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Entrevista

Colm Tóibín: "Cómo nadie le preguntó a Thomas Mann si 'Muerte en Venecia' iba sobre él"

El autor de 'Brooklyn' regresa, después de haber superado un cáncer, con una novela en la que retrata la vida y los secretos sexuales de Thomas Mann y su peculiar familia

Colm Toíbín, en un céntrico hotel de Barcelona, este jueves.

Destacar en una literatura tan sobrada de autores como la irlandesa no debe ser fácil. Pero en el caso de Colm Tóibín, uno de los más grandes de aquellas verdes latitudes -con el permiso de John Banville-, no hay discusión. Sus novelas están repletas de comprensión y empatía por sus personajes incluso a la hora de convertir en novela las vidas de autores tan ariscos y encerrados en sí mismos como Henry James -lo hizo en la extraordinaria ‘The Master’- y como Thomas Mann, que ha recreado en ‘El Mago’ (Lumen / Amsterdam). ¿Su mérito? Retratar en zapatillas de andar por casa al autor de ‘La montaña mágica’ y su peculiar familiar.

-Tanto ‘The Master’ como ‘El Mago’ se ocupan de dos autores cargados de formalidad que ocultaron su homosexualidad. ¿Eso fue lo qué le interesó de ellos?

-Yo leí a ambos a los 20 años y sus obras me fascinaron. Entonces ni siquiera un chico homosexual como yo detectó que pudiera haber una lectura gay en los cuentos y novelas de James. Con Mann fue otra cosa porque escribió ‘Muerte en Venecia’, pero cuando apareció aquella novela breve, nadie entre sus contemporáneos se atrevió a preguntarle a aquel padre de familia con seis hijos, si aquella historia iba sobre él.

-Podría decirse que habiendo optado por llevar una vida tan formal fue dejando en sus novelas miguitas de pan para que se pudiera seguir el rastro oculto de su pulsiones secretas.

-Sí, lo dejó todo escrito de una forma muy explícita en sus diarios, de los que dejó dicho en el testamento que se publicaran 35 años después de su muerte. Sus herederos cambiaron ese plazo a 30 y al final salieron a la luz 20 años después.

-Esos diarios cambiaron de arriba abajo la imagen pública del gran escritor que fue. Hay detalles que incluso son difíciles de digerir hoy, especialmente cuando describe la atracción física que le produce su hijo Klaus.

-Él se analiza a sí mismo y a su deseo y lo que hace no es horrorizarse sino preguntarse si alguna vez alguien ha sentido lo mismo que él. Yo creo que es importante que esto salga a la luz, aunque sea muy incómodo.

Ocultamos nuestros secretos pero, en el fondo, queremos que se nos conozca. Fue el caso de Oscar Wilde

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-Hay que tener una fe de hierro en la escritura para no destruir un texto como ese.

-Sí, él sabía que se iba a hacer público en el futuro y no cambió nada. Yo creo que es un fenómeno extraño: ocultamos nuestros secretos pero, en el fondo, queremos que se nos conozca. Fue el caso de Oscar Wilde, siempre nos hemos preguntado por qué no mintió respecto a su homosexualidad cuando lo llevaron al juicio que precipitó su caída. Pues fue precisamente por eso. Mann no se atrevió a confesarlo en vida, porque quería vivir tranquilo.

-Su interés por los autores reprimidos por la sociedad y por sí mismos, ¿tiene algún eco en su propia juventud en la Irlanda de los 70?

-Por supuesto, ser gay entonces no era fácil. Es cierto que en algunos aspectos durante los 60, durante mi adolescencia, empezó a haber una cierta apertura respecto a algunos temas en la muy conservadora Irlanda pero la homosexualidad siguió siendo un tabú. No se podía hablar de ello. Para mí es evidente que he utilizado algunas de las emociones que he albergado. Es un tema que para mí no está resuelto, si lo estuviera no habría escrito sobre ello.

-La novela devuelve a un Thomas Mann inédito. Le vemos riendo y bromeando continuamente con su esposa Katia, con la que, pese a todo, estaba muy unido.

-El clima de diversión tiene más que ver con su esposa. Ella tuvo un gran efecto sobre él, gran parte de la vida conyugal estaba basada en la ironía. Pero sí, era un hombre con más retranca de la que parecía a primera vista.

Con Freud de moda, todo el mundo tenía un inconsciente. Por eso casarse con un homosexual no suponía ningún problema

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-Contemplada con ojos actuales, no se entiende a esa mujer que aparcó sus estudios para dedicarse a tener hijos y a cuidar del gran hombre.

-Ella venía de una familia judía pudiente de Múnich. Como la mayoría de los judíos alemanes estaban asimilados y no iban a la sinagoga. Tenían mucho dinero e inquietudes académicas y culturales. El padre era profesor de Matemáticas, Katia estudiaba Ciencias y su hermano llegó a ser un director de orquesta junto a Gustav Mahler, que era amigo de la familia. Era un momento de gran ebullición cultural, en el que las ideas de Freud empezaban a ponerse de moda. De repente, todo el mundo tenía un inconsciente. Así que en ese contexto, casarse con un homosexual no suponía ningún problema.

