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El legado de Lucas

Esperanza Bosch creó una Fundación con el nombre de su hijo, que se suicidó con 18 años, para impulsar la salud física y mental desde la infancia

Esperanza Bosch en el parque de San Telmo, en la capital grancanaria. Juan Castro

La generosidad, el compañerismo y el amor por el deporte, definen la personalidad y calidad humana de Lucas Bosch. Tras su muerte, a los 18 años, su madre Esperanza Bosch, canalizó su dolor en un proyecto que ha dado sentido a su vida y que se sustenta en los valores del joven. A través de la Fundación Lucas Bosch, creada hace dos años con la ayuda de su madre y de su entorno más cercano, promueve en el ámbito deportivo, la salud física y mental desde la infancia, así como la inclusión social y el valor de la formación.

«Después de la muerte de Lucas, que estudiaba Educación Física con una beca de fútbol en Estados Unidos, no sabía qué iba a hacer con mi vida, ni qué sentido darle a esto. Y entonces se me ocurrió la idea de la Fundación para mantener la memoria de mi hijo, recordando su personalidad, ya que, a partir de su fallecimiento nos llegaron muchos mensajes de amigos en EEUU y de otros lugares, sobre la generosidad de Lucas, siempre dispuesto a ayudar».

La Fundación Lucas Bosch se sustenta en los valores de solidaridad y compañerismo que definían la personalidad y calidad humana del joven deportista

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Una generosidad que cultivó a través de la práctica del fútbol. Primero en el Club Deportivo Heidelberg, el centro en el que estudió, y posteriormente en el Club Escuela de Fútbol Puertos de Las Palmas donde fichó a los 15 años, ya que le daba la oportunidad de optar a la beca en Estados Unidos. «Al cambiar de club, Lucas descubrió una realidad social ajena totalmente a su entorno. Con 15 años, estaba con chicos de 18 que no habían acabado el graduado escolar, lo cual le sorprendió mucho». Así, a través del deporte, el joven ve otras realidades sociales con las que antes no había tenido contacto y empieza su propia experiencia integradora, cultivando los valores de solidaridad y compañerismo que ahora, su madre y su abuela, inyectan a la sociedad a través de la Fundación Lucas Bosch.

«Hay que aceptar las cosas como son ante las desgracias. Yo decidí encauzar, compartir y transformar en amor, y cuanto más amor das, más recibes»

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Un legado que ha ido creciendo en estos dos años gracias a la cadena de solidaridad y cariño que generó la Fundación desde su inicio, empezando por el respaldo de los dos clubs deportivos en los que había jugado el joven -Heidelberg y Puertos de Las Palmas-, al que posteriormente se han sumado Veteranos del Pilar, Gáldar CF y la propia Fundación de la UDLas Palmas. Entre todos han contribuido a generar un instrumento de cooperación y promoción de actividades deportivas desde la infancia, como elemento vehicular de oportunidades para la formación personal, el bienestar físico, mental, nutricional, social y cultural.

Además de contar con la colaboración de amigos y profesionales de la de la salud y el deporte, Esperanza Bosch ha puesto su experiencia como psiquiatra, en la celebración de eventos en los clubs deportivos, no sólo dirigidos a menores y jóvenes, sino a los propios padres, técnicos..., visibilizando y aportando estrategias para favorecer la salud mental positiva y los hábitos y conductas saludables como herramienta de prevención; además de acciones que promueven la educación, la inclusión, la igualdad de género, sostenibilidad ambiental y, en definitiva, todos aquellos valores inherentes a la práctica deportiva.

Un trabajo que ha traspasado fronteras, tras poner en marcha proyectos de cooperación internacional, como el de la Escuela Wara Wara en Kabala, Sierra Leona, a la que asisten 365 escolares, que han reparado y dotado de mobiliario.

«La Fundación, sobre todo, me da un sentido. Ante las desgracias, tienes que aceptar las cosas como son y, una vez hecho, hay que decidir seguir adelante sanamente o no. Yo tomé la decisión de que esto tiene que tener una utilidad, lo tengo que encauzar, compartir y transformar en amor, y cuanto más amor das más recibes».

Esperanza Bosch, que hace honor a su nombre, ha logrado transformar su dolor en un proyecto que promueve y cultiva la salud, la educación y la igualdad de oportunidades en las nuevas generaciones, a través del ejemplo indiscutible de Lucas Bosch.

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