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TERRITORIO VINTAGE

Un cadáver molesto

El cuerpo de Mussolini, fusilado por partisanos, reapareció en el verano del 46 tras ser robado por fascistas y escondido en lugares tan insospechados como un convento y un maletero

Benito Mussolini, pasando revista a las tropas.

Benito Mussolini, pasando revista a las tropas.

El cadáver de Benito Mussolini llevaba tiempo desaparecido. La noche del 22 al 23 de abril de 1946 unos nostálgicos de la dictadura fascista desenterraron y robaron del cementerio Mayor de Milán sin saber bien qué hacer con él. Desde entonces, nadie supo del paradero de los restos del dictador hasta que, en el verano de 1946, hace 75 años, Lamberto Heldens contó que otro sacerdote lo había traído —en una caja, escondida en el maletero de un coche— a la Cartuja de Pavía, un monasterio ubicado a unos 30 kilómetros al sur de Milán en el que Heldens era prior.

La noticia llegó entonces al agente de policía Vincenzo Agnesina, que acudió al monasterio, se incautó de los restos, y se los llevó de vuelta a Milán. De ahí que las últimas imágenes del cadáver de Mussolini sean en la comisaría de esta ciudad italiana. Son fotografías que se han conocido en los últimos años porque sobre las andanzas de los restos del dictador ha habido muchas versiones a lo largo del tiempo, algunas contradictorias entre sí.

Muchos misterios sobre los restos de Mussolini nunca se han resuelto, así como tampoco se ha sabido exactamente por qué, después de estos hechos, las autoridades ocultaron el cadáver durante una década más. Las especulaciones han sido muchas. Se llegó a decir que el cadáver había sido entregado a la Iglesia católica por uno de los ladrones, y que luego esta contactó con el Gobierno. Una de las versiones más acreditadas apunta a que desde el verano de 1946 y durante los once años siguientes, el Gobierno decidió ocultarlo en el convento de Cerro Maggiore, cerca de Milán, donde se cuenta que primero estuvo escondido bajo el altar hasta que el mal olor obligó a trasladarlo a un armario. De hecho, la discusión sobre el paradero del cadáver terminó incluso siendo objeto de debates en el Parlamento italiano, hasta que finalmente el Gobierno del democristiano Adone Zoli decidió devolver los restos a la familia en 1957.

Mussolini, el déspota que ensangrentó Italia durante la Segunda Guerra Mundial y que luego fue ejecutado a tiros en 1945, se encuentra hoy en el cementerio de San Cassiano in Pennino, en el pequeño pueblo de Predappio, en una capilla familiar que custodian sus descendientes. Problema: desde entonces, Mussolini nunca ha dejado de agitar cíclicamente la política italiana y la historia del cadáver incluso ha sido objeto de libros y películas. Las razones son múltiples, pero una de ellas es que sus restos mortales son el destino de una suerte de turismo nostálgico de gente que, vestida de negro, acude al pueblo, en especial en los aniversarios de su nacimiento (1833), muerte (1945), y de la Marcha sobre Roma de octubre de 1922, fecha que históricamente es considerada como el inicio del régimen fascista y el fin (hasta la liberación del país) del sistema parlamentario democrático.

De hecho, varios gobiernos italianos han hecho esfuerzos por quitarle hierro al asunto. Tanto que el camino hasta Predappio es hoy una carretera de curvas que serpentea sin descanso, tras más de tres horas por autopista desde Roma, por unos caminos secundarios por los que no es difícil perderse, en medio del idílico paisaje de la roja Emilia Romaña. Una región en la que, por muy deslucida que esté, la izquierda, que aquí gobierna a escala regional desde hace décadas, aún representa riqueza y bienestar. Donde el paro no supera el 7% aun con la pandemia y el PIB per cápita sigue siendo uno de los más altos de Italia.

Esta voluntad de borrón y cuenta nueva se refleja incluso en las calles de Predappio, algunas de las cuales llevan los nombres de combatientes de la resistencia italiana que lucharon contra los fascistas, mientras que otras vías homenajean a próceres de la República. Mussolini sobrevive principalmente en unas inquietantes tiendas de souvenirs, en su casa natal y en la tumba familiar del pueblo, que es privada y en mayo rebrió después de cuatro años cerrada.

Tumba problemática

Aun así, el asunto no ha dejado de ser problemático. Incluso naufragó el año pasado la iniciativa de convertir la abandonada Casa del Fascio de Predappio —antaño sede del Partido Fascista local— en un centro cuya función habría sido la de analizar y desmitificar el legado de Mussolini.

Por supuesto, buena parte de las controversias han sido animadas a lo largo de los años por sus descendientes. En 2006, Guido Mussolini, nieto del dictador, pidió la exhumación del cadáver para descubrir la identidad de sus verdaderos «asesinos», lo que llevó a la apertura de un expediente por parte de la Fiscalía de Como que finalmente acabó en papel mojado. La también nieta Alessandra Mussolini, la más conocida del clan y exeurodiputada, no ha desaprovechado el lugar durante las campañas electorales e incluso ha mantenido una polémica con Instagram después de que la red social suspendiese su cuenta debido a que en uno de sus mensajes aparecía la imagen de la cripta.

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