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UNA EMPRESA NADA FÁCIL

El Rally Dakar quiere ser verde en el 2030

El maratoniano rally, que cuenta con 1.065 competidores y 578 vehículos, arranca este fin de semana pensando en la 'era eléctrica' en el segundo país con mayores reservas petrolíferas de la OPEP

El piloto español Carlos Sainz, conduce el Audi RSQ e-tron durante un entrenamiento en Jeddah.

El Dakar, que arrancó en 1979 de la mano del francés Thierry Sabine (“es un desafío para los que parten, un sueño para los que se quedan”), sigue teniendo, por supuesto, ese componente único de aventura, riesgo y competitividad.

Pero el Dakar, que repite este año en Arabia Saudí, con 1.065 competidores de 63 países, 578 vehículos, 8.375 kilómetros de recorrido, 4.258 de ellos cronometrados y que se disputará del 1 al 14 de enero, quiere adaptarse a los nuevos tiempos, no solo a la sofisticada tecnología del mundo del motor sino también, también, a la evolución de la sociedad y al respeto al medio ambiente.

De ahí que muchos hayan ya calificado al Dakar-2022 como el primer ‘Dakar verde’ sin ser, por supuesto, del todo cierto. Lo realmente cierto es que esta será la edición en la que se pondrá la primera piedra para que, según sus organizadores, de la mano del francés David Castera, el Dakar-2030 sea ya el primer rally donde participarán un 100% de vehículos con bajas emisiones de carbono.

Cambio paulatino

“Es un paso más en la historia del Dakar y del ‘rally raid’”, explica Castera. “Un paso muy importante relacionado con la transición energétiva a través de la implementación de la primera fase del plan que hemos denominado ‘Dakar Future’. En el futuro, queremos que todos los vehículos sean eléctricos”. Lo que no explica Castera es que, incluso en la vida diaria, en el desarrollo de los coches eléctricos y también, sí, de los vehículos propulsados por hidrógeno se están produciendo una serie de problemas tremendos que, de momento, hacen que esos coches o sean carísimos, o tengan una autonomía ridícula o, en el caso del hidrógeno, provoquen cierto miedo.

Eso sí, la introducción en el Dakar-2022 de la nueva subcategoría T1-Ultimate (T1-U), con los tres Audi Q RS e-tron con motor híbrido en manos de los dos grandes campeones Stèphane Peterhansel y Carlos Sainz, casi como el GCK de Guerlain Chicherit propulsado por biocarburantes y el camión del equipo Gaussin, en modo demo, generan una gran esperanza a la hora de soñar con la meta del 2030.

Ni Peterhansel, poseedor de 14 Dakar, ni Sainz, que busca su cuarta corona con otra marca distinta tras ser el ganador con Volkswagen, Peugeot y Mini, creen que podrán derrotar a los poderosos Toyota de Nasser Al-Attiya Giniel De Villiers, que acaba de superar el Covid-19, ni tampoco a los BRX (Barain Raid Xtreme) del poderoso equipo Prodive, Nani Roma y Sebastien Loeb.

Un auténtico Mundial

No deja de ser increíble y sorprendente que el nacimiento del llamado ‘Dakar verde’ se produzca, vaya que sí, en Arabia Saudí, el segundo país del mundo, después de Venezuela, con las mayores reservas petrolíferas de la OPEP. Y es que este Dakar-2022 será, por fin, la prueba que bautice el nuevo campeonato del mundo de Rally-Raid de la FIA y la FIM, que estará compuesto por otros cuatro pruebas durísimas a celebrarse en Abu Dabi (marzo), Kazajistán (abril), Andalucía (junio) y Marruecos (octubre).

Ni que decir que a los poderosos coches, camiones, quads y los divertidos SSV, coches diminutos, con chasis tubulares y poderosos motores de moto, tremendamente ligeros y manejables, muy baratos, se añadirán las poderosas motos, lideradas por el último ganador, Kevin Benavides, que ha fichado por KTM, y que tendrá en Sam Sunderland (Gas-Gas), Toby Price (KTM) y Joan Barreda (Honda) a sus máximos rivales.

El copiloto, clave

La carrera que arrancará este fin de semana en Arabia Saudí volverá a tener como ingrediente sorpresa y, por supuesto, truco que iguala las fuerzas de todos, el hecho de que el libro de ruta de cada jornada se entrega minutos antes de la salida de cada etapa, lo que impedirá que los grandes equipos hayan podido estudiar el recorrido de cada día con sofisticados equipos que descubrían, incluso a vista de dron, todas las trampas y caminos alternativos que se podían tomar.

“El papel del copiloto”, explica Juan Porcar, uno de los grandes expertos del Dakar, “sigue cobrando una importancia enorme, pues, contrariamente a lo que ocurre en las largas regatas transoceánicas, donde completísimos y muy preparados equipos de tierra siguen asesorando a los navegantes a la hora de seguir los vientos y la mejor ruta, el Dakar sí ha encontrado el truco de que los grandes equipos no puedan planear lo que va a ocurrir en cada etapa. Todo queda en manos de la sabiduría del copiloto, su experiencia, su pericia y, por supuesto, las manos, el coraje y la habilidad del piloto”.

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