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las mejores cosechas musicales

1971¿El mejor año de la historia del rock?

Asif Kapadia (‘Senna’, ‘Amy’) es el capitán de ‘1971: El año en el que la música lo cambió todo’, un repaso musical, social y cultural a un período en que muchos de los grandes grabaron alguna de sus grandes obras

The Rolling Stones. | ELD

The Rolling Stones. | ELD

En principio, la música nunca suena mejor que cuando tienes 15 años: cada nota importa, cada verso habla de ti. Pero el periodista musical David Hepworth tenía ya 21 en 1971 y eso no le impidió defender dicho año como Cumbre de la Música Popular durante más de 400 páginas. Inédito en España (quedaría muy bien en la colección de Editorial Contra), el apasionado ensayo de 2016 Never a dull moment (Ni un momento flojo) explica cómo música y política se alimentaron mutuamente durante aquellos meses para generar momentos y discos históricos.

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La lista de estos últimos impresiona: What’s going on de Marvin Gaye (que empieza a ser el Ciudadano Kane de las listas de mejores discos jamás publicados), Hunky dory de David Bowie, Sticky fingers de los Rolling Stones, IV de Led Zeppelin, Tapestry de Carole King, Who’s next de los Who, Nilsson Schmilsson de Nilsson… La lista sigue y sigue y corta la respiración. Entre los debutantes, gente (sobrehumana) como Bill Withers, Gil Scott-Heron, Crazy Horse y Judee Sill.

«Cuando Hepworth me explicó el año sobre el que estaba escribiendo y me recordó todos los discos aparecidos esos meses, me quedé con la boca abierta», nos explica el productor cinematográfico James Gay-Rees a través de videollamada. «Esa creatividad, unida al incomparable estilo y tono de aquella época, podían dar pie a una serie realmente interesante». Y ha dado pie, así es: los ocho episodios de 1971: El año en el que la música lo cambió todo llegan el viernes, día 21, a Apple TV+.

Música negra

1971 es solo el último proyecto de Gay-Rees en compañía de su socio en la productora On The Corner Films, el gran director (de documental y ficción) Asif Kapadia, quien reconoce no haber sido un experto en la época antes de explorarla para la serie: «James era el entendido, aunque era pequeño por entonces [nació en 1968]. Yo nací en 1972, y en casa no me ponían a los Stones o a Bowie. Solo oíamos música negra. Me encantó poder aprender sobre aquellos días a través de tanto material de archivo [repasaron miles de horas] tan bien conservado; era sencillamente como estar ahí».

Con los largometrajes Senna, Amy y Diego Maradona, Kapadia, Gay-Rees y su inseparable y superdotado montador Chris King (aquí al cargo de dos episodios, además de productor) redefinieron de forma vibrante los documentales sobre cultura popular. Ni rastro de cabezas parlantes: en el momento en que aparecen, lo que es vida recuperada se vuelve nostalgia trasnochada. Solo material de archivo (vídeo y audio, este último a veces original) cosido con primor y tensión narrativa; en el caso de Amy y ahora también 1971, ornamentado con letras de canción sobreimpresas que, enlazadas con ciertos eventos o imágenes, adquieren una nueva resonancia.

El tema titular del citado clásico de Marvin Gaye no tenía signo de interrogación, como pretendía su co-compositor Renaldo Obie Benson (de los Four Tops): What’s going on, canción y álbum, era en la visión de Gaye menos una pregunta que un intento de explicar todo lo que estaba mal de Estados Unidos y en el mundo, de la guerra de Vietnam a la pobreza y la exclusión racial.

1971 sí que partió de esa pregunta, solo que en pretérito: ¿qué estaba pasando? ¿Qué había en el aire que ayudó a tantos grandes artistas a grabar alguna de sus obras maestras? (Gay-Rees): «Esa era la pregunta que nos hicimos poco después de empezar y advertir la necesidad de incidir especialmente en los aspectos sociales. No era pregunta sencilla. De hecho, contestarla nos llevó tres años».

La guerra de Vietnam

Para poner orden a la abstracción, Gay-Rees y Kapadia se hicieron con los servicios de los documentalistas James Rogan y Danielle Peck, cada uno encargado de dirigir la mitad de episodios. Rogan es una de las grandes promesas del medio: ahora prepara con Steve McQueen (Small axe) el proyecto de BBC Uprising, sobre varios momentos de 1981 que marcaron las relaciones de raza en Reino Unido.

Poco a poco 1971 dejó de ser abstracción y aparecieron las posibilidades de crear episodios coherentes. En el primero se aborda la agitación social producto de la guerra de Vietnam y la conversión de Gaye o John Lennon en voces de la conciencia pacifista.

El segundo recuerda la influencia de las drogas, del bajón posterior a la era del amor, en Sly Stone, Jim Morrison y los Stones. El quizá mejor episodio, el cuarto, muestra cómo Carole King y Joni Mitchell abrieron caminos para la liberación de la mujer a través de la música.

Cultura popular

«Durante el proceso no dejamos de descubrir momentos de superposición entre música, política y cultura popular», nos explica Rogan. «Por ejemplo, Carole King grabó Tapestry en enero de 1971. Unos meses después arrancó el rodaje de An american family, considerado el primer reality de la televisión estadounidense, aunque en realidad era un documental extraordinario. Lo que iba a ser un retrato del día a día de una familia de clase media-alta de Santa Barbara acabó siendo la historia de un divorcio. Y fue una canción de King, It’s too late, la que en cierto modo dio permiso a Pat Loud para dejar atrás a su marido. Ella misma citaba el tema en la serie. Una mujer usaba la música como forma de poner en palabras su voluntad de valerse por sí sola».

Clima político

En 1971, la música era producto de un clima sociopolítico y tenía a la vez el poder de generar o modificar ese clima. Algo que no ha pasado tantos años desde entonces. Y medio impensable en 2021. Gay-Rees lamenta el panorama: «Ya no hay tantos grandes artistas que hagan música abiertamente política. La época más política del hip hop acabó hace 15 años. Hace mucho tiempo de Public Enemy. Cada vez hay menos artistas que lleguen y dejen huella por sus afirmaciones políticas. Pero esa clase de agitación cultural no se puede forzar: o pasa orgánicamente o no pasa. Tal y como tenemos el mundo, estaría bien que pasara».

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