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Marta Sanz Escritora

«La poesía sirve para hablar de esas sensaciones que no se dejan atrapar»

«Hay muchas personas que consideran que el feminismo ya ha ganado el terreno», afirma la escritora

Marta Sanz. Miguel Lizana

La escritora Marta Sanz (Madrid, 1967) estará, el jueves 13 de octubre, en la jornada inaugural de la Feria del Libro de La Laguna. Mantendrá un encuentro en la Plaza de La Concepción, a partir de las 20:15 horas, con la primera mujer nombrada directora en la Feria del Libro de Madrid, Eva Ouré. Sanz, que acaba de lanzar un poemario, es una de las autoras con más vínculos personales y profesionales con las Islas.

Vuelve a Tenerife, es usted una asidua.

Viajo muchísimo y no lo digo como un alarde, sino como una de las necesidades de nuestro oficio en la época actual. Por eso no te sé decir cuándo fue exactamente la última vez que estuve en la Isla pero voy a Canarias como mínimo una o dos veces al año. Participo en ferias, festivales, tuve el honor de recibir el Tenerife Noir, tengo un vínculo estupendo con la Librería de Mujeres de Tenerife y con la Feria del Libro de Fuerteventura. He establecido vínculos que son literarios y que son humanos y que me hacen volver a las Islas con mucha frecuencia.

Este año ha publicado Enciclopedia secreta, donde ahonda en personajes femeninos vinculados a la literatura como Olvido García Valdés o Marguerite Atwood. ¿Sigue siendo mas difícil publicar siendo mujer?

Enciclopedia secreta es una especie de libro donde comparto mi manera de leer y cómo eso ha ido evolucionando con el paso del tiempo. Es verdad que en ese libro tienen un protagonismo especial los nombres de las mujeres que en el pasado fueron sistemáticamente silenciados porque sus obras eran consideradas menores y que ahora tenemos que rescatar. Nos damos cuenta de que esa sensibilidad, esa mirada, esos temas y ese universo femenino son fundamentales para entender quiénes somos en el presente los hombres y las mujeres. Por otra parte también es importante dar un altavoz a mujeres que están escribiendo ahora y lo hacen con unos estilos intrépidos que de algún modo contravienen todas las convenciones porque la tradición literaria en la que nos hemos formado está evidentemente gobernada por una perspectiva masculina. Hay una necesidad de leer a estas autoras con un interés especial por su valentía. Están aportando al panorama literario en español las mayores dosis de riesgo estilístico

Hay también una necesidad de los lectores de conocer a esas autoras. Le pongo en un compromiso. ¿A quiénes remitiría en estos momentos?

Hay muchísimas autoras y a los dos lados del océano Atlántico. Hay que recordar que nuestra lengua se habla en muchos lugares del mundo y se escriben libros en el ámbito de culturas muy diferentes y ricas. Por ejemplo, estoy absolutamente fascinada por una escritora colombiana que se llama Vanessa Londoño, una escritora argentina que se llama Marina Closs, me encanta la colombiana Lorena Salazar y la ecuatoriana Natalia Freire. Te hablo de mujeres muy jóvenes, que pueden tener 15 o 20 años menos que yo. En el caso de nuestro país, y concretamente de las Islas, tenemos un nombre tan sorprendente y estupendo como Andrea Abreu. Lo maravilloso de esto es que escribimos la misma lengua pero eso no es del todo cierto. Creo que hay un problema en la literatura contemporánea en la que parece que todas las lenguas son la misma y eso tiene que ver con que los estilos se unifican por efecto de las leyes del mercado. Con estas autoras no. Ellas hablan desde la idiosincracia, desde ese terreno local que es al mismo tiempo universal. Fíjate, con una mirada de mujer joven y feminista son capaces de establecer un vínculo entre todas las fragilidades.

Mantendrá un encuentro con la primera directora de la Feria del Libro de Madrid, Eva Ouré. ¿Qué temas tiene previsto abordar?

Será una sorpresa. Imagino que hablaremos de temas que están relacionados con Enciclopedia secreta, donde se concentra también todo lo que puede ser mi visión sobre la literatura y tradición que ha ido cambiando. Supongo que también hablaremos de cómo ese discurso teórico se conecta con mis novelas y mis escritos en general. Espero que hablemos también de un libro que ahora mismo me tiene muy contenta y orgullosa que es la colección de mis poesías completas, Corpórea. Me gusta mucho leer poemas.

