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Erupción en La Palma | El avance de las coladas

Los vecinos de La Laguna pretenden burlar al volcán de La Palma

Aunque ya no está el colegio, la gasolinera o la asociación de vecinos, sus habitantes esperan construir su futuro en el barrio

Imagen de una vivienda a punto de ser sepultada por una avalancha de lava en la localidad de Tajuya, en La Laguna. ÁNGEL MEDINA (EFE)

Los vecinos de La Laguna (Los Llanos de Aridane) ven cómo la lava sigue causando estragos entre sus viviendas y ha sepultado el colegio, la gasolinera y la asociación vecinal, pero aún defienden la opción de continuar siendo el barrio de siempre tras la catástrofe.

El barrio de La Laguna sigue sufriendo la furia de las coladas del Tajogaite, abandonado a su suerte tras la evacuación de sus 1.600 vecinos. Estos defienden la oportunidad de reconstruir su barrio a partir de las cenizas, logrando retornar a los lugares de siempre para fortalecer el arraigo con un territorio que les ha visto crecer.

Marcelino Rodríguez es un referente vecinal. A través de la labor social y cultural que dirige desde la Sociedad Velia de Instrucción y Recreo, que ya sucumbió a la lava, ha configurado una personalidad cercana y comprometida. Su casa aún se mantiene en pie, pero destaca que «te vas haciendo a la idea», porque «estamos a punto, sabes el desenlace y ya está». Por eso prefiere que el avance de la lava consiga su devastación «cuanto antes mejor».

Marcelino ha visto que la mitad de su barrio ha desaparecido. Todo lo que se ha perdido «es material», pero lamenta que dentro de esas casas «hay algo que es recuerdo». Se refiere Marcelino a que tanto La Laguna como el ya desaparecido Todoque «no son barrios dormitorios que vas a trabajar y vuelves a dormir». Para Marcelino «esto no es un barrio rural o dormitorio, aquí hemos levantado nuestras vidas». Por eso apela al arraigo de un territorio del que «nos cuesta irnos», destaca, apuntando que «si nos vamos haremos la casita al lado», ya que no es solo el recuerdo de una persona, «se trata de muchas generaciones que quedan atrás», por lo que recalca que «esas paredes son importantes».

Marcelino destaca que, aunque «ahora estamos llorando todos por todos», cuando le llegue el turno a su casa de sucumbir ante la lava, «lloraré con mi familia». Un caso distinto es cuando se destruye el colegio, que «lloraremos todos los que estuvimos allí, cuando caiga la iglesia nos pasará lo mismo porque rezamos juntos y nos bautizamos en ella, y con la plaza pasa lo mismo porque allí estuvimos de fiesta».

«Esto no es un barrio rural o dormitorio, aquí hemos levantado nuestras vidas»

Marcelino - Vecino de La Laguna

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Lo mismo ocurre con la Sociedad Velia, fundada en 1932, en plena República, «con el esfuerzo de mucha gente», señala Marcelino, suponiendo un verdadero avance para la época, en la que hombres y mujeres compartían la dirección y gestión de la actividad cultural y social. Lamenta que «el edificio se va», aunque les dio tiempo de retirar su historia y documentación. A pesar de la destrucción, Marcelino pone de relieve que «la sociedad seguirá existiendo».

También reivindica la necesidad de que «hablen de nosotros», considerando que «más deberían hablar para que no nos olviden y que lleguen recursos». En este sentido, muestra su rechazo a quienes indican que «estamos sobre volcanes y no deberíamos vivir aquí», puesto que este vecino de La Laguna destaca que «vivimos aquí desde antes de la conquista» y añadiendo que «nadie puede venir a valorar nuestra historia». Pero también recuerda que «aún no es el día después», ya que la emergencia no ha terminado, aunque sí reconoce que le gustaría no irse de La Laguna. Propone que el barrio crezca hacia el norte, porque «necesitamos un sitio en el que poner un cartel con el nombre del barrio».

