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40 años de delirio pop

La historia de Siniestro Total en 10 canciones y media

Julián Hernández repasa algunos de los títulos más emblemáticos de la carrera del legendario grupo vigués antes de despedirse de los escenarios con dos conciertos en el WiZink Center

Una de las últimas formaciones de Siniestro Total, con Julián Hernández en el mismo centro. PIXI ARNOSO

Fueron un grupo vigués surgido el 20 de agosto de 1981 de los restos humeantes de un Renault 12 estampado contra una valla en la Avenida de Beiramar. La compañía de seguros les regaló el nombre: Siniestro Total. Cuatro décadas más tarde, la banda que se propuso enterrar el rock and roll y acabó llevándoselo de bares pone fin a toda una vida de música, delirio, risas y latas de berberechos con dos conciertos de despedida en el WiZink Center de Madrid (el viernes y el sábado). Atrás queda un legado que ha influido como pocos en la cultura popular española del último medio siglo. Julián Hernández, el gran timonel de la nave ‘siniestra’, hace el balance de los daños y pasa revista a algunas de las canciones más emblemáticas del grupo. Son 10 originales y una versión (pero qué versión).

'Ayatollah!' (1982)

“Ayatollah, no me toques la pirola”. De la mezcla del ‘Blue suede shoes’ de Carl Perkins, el vitriolo punk de los Dead Kennedys y la revolución islámica iraní de 1979 nace el primer himno clásico de Siniestro Total. Una burrada irresistible que hace rimar Alá con chachachá y que Germán Coppini, primer cantante de la banda, interpreta como si, efectivamente, le estuvieran cortando las manos. “El chisme se me ocurrió porque en la tele y en la prensa estaban todo el día con la revolución de Jomeini”, relata Julián Hernández, cuyas aportaciones al primer elepé de Siniestro, ‘¿Cuándo se come aquí?’, revelan un acusado interés por los conflictos internacionales (también llevan su firma canciones como ‘Los mártires de Uganda’ y ‘Fuera las manos chinas del Vietnam socialista’). “La política internacional daba mucho juego porque nos permitía escapar del esquema clásico de ‘te quiero, no me quieres’. Además, estaba la influencia de los Dead Kennedys, que hacían cosas como ‘Holiday in Cambodia’. Y la gente pillaba las referencias, porque se leían más diarios que ahora”.

'Me pica un huevo' (1983)

Publicada, junto a ‘Sexo chungo’, en un ‘single’ de doble cara B con portada legendaria (una réplica de la del ‘London Calling’ de los Clash en la que Paul Simonon fue sustituido por un gaitero), esta canción alcanzó un estatus casi mítico gracias a una delirante actuación en 'playback' para el programa de TVE ‘Caja de ritmos’ que nunca se llegó a emitir. “Eso estaba muy bien: el programa te pagaba la grabación en un buen estudio y luego te hacía el vídeo. Nosotros lo hicimos en Rock-Ola y fue un despelote, porque a todo lo que se nos ocurría nos decían que sí. Luego la historia salió fatal por el asunto aquel de Las Vulpes [el diario ‘Abc’ azuzó una campaña contra TVE por haber emitido en horario matutino la canción ‘Me gusta ser una zorra’ y ‘Caja de ritmos’ fue cancelado]. Nuestra actuación iba a salir la semana siguiente y, claro, se quedó en el limbo”. Una lástima: el de ‘Me pica un huevo’ es, tal vez, el mejor ‘playback’ de la historia del pop español. Muy poco después, Coppini (1961-2013) abandonó el grupo.

'¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos?' (1984)

En su tercer elepé, ‘Menos mal que nos queda Portugal’, Siniestro Total deja definitivamente atrás el punk majadero y se muestra ya como una banda de amplio registro capaz de utilizar un patrón clásico de rock and roll para formular las grandes preguntas. “El título era una frase que utilizábamos mucho cuando alguien se ponía intensito. La canción es tan antigua que en lugar de decir ‘big bang’ habla de “el gran estallido”. Y aparece el Hombre de