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La atmósfera del lugar, ambientes que nos abrazan

Las imágenes de Atget documentaban los cambios de París a principios del XX, con un trabajo fotográfico de edificios que iban a ser demolidos

Rue de la Montagne-Sainte-Geneviève (1924). | | EUGÈNE ATGET

Observemos esta estampa parisina del fotógrafo francés Eugène Atget. Atget comenzó a fotografiar París en 1898 utilizando una cámara de gran formato para capturar la ciudad en detalle. Sus fotografías, muchas de las cuales eran tomadas al amanecer, destacaban por su luz difusa y sus vistas amplias que daban una particular sensación de espacio y de ambiente. Las imágenes de Atget documentaban la París de principios del siglo XX, sometida a los convulsos cambios de la época, siendo fotografiados muchos edificios que pronto serían demolidos.

El particular enfoque atmosférico que recorre las fotografías del parisino nos recuerda a la igualmente sugerente imagen de Hans Baumgartner en la residencia de estudiantes de Zúrich en la década de 1930, con ese halo tan característico y atmosférico que desprende la escena.

Y es que el concepto de lo atmosférico parece ser más fácilmente reconocible en determinadas composiciones fotográficas —como acabamos de ver—literarias, cinematográficas, teatrales, musicales y pictóricas que en la arquitectura. De hecho, existe todo un enfoque pictórico, como lo ejemplifican las obras maestras de artistas como Joseph M. W. Turner y Claude Monet, que bien podríamos calificar de «pintura atmosférica». Es más, es el arquitecto suizo Peter Zumthor quien nos recuerda en el prólogo de su libro Atmósferas cómo Turner le confesaba a John Ruskin: «La atmósfera es mi estilo». Estos artistas creaban en sus obras una atmósfera que nos abraza y envuelve, sin forma, que nos sugiere un plácido estado de temperatura, humedad y movimientos sutiles del aire.

Juhani Pallasmaa se referiría a estas atmósferas en el arte como «la impresión general perceptual, sensorial y emotiva de un lugar o situación social». Su argumento se basaba en lo vernacular, admitiendo que espacios compuestos por elementos sin intervención arquitectónica alguna, a menudo, poseen un halo atmosférico característico gracias a su materialidad, escala, ritmo o color, llegando a afirmar que incluso las personas no formadas en arquitectura podrían llegar a apreciarlo como un valor.

Residencia de estudiantes en Zúrich. HANS BAUMGARTNER

Por su parte, obras cinematográficas como las de Jean Vigo, Jean Renoir, Michelangelo Antonioni o Andréi Tarkovski, también están envueltas en esa característica esencia atmosférica a la que nos referimos. La música de determinadas películas, además, juega un papel determinante en la creación del ambiente deseado de romance, nostalgia, anhelo, miedo o terror absoluto. El cine, como el teatro o los espectáculos audiovisuales, basan gran parte de su narrativa en la atmósfera sugerida más allá de los aspectos más abstractos e intelectuales que subyacen en la historia. De hecho, tal y como el arquitecto finlandés expresa con interés crítico, «el ambiente puede ser tan sugerente y dominante que se necesitan muy pocas indicaciones del entorno, como en Dogville» (Lars Von Trier, 2003) en la que las casas y habitaciones quedaban indicadas por meras líneas de tiza blancas sobre un suelo oscuro. Una atmósfera que impregna por completo nuestra imaginación y nos transporta a una ficción totalmente creíble, tanto o más convincente que la propia realidad.

Igualmente, podemos hablar de «escultura atmosférica» en algunas de las obras modeladas con tanto poder emotivo como las de Medardo Rosso, Auguste Rodin o Alberto Giacometti, en las que el modelado en bruto y la materialidad de estos escultores nos sugieren un movimiento visceral y un realismo carnal característico. Por no mencionar al mundo de la escenografía y el diseño de espectáculos y exhibiciones, cuyos autores son plenamente conscientes del papel fundamental que los ambientes y las cualidades atmosféricas del lugar pueden despertar en los espectadores frente a «las cualidades puras de espacio, forma y geometría».

Si bien es cierto que la idea de atmósfera en arquitectura es un concepto «elusivo» (como señaló Mark Wigley), no es menos cierto que se trata de un asunto habitual en el mundo del arte y el diseño. Pintores, cineastas, escultores, y escenógrafos nos demuestran a diario su capacidad para crear un clima determinado organizando los medios, las constelaciones espaciales, la luz y el sonido de una manera específica, proporcionando, como resultado, un estado de ánimo particular en el público.

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