-¿Se podría calificar a la de Thomas Mann como una familia disfuncional chic? Todos querían ser artistas.

-Y de hecho, lo fueron. Creo que eso viene de la decisión del padre de Thomas Mann, un floreciente empresario de Lübeck que decidió casarse con una brasileña de sangre mestiza, la madre de Thomas, en lugar de con una heredera alemana cien por cien. Ese exotismo choca contra la solidez y la tradición y provoca en los hijos -Thomas tuvo un hermano escritor, Heinrich- una pulsión creativa insólita. Cuando Thomas decide casarse busca a una mujer judía que contrasta mucho con él. Ella es cosmopolita y él, provinciano.

-Los hijos de Thomas Mann, especialmente los mayores Erika y Klaus, también rompieron las reglas sociales y vivieron su homosexualidad muy libremente.

-Es por influencia de la madre, que les dio plena libertad, mientras Thomas se comportaba como un fantasma en su propia casa. Se preocupaba por sus hijos, pero de ninguna manera se puede decir que fue un buen padre.

Que Thomas Mann fuera un hombre tan cambiante es muy estimulante para mí como novelista. Pasó de monárquico a demócrata y luego a enemigo implacable de Hitler

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-Heinrich Mann, autor de ‘El ángel azul’, fue un hombre de izquierdas que desde el minuto uno advirtió el peligro del nazismo, mientras que a Thomas Mann le costó más repudiar el nacionalismo. Es más fácil empatizar con Heinrich.

-No estoy de acuerdo. El hecho de que Thomas fuera un hombre tan cambiante es muy estimulante para mí como novelista. Pasó de monárquico a demócrata y luego a enemigo implacable de Hitler, mientras que su hermano no cambió, era una persona muy ideológica y la ideología no tiene dramatismo. A mí personalmente me costaría mucho escribir sobre el Holocausto porque suelo tender a la ironía y a la intimidad. Dramatizar la atrocidad tiene algo que me parece poco ético. Centrarme en Thomas, con su carácter distante, me permitía poner cierta distancia entre él y los hechos históricos. Nunca sufre de primera mano.

-Es muy difícil aceptarlo cuando decide no acudir al entierro de su hijo Klaus, que se ha suicidado en Cannes, para asistir a una conferencia que tenía programada.

-Me costó mucho escribir ese pasaje. Decidí que todo debía pasar muy despacio, para dar cuenta de las indecisiones y las decisiones que fue tomando hora a hora. Esos silencios me parecen muy significativos y ayudan a no juzgar con ligereza al escritor.

-Usted vive en Los Ángeles junto a su pareja. ¿Cómo percibe el clima que ha generado en Estados Unidos la prohibición del aborto? ¿Teme que detrás pueda ir el matrimonio gay?

-Es difícil decirlo. Yo vivo entre Los Ángeles y Nueva York, donde todo el mundo es superliberal y muy de izquierdas. Para nosotros, el centro de Estados Unidos es un lugar muy extraño. Así que a veces me da la sensación de que está pasando algo parecido a lo que ocurría en Múnich en los años 20, cuando la gente fingía que el ascenso del fascismo no estaba pasando. De todas formas, he de decir que durante un tiempo viví en Texas y encontré gente muy de derechas, muy educada y muy maja. Pero sí es cierto que es un asunto gravísimo. Especialmente para las victimas de incesto o violación. Y luego está la pobreza, esa gente que no se puede pagar un avión o una clínica para abortar.

Cuando tienes cáncer te encuentras en un carrusel que no te permite pensar en la mortalidad

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-Durante la redacción le detectaron un cáncer que felizmente ha superado. ¿Cómo afectó aquello a la escritura de esta novela? 

-Normalmente escribo a mano y luego lo paso a ordenador pero en este caso, como existía la posibilidad de que tuviera que volver a hacer más quimioterapia, me dije que no quería arriesgarme a perder otro año. Así que lo escribí íntegramente en el ordenador. Bueno, y me impuse no hablar del cáncer de pulmón que Thomas Mann tuvo en 1940. No apetecía escribir eso.

-¿Se escribe de otra manera teniendo una conciencia más viva de la mortalidad? 

-Nooo. (Rie). Porque estás preocupado tan solo por los detalles: esta tarde tengo médico, se me han caído las cejas, me están volviendo a salir. Hay un millón de cosas que reclaman tu atención y la gran pregunta de la muerte queda en el aire. En realidad diría que es un periodo muy emocionante. De repente, tienes como un millón de cosas que hacer y un montón de gente que te está mirando. Analíticas, pruebas, resultados, ecografías, tacs. Es un carrusel que no te deja plantearte esa gran cuestión, la de la mortalidad.  

'El Mago' / 'El Mag'

Autor: Colm Toíbín

Traducción: Antonia Martín / Ferran Ràfols  

Editorial: Lumen / Amsterdam

 568 / 496 páginas. 22,90 euros


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