El cardenal arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez Sistach, hizo ayer un llamamiento a la conducción responsable, prudente y solidaria, y afirmó que "conducir mal, imprudentemente, en malas condiciones físicas o psíquicas, es una patente de homicida o de suicida" y que conducir bien es un deber que calificó de "civil y moral"

En su carta dominical que publicó la Hoja Parroquial de su archidiócesis y bajo el título de "¿Cómo conducimos?", el cardenal aprovecha la próxima festividad de San Cristóbal (10 de julio), patrón de los automovilistas, para hacer un llamamiento a la prudencia en unos días en que aumenta la circulación por las carreteras con motivo del verano.

"Sería bueno que pensásemos un poco en el deber civil y moral de conducir observando las normas de tráfico, con prudencia y solidaridad. Las cifras de accidentes, que las autoridades correspondientes se esfuerzan en reducir, tienen que hacernos tomar conciencia de nuestra responsabilidad cuando conducimos", explica el cardenal.

Martínez Sistach recuerda que la mayoría de accidentes de tráfico están ocasionados por fallos humanos como la velocidad excesiva, adelantamientos indebidos, no respetar las señales o despistes y que muchas de las víctimas son jóvenes, algunas de las cuales se quedan hemipléjicas.

"Hay que tener muy en cuenta que cuando se conduce el coche o la moto no se hace en la jungla, aislados completamente de los otros", argumenta el prelado, que recuerda a los conductores que también son responsables "no sólo de nuestra vida, sino de la de los otros".

"Conducir bien es sinónimo de solidaridad: es un deber de justicia y de caridad", concluye el cardenal barcelonés.