Así, añade que «más adelante podremos pensar en otro centro, con una plaza chiquita y una iglesia con San Isidro», patrón de La Laguna, y en donde se les permita volver a tener arraigo y crear «ese entorno más o menos igual».

«Tenemos que seguir»

Entre lágrimas, Marcelino lamenta que «ya no iremos a la iglesia, ni a la farmacia, ni veremos a los niños pasar para ir al colegio. Ya la bombona no lo compraremos en la gasolinera. No veremos a la gente desayunar en el bar Central». Defiende que ese es el arraigo, «y lo veremos en otro lado porque tenemos que seguir viviendo».

La vida marina se abre paso cerca de la fajana de lava del nuevo volcán de La Palma

Otro vecino es Javier González, un joven empresario que hace uno años decidió invertir sus ahorros granados trabajando en las plataneras en la creación de una empresa audiovisual. Con «brutales» esfuerzos para sacarla adelante, reconoce que hace semanas que comenzó a sacar el material de la nave situada en la falda de la Montaña de La Laguna.

«Lo vi venir», lamenta Javier, ya que desde que la lava llegó al Polígono Industrial del Callejón de la Gata, «tenía claro que iba a llegar hasta mi nave». Y es que, como conocedor del terreno, asegura que «la lava no es como el agua, su comportamiento no es el mismo», no siguiendo los cauces de las barranqueras de la zona.

Aún con humor, y mientras espera conocer si el avance de la lava afecta a su propiedad o no, reconoce que tiene momentos de «bajona» y otros en los que «el corazón se me va a salir». A pesar de eso, destaca que «tenemos que mirar hacia el futuro».

En el seguimiento de los efectos de las coladas, es consciente que es precisamente a la altura de su empresa donde la lava que avanza paralela a la carretera de Tazacorte, llevándose por delante medio barrio de La Laguna, chocará contra la falda de la montaña. Dice que «tiene asumido» que la lava no va a circular hacia el sur. «Va a buscar la salida más rápida, que es hacia el norte», lamenta, ya que apunta a un gran desnivel del terreno por la parte de atrás de la montaña y seguirá hacia el mar, señala.

Javier apunta que «vamos a perder el local», pero se muestra tranquilo porque «el material está fuera». Ahora ya está buscando un nuevo local donde poder seguir desarrollando su actividad empresarial, aunque también pone de relieve que «vamos a luchar para que no desaparezca el arraigo del barrio». A Javier le cuesta pensar que ya nada será igual, ya que «toca mucho lo que está pasando porque es nuestra gente». Para él, es un sentimiento duro de afrontar el perder las costumbres de ver a las mismas personas, en los mismos sitios y haciendo las mismas cosas de siempre.

«Este lugar ha sido, es y seguirá siendo el espacio donde quiero escribir mi futuro»

Clara - Vecina de La Laguna

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Otra vecina es Clara González. Su casa estaba en el cruce de la Cruz Chica. Ese espacio ya no existe, y su casa tampoco. Está bajo varios metros de lava que arrasaron la zona en la madrugada de este jueves. Lamenta que «uno nunca llega a valorar lo que tiene hasta que lo pierde, pero yo sí». Y es que valora «mucho» su casa, cada uno de sus rincones, «lo que se vivía en ella en cada momento». Creció en ella, y dice sentirse orgullosa de decir que «La Laguna ha sido, es y seguirá siendo el lugar donde quiero escribir mi futuro». De ahí se lleva grandes amigos, «esos que conocías en la guagua al ir al instituto con 13 años» y a los que «cada romería te los encontrabas a todos en la plaza».

En esos eventos sociales se «nos comíamos la paella sentada en el muro de la asociación», refiriéndose a la Sociedad Velia, también engullida por las coladas de lava. «Eso era la felicidad», destaca Clara, quien lamenta que «ya no volveré a decorar en Navidad la casa», con su madre, ni tampoco a aparcar el coche «en la isleta del cruce sin que te multaran». De su casa guarda el recuerdo de las celebraciones en el jardín que cuidaba su madre con cariño. A ellos, dice que volverá en sus sueños, ya que «en mis recuerdos siempre estará».

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