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Crisis volcánica | Brotes para la recuperación

‘Resucitando’ los viñedos

Aunque Francesca Fort reconoce que las probabilidades de recuperación no son muchas, también sostiene que la esperanza es lo último que se pierde

Un viñedo sepultado por la ceniza del volcán. CSIC/ MANUEL NOGALES

Cuatro meses antes de la erupción, entre enero y mayo de 2021, el grupo de Tecnología Enológica del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, liderado por la prestigiosa científica Francesca Fort, recogió muestras de vides palmeras para estudiar su ADN y ahora confían en poder obrar el milagro de recuperar algunas variedades arrasadas por el volcán.  


¿Cuestión de azar o un nuevo triunfo de la ciencia? El hecho es que solo cuatro meses antes de que el volcán comenzara a rugir y vomitar lava y cenizas sobre la Isla, entre enero y mayo de 2021, el grupo de investigación en Tecnología Enológica del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, liderado por la prestigiosa científica Francesca Fort –experta en el análisis de ADN de las uvas canarias–, había desarrollado el trabajo de campo de recogida de material para un estudio genético sobre las variedades de vid de la Isla.

Esta singular empresa fue fruto del convenio de colaboración suscrito por el Consejo Regulador de la D.O. Vinos de La Palma y la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias con este equipo de investigación y ahora, gracias a las muestras de vides recogidas en suelo palmero, se abre la posibilidad de resucitar variedades ancestrales y cepas desconocidas, algunas de ellas con más de un siglo de antigüedad, y otras que desaparecieron sepultadas por la lava o las cenizas del volcán.

Trece de estas muestras, propiedad de cinco viticultores, están enterradas bajo la lava y las cenizas del volcán, lo que las hace irrecuperables; ocho de ellas tenían más de 100 años.

El primer objetivo que se planteó el estudio fue localizar nuevas variedades locales y variaciones (mutaciones) de determinadas vides adaptadas durante siglos al suelo de La Palma y que acaso podrían encontrarse en proceso de extinción para, de esta forma, conservar el patrimonio vitícola.

Ya advierten los investigadores que determinar la caracterización genética de las muestras que se encuentran en estos momentos en los laboratorios de la Universitat Rovira i Virgili llevará, aproximadamente, un año. Será posteriormente, y aunque no se había concebido como el propósito inicial de esta investigación, cuando esas muestras podrían servir para recuperar algunas de las viñas que fueron arrasadas por la lava y las cenizas del volcán.

El ‘milagro’ de los sarmientos

Para llevar a cabo esta compleja tarea, los científicos centran toda su esperanza de éxito en los sarmientos, que permanecen congelados y que llegaron a Tarragona junto a las yemas. Es ahí, precisamente, donde se encuentran las células embriones y gracias a técnicas in vitro (que están disponibles en otros laboratorios del Estado español) este podría ser el punto de partida para recuperarlas. «Las probabilidades no son muchas», asegura Francesca Fort con total franqueza, aunque sostiene que «la esperanza es lo último que se pierde» y, más aún, en el caso de los canarios y en concreto de los palmeros, que siempre han dado una buena lección de resiliencia. «Vamos a empatizar con ellos», apuesta la investigadora.

Lo cierto es que desde que comenzó la erupción, Fort no dejó de seguir, con angustia y preocupación, las noticias que le llegaban desde la Isla. Se abrió entonces un hilo de comunicaciones constantes, de ida y vuelta, acompañadas de un leve sonido de fondo: la esperanza de no perderlo todo gracias a las muestras que se custodiaban en el laboratorio. Con todo, al final el volcán se tragó alrededor de 40 hectáreas de viñas (sobre el total de 480 que están registradas en la Isla) según los datos del propio Consejo Regulador de la D.O. Vinos de La Palma. Esta superficie estaba ocupada, mayoritariamente, por variedades como el listán blanco (palomino fino) y el mollar cano, y, en una menor proporción, por la malvasía de la Palma (malvasía de Sitges, malvasía aromática), el sabro (variedad local que sólo se encuentra en la Isla) y la forastera blanca. Sin embargo, los científicos no descartan que haya variedades nuevas, individuos no catalogados.

La mayoría son ejemplares centenarios que provienen de diferentes viñedos repartidos por toda la geografía insular. Trece de estas muestras, de las que ocho tenían una edad superior al centenar de años, eran propiedad de cinco viticultores y ahora se encuentran enterradas bajo la lava o las bocas del volcán: «Son totalmente irrecuperables», afirma Francesca Fort.

Poda: poco tiempo y mucho por hacer

Los responsables de la D.O. Vinos de la Palma visitaron las zonas afectadas por la erupción para conocer de primera mano las necesidades y establecer líneas de actuación. Reunidos con los viticultores destacaban la urgencia de limpiar las pistas para poder acceder cuanto antes a las parcelas afectadas (trabajos que ya se están realizando); disponer de agua de riego para garantizar suministro a las nuevas plantaciones y replantaciones que se hagan y estudiar la posibilidad de abrir una vía de acceso rápido entre la zona norte del volcán y la sur. En palabras de los propios viticultores, «la poda se nos echa encima, queda poco tiempo y mucho por hacer. ¡El momento es ahora o nunca!».

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