¿Para escribir poesía es necesario cambiar de piel?

La narrativa te exige ser disciplinada, tener un oficio. En ese sentido, la poesía es como más rebelde. No viene porque tú lo fuerces. Se te ocurre un poema, de repente, porque has visto una imagen o has tenido una intuición. La poesía me sirve para dos cosas. Por una parte, para denunciar cosas de la realidad que nos parecen horribles porque la poesía tiene esa capacidad de comunicación que puede ser performativa y política. Pero al mismo tiempo, la poesía nos sirve para hablar de lo que no sabemos, de lo que no intuimos, de esas sensaciones vagas que a veces no se dejan atrapar por las palabras y nos hace jugar con ellas.

Recordaba su vínculo con el Festival Tenerife Noir. El género negro ha sido tradicionalmente un terreno de hombres...

Era un género eminentemente masculino y lleno de testosterona pero fíjate que en lo que son sus orígenes y su vinculación con la novela enigma hay nombres de mujeres que son inexcusables: desde Agatha Christie a Vera Caspary. Luego ya en la novela negra del ojo más turbio y más inquietante tenemos a la grandísima Patricia Highsmith, por ejemplo. Desde hace ya muchísimo tiempo hay una fuerte tradición de narrativa negra escrita por mujeres. En realidad mi aproximación a la novela negra es muy peculiar. Suelo decir que escribo novelas y que para escribirlas utilizo mimbres de otros géneros.

¿Y el adiós de su personaje Arturo Zarco es ya definitivo?

Zarco, en principio, iba a tener una sola novela, que era Black, black, black. En ella me cuestionaba hasta qué punto reutilizar el estilo de un género no significa restarle pegada política. Creo que la novela negra tiene una base política y testimonial bastante importante. Creo que los libros tienen que implicarnos políticamente también por cómo están escritos. Black, black, black era una especie de aproximación paródica a cómo la literatura negra se había convertido en una literatura extremadamente comercial que no asumía ningún riesgo estilístico. Escribí la segunda, Un buen detective no se casa jamás, porque mi editor me lo pidió. En ese momento fue cuando decidí que para ser coherente tenía que cerrar el ciclo con una trilogía y salió Pequeñas mujeres rojas, que es la menos negra y probablemente la más poética de las tres.

En Pequeñas mujeres rojas se reivindicaba la memoria histórica. En la actualidad vivimos cosas como la victoria de la extrema derecha en Italia. ¿Es inquietante, no?

Estamos viviendo un momento muy preocupante y no es gratuito. Tiene que ver con la crisis económica y con la falta de conciencia política de unas generaciones que han desconfiado de la política tradicional por culpa de la corrupciones. Buscan soluciones en unos tipos de políticas antisistema y antieuropea que lo que hacen es vincularnos con las cosas más reaccionarias y rancias de nuestras sociedades. Estamos en un momento en el que podemos dar muchos pasos hacia atrás porque estamos un poco dominados por un discurso del odio y por una visceralidad de la que también tienen cierta responsabilidad el uso inconsciente, veloz, dañino y mentiroso de las redes sociales. Las redes sociales bien usadas pueden ser un altavoz democrático maravilloso pero se han convertido en un altavoz demagógico y en favor del odio.

En este contexto tan preocupante y después de haber conseguido al fin situar al feminismo en el foco del debate y en la actualidad, ¿cuáles son los retos en ese sentido?

Un reto muy importante es que hay muchas personas que consideran que el feminismo ya ha ganado todo el terreno y se ha convertido en un discurso dominante contra el que hay que rebelarse. Eso es falso. Hace relativamente poco ha salido un informe de la Unesco donde dice que, tal y como vamos, la igualdad real entre hombres y mujeres no se logrará hasta dentro de tres siglos. Sin embargo hay gente que considera que el discurso feminista ya se ha pasado de rosca. No hay más que ver las cifras de mujeres muertas o constatar las desventajas en los ámbitos laborales, el desprecio o el miedo a salir de noche. Creo que en tiempos de carestía y precariedad, los derechos de las mujeres siempre quedan en un segundo plano.

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