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Ricardo León, a corazón abierto

El exfutbolista revela episodios desconocidos de su carrera, como que llegó a jugar con pérdida de visión o su reacción de irse «a casa» tras ser expulsado ante el Xerez

Ricardo León, a corazón abierto

Uno de los centrocampistas más elegantes e importantes del Tenerife de los últimos 25 años se sincera en una entrevista para un proyecto del club -‘Centenario de una pasión’- y descubre capítulos de su larga trayectoria blanquiazul que nunca había contado en público.

La carrera y trayectoria de Ricardo León Brito (Puerto de la Cruz, 1983) como nunca antes se había contado. Años más tarde de su retirada del fútbol en activo, el jugador isleño ha aprovechado la grabación de una serie documental sobre el Centenario del CD Tenerife para revelar episodios absolutamente desconocidos de sus años en el representativo. Ahora que ya ha transcurrido largo tiempo desde el momento que colgó las botas, el norteño ofrece algunas confidencias sorprendentes. Por ejemplo, que llegó a jugar «con visión reducida» algunos partidos del último año blanquiazul en Primera; lo mal que lo pasó cuando vio «pintadas cerca de su casa» tras regresar a la institución y, lo más llamativo, que el día que le expulsaron en el decisivo Tenerife-Xerez, se enfadó tanto consigo mismo que cogió el coche y se fue a casa.

Ricardo empieza por confesar que el tinerfeñismo es para él «un sentimiento» y que jugar en el primer equipo «es haber cumplido un sueño de toda la vida». Según cuenta, le inculcaron la pertenencia blanquiazul «desde pequeño, que ya entonces iba al Heliodoro»

«No le deseo a ningún jugador lo que pasé el año del segundo descenso: silbidos, insultos, pancartas...»

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«Yo era un niño que aspiraba a divertirse. Tenía un polideportivo al lado de mi casa y desde pequeñito ya iba todos los días a jugar, también en el colegio y luego en el Longuera, el equipo de barrio. Ahí estuve hasta juveniles, que es cuando llego al Tenerife. Por unas cosas u otras, no salieron bien las cosas y tuve que volverme al Norte para acabar los estudios. Es entonces cuando firmo por el Orotava. Y ya estando más desahogado vuelvo para competir en el filial. Dos años después, subo al primer equipo y encuentro la continuidad que buscaba», relata.

«El salto de Tercera a Segunda se notaba, sobre todo en la fortaleza de los rivales y la velocidad del juego. Pero ya había entrenado alguna vez con los mayores y mis cualidades de juego me favorecían. Yo jugaba no a muchos toques, sino más rápido, y eso me permitió aclimatarme rápido a la categoría», prosigue León.

«Llegué a jugar sin visión periférica y por mi lugar en el campo eso condicionó mucho mi rendimiento»

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El centrocampista, quien agradece a Amaral que le diese la alternativa en un partido contra el Nástic, halló un papel protagonista más adelante, con José Luis Oltra. «Tuve dos o tres años que jugué bastantes partidos, pero casi nunca fue indiscutible. Luego ya me fui asentando y a mi tercer año logramos el ascenso a Primera. Había muchos compañeros en el mediocentro y convencí al míster, después de un partido que me salió bien. A raíz de una victoria al Alicante, muy solvente, empiezo a formar pareja con Richi, y esa fue la elegida hasta final de temporada», añade.

