las trágicas consecuencias que tuvo “no la hubiese hecho”. En su comparecencia también negó que ocultase hasta dos veces a la Policía Nacional la existencia de esa conversación que después se reveló como una de las causas del siniestro: “No la negué, lo que ocurre es que me olvidé [de ella], mi mente borró eso; no tenía ningún interés en ocultarla ni recibí ninguna instrucción para ello”.

Marugán, que se fracturó una costilla y sufrió varios traumatismos en el accidente, no volvió a ejercer de interventor desde aquel 24 de julio de 2013. Estuvo de baja y después ya se jubiló. Con una experiencia profesional a sus espaldas de más de tres décadas, hasta ese aciago día viajaba por la línea del accidente, la de Ourense a Santiago, dos veces al mes. Aquella tarde, al filo de las 20:39:06 horas, hizo aquella hoy trascendental llamada al teléfono corporativo del conductor. La conversación, de algo más de un minuto y medio, se mantuvo hasta las 20:40:55. Segundos después, a las 20.41.06, el tren descarrilaría. ¿Cuál fue el motivo de la misma? El interventor explicó que la hizo de “motu propio”, por el “confort” de una familia que viajaba desde Madrid y que, a las 22.16 horas, debía bajar en la estación de Pontedeume con un niño pequeño y equipaje. Quería consultar a Garzón si, de las dos existentes, sería posible usar la que era más excepcional, la vía de entrada que tenía acceso directo al andén.

Nada “anormal” en el viaje

En aquel viaje no notó nada “anormal” relacionado con la conducción o la velocidad. Cuando telefoneó al maquinista “suponía” que ya estaban cerca de la estación de Santiago, pero ignoraba en qué “punto” del recorrido del tren estaban. La hizo en ese momento porque estaba desocupado, “relajado”, “sin nada que hacer”. En la parada en Compostela, explicó, sí tenía tareas que realizar que le impedirían comunicarse con el conductor y en el trayecto de Santiago a A Coruña la comunicación ya no sería posible por la “nula” cobertura.

¿No podía esperar a otro momento a hacer una llamada que no era urgente y que contribuyó decisivamente a distraer al maquinista? El fiscal fue incisivo en sus preguntas al testigo. El interventor insistió en que era ajeno a la peligrosidad del tramo y que en todo caso el no telefonea por “cosas banales”. “Era una cuestión de servicio, no para quedar a tomar unas cañas al llegar”, dijo. “No sabía en qué punto kilométrico estábamos, si íbamos en una curva o estábamos en recto. Yo esa curva [la de A Grandeira donde fue el siniestro] no sabía ni que existía, no lo supe hasta que ocurrió el accidente”, añadió. Y apuntó que, en todo caso y en último término, el conductor podía decidir si contestar al teléfono o, al contrario, no hacerlo al no verlo “conveniente” en dicho momento. La llamada, argumentó, queda “registrada” y podría devolverla cuando lo considerase procedente. “Si yo hubiese previsto las consecuencias de esa llamada, no la hubiese hecho”, resumió, insistiendo en que la comunicación duró lo que tenía que durar – “no es un telegrama, tengo que explicarme...”, señaló– y que finalizó antes del descarrilamiento. Cuando ocurrió el accidente, el teléfono móvil, concretó, lo tenía guardado en el bolsillo.

La Policía Nacional, en la anterior sesión del juicio, expuso que el interventor, al inicio de la investigación, les negó hasta en dos ocasiones la existencia de esa conversación telefónica. Martín Marugán rechazó dicho extremo. “No lo dije porque me olvidé”, aseguró. Estaba en shock por lo ocurrido: “Mi cabeza 48 horas escasas después de lo que pasó en el accidente...” No fue hasta varias días después, a raíz de un comentario de una sobrina suya, cuando cayó en que había tenido ese contacto telefónico con Garzón previo al descarrilamiento, explicó en el interrogatorio. “No tenía ningún interés en ocultarla, tampoco ninguna instrucción de nadie para que no dijese nada de eso”, señaló. En ese momento estaba contestando al abogado de una de las plataformas de víctimas. Dado el cariz de las preguntas la jueza llegó a intervenir para indicarle al letrado que estaba “ante un testigo” y no ante “un acusado”.

Sobre esta cuestión, la de la llamada, que inicialmente también fue ocultada por Garzón, el interventor declaró que en ningún momento acordó con el maquinista nada relativo a esa comunicación. Cuando habló con él, bastante tiempo después del accidente, no abordaron dicha cuestión: “Hablamos de cómo nos encontrábamos, no sobre el accidente, no era un tema para recordar en esos momentos”.

El vigilante: “Los maquinistas decían en corrillos que era un tramo peligroso”  

El guarda de seguridad que iba con el interventor cree que la llamada terminó de forma abrupta cuando Garzón se dio cuenta del peligro

En el mismo vagón que el interventor viajaban el vigilante de seguridad del tren y otro empleado de Renfe, un mecánico, que ese día iba como viajero. El vigilante, Celso Castor González, estaba al lado de Antonio Martín Marugán y, en su declaración de hoy en el juicio, fue crítico con el momento en que éste realizó aquella llamada telefónica al maquinista. “No me pareció normal, podría haber esperado a llegar a [la estación de] Santiago o a la de A Coruña, donde iba a ver al conductor porque allí había un cambio de cabina”, manifestó.

Aún afectado por aquel viaje – “seguir trabajando en el lugar donde casi pierdes la vida no es de agrado”, contestó al fiscal–, Celso recuerda que, poco antes del accidente, “notó que el tren iba muy deprisa”. “La velocidad no era la de siempre”, aseguró. Volviendo a la llamada, su sensación es que se extendió hasta el lugar del descarrilamiento: “Creo que no llegaron a colgar el teléfono; el maquinista debió de darse cuenta de lo que pasaba, tiró el suyo y frenó... Vi como el interventor se quedó con el teléfono en la mano como diciendo: ‘este no me sigue hablando’. Al rato el tren frenó y fue cuando...”. Este testigo también relató que en “corrillos” los maquinistas decían que esa curva era “bastante peligrosa”.

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