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Rafael Rebolo Director del Instituto de Astrofísica de Canarias

Rafael Rebolo: «La protección del cielo ha permitido atraer grandes proyectos a las Islas»

El director del IAC, Rafael Rebolo. | MARÍAPISACA

El actual director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Rafael Rebolo, era un «joven investigador con un puesto recién logrado en el centro» cuando su fundador Francisco Sánchez logró convencer a España de la necesidad de contar con una normativa de protección del cielo. Ahora, más de 30 años después, defiende la relevancia pasada y futura de su articulado.

¿Qué tiene de especial esta ley?

Protege un recurso natural excepcional de Canarias, especialmente de La Palma. Para la gente puede ser extraño pensar que el cielo es un recurso natural con importancia económica, pero lo es y mucho. Permite que el 3% del PIB de La Palma sea del sector de la astrofísica. Si seguimos protegiéndolo alcanzaremos el 5% o incluso, si tenemos la suerte de traer los grandes proyectos únicos del mundo como el TMT, un 6% del PIB de la isla dependería de ese recurso. Es la esencia que protege esa ley, la posibilidad de que el valor científico del cielo se perpetúe en La Palma, pero también en Tenerife y en toda Canarias.

¿Por qué se eligió La Palma?

Tiene unas condiciones naturales muy parecidas al cielo de Tenerife pero la contaminación artificial de la Isla en los 80 era muy inferior en La Palma, y ahora lo sigue siendo. En Tenerife, siendo un cielo igualmente con unas condiciones excepcionales, su capacidad de realizar ciencia excepcional está más limitada. Ese velo luminoso que da la contaminación lumínica hace que no tenga sentido la instalación de telescopios de diámetro mayor de dos metros para hacer investigación del Universo. Sería de agradecer que la contaminación se controlase para no ir a más y, por tanto, seguir teniendo capacidades de investigación nocturna aquí en Tenerife, pero comprendemos también que es mucho más difícil de limitar con una población tan grande y con una actividad turística tan elevada en la Isla.

¿Por eso Izaña se ha centrado en la observación diurna?

Sí, tradicionalmente ha sido por eso que en Tenerife hemos puesto los telescopios solares y se ha concentrado la observación nocturna con telescopios de tamaño pequeño. Tenerife tiene un cielo que todavía permite una investigación astrofísica excepcional. Aquello que podemos hacer en Tenerife lo hacemos y las grandes instalaciones más exigentes se llevan a La Palma.

¿De dónde parte la necesidad de proteger el cielo?

La visión del director del IAC fue muy clara. En La Palma las condiciones son excepcionales y sabía que en el futuro acogería las mayores y más importantes instalaciones para investigar el Universo desde la superficie del planeta. Pero para que eso se diera no se podía perder ese recurso natural.

¿Fue fácil convencer a las instituciones?

Al principio era un trabajo pionero que tenía que consolidarse en el tiempo. Si el sitio es excepcional, los datos lo van a demostrar pero las medidas se tienen que hacer año tras año para demostrar que se mantiene en el tiempo. Las primeras mediciones empezaron en los años 70 y se siguen realizando. La base de datos que tenemos es incuestionable. Puede haber sitios comparables o mejores en el mundo, pero si todas las condiciones son iguales, el hecho de estar más protegidos permite más calidad. Por ejemplo, en China hay sitios con 5.000 metros que son un auténtico desastre y por eso les intento convencer de que consideren la colaboración. En el mundo está claro que Canarias, Hawaii y la cumbre del desierto de Atacama son los mejores emplazamientos para la observación astronómica.

Entiendo que esas medidas y la propia ley les sirven para convencer al mundo de la calidad del cielo isleño...

Sí, porque la serie de datos es incuestionable pero, además, hay equipos internacionales que tienen su propia serie de datos para contrastar los nuestros.

Es una norma pionera en el mundo. ¿Se ha replicado?

Ha sido inspiradora de otras en otros territorios y hay muchas normativas que protegen ciertas reservas de cielo que son extraordinariamente oscuras. Lo que no existe es una norma a nivel nacional que regule algo así en otro país. Chile, por ejemplo, también quiso proteger ese recurso natural porque allí las inversiones son muy superiores a las de Canarias.

¿Influye a la hora de atraer proyectos científicos?

Sí, sí, claramente. El bien puede tener un valor hoy que se puede degradar mañana. La ley lo que asegura es que se protege ese recurso natural y cualquier institución que quiere hacer una inversión de 2.500 millones se siente más segura si hay una ley que garantiza que esa actividad va a permitirse en el tiempo.

¿La protección del cielo está relacionada con el rápido éxito de la astrofísica de las Islas?

Nos ha permitido tener instalaciones punteras que hemos construido nosotros, como el Gran Telescopio Canarias, que está reconocido como uno de los mejores del mundo ahora mismo. Pero antes de eso, tras la creación de los observatorios, países como Reino Unido, Italia o Alemania trajeron sus mejores instalaciones aquí, con la ventaja de que permitieron a nuestros equipos hacer uso de ellas. Esto sirvió para que fuéramos formando la capacitación tecnológica al mismo tiempo que usábamos ya los mejores medios disponibles en el mundo. Evidentemente, la calidad del cielo y su protección han sido vitales.

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