«La gente tenía que pagarlo con alguien y me tocó: fue una pesadilla total, individual y colectiva»

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Sin duda, su mejor temporada es la del ascenso. «La más completa y la que tuvo mayor importancia, tanto para mí como para la entidad. Era el nuestro un equipo que se divertía mucho jugando al fútbol, tanto entrenando como en los partidos. Cuando ya entramos en esa racha final de victorias y nos pusimos en cabeza, íbamos a cualquier campo convencidos de que ganábamos. Era raro que diésemos por bueno el empate», confiesa. Pues bien, en el día decisivo contra el Xerez fue expulsado. «Se me vino el mundo encima, sabía lo que nos estábamos jugando y al final los jugadores dieron el callo para sobreponerse a la inferioridad. Cuando me expulsan, no estoy en mí y hasta me voy para mi casa. Fui al aparcamiento, cogí el coche y me fui. Recuerdo que me llamó Manolo Martínez, que estaba en la grada, y me echo una bronca tremenda. Me dijo que tenía que estar en el estadio. Fue quien me dio el click para que regresara al menos a los últimos minutos. Fue un acto de irresponsabilidad por mi parte», confiesa.

Ricardo León, a corazón abierto

Es la primera vez que Ricardo relata lo ocurrido en aquel duelo con el Xerez, correspondiente a la penúltima jornada del año del ascenso. Habla también de lo ocurrido una temporada después, cuando sucumbieron en Valencia y volvieron a Segunda. «Viajamos convencidos de salvarnos y el palo fue durísimo. Pero la permanencia la perdimos antes, contra Villarreal o Almería. Y nos tocó bajar. Ahí sientes la tristeza de la gente y la impotencia de no haber podido hacer más. Pero todos fuimos responsables de no haber estado más tiempo en Primera», concluye

Capítulo terrible

Lo peor para Ricardo vino después, con la caída a Segunda B. «Fue una pesadilla. El equipo no jugaba bien y daba una imagen bastante mala. Nos empezamos a preocupar, perdimos la confianza por completo y nunca dimos muestras de poder salvarnos. La pesadilla fue total, tanto individual como colectivamente. Fue duro, porque se crearon unos bulos sobre mí que no eran ciertos. Que había firmado por un equipo de Primera, que luego se demostró que era incierto», lamenta.

«El año de Primera teníamos una plantilla limitada y las lesiones se cebaron con nosotros»

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Su testimonio resulta desgarrador, porque se vio señalado sin que hubiese motivos ni argumentos probados para semejante cacería. «Lo que yo hice por el club de mi tierra fue perdonar dinero. Pero nunca me bajé del barco, ni dejé al equipo tirado. El último partido con la Ponferradina fue una pesadilla. Cada vez que tocaba el balón, me silbaban y me decían de todo. Jamás lo había imaginado y me tocó vivirlo, en cierto modo la gente tenía que pagar con alguien y lo hizo conmigo. Sí es cierto que lo pasas mal cuando sientes tanto al Tenerife; te gritan, te insultan y lo hace incluso quien está al lado de tus padres en la grada. No se lo deseo a ningún jugador», afirma. Luego, volvió. Y hubo margen para su redención.

Cuenta Ricardo que el percance que sufrió contra el Athletic tuvo una repercusión tremenda en aquel curso aciago, que acabó en descenso. «El equipo se tambaleó un poco por las bajas».

El Zaragoza, rival que le marcó

El rival que este sábado visita el Rodríguez López trae excelentes recuerdos a Ricardo León. No en vano, un partido contra el Real Zaragoza abre su única temporada como blanquiazul en la máxima categoría. «Cuando aquel año acabó, todos nos sentimos culpables por no haber mantenido al club más tiempo en Primera», asevera el norteño. La historia feliz del tránsito a la élite había culminado con una trayectoria pluscuamperfecta en Segunda. «Subimos en Montilivi y el día de la celebración tardamos cuatro horas en llegar a Santa Cruz. El momento de ver a los niños asomados en los ventanales de los hospitales fue muy emotivo. Y el recibimiento en la Plaza de España, colosal», rememora.

Ricardo cuenta que tuvo proposiciones para dejar el Tenerife, pero priorizó cumplir su sueño de jugar en Primera con los colores de su isla. Ya en la división de oro, una lesión contra el Athletic le marca para siempre. «Fue un momento clave. Perdí la visión periférica y también la claridad para ver el juego. Tardé mucho en recuperarla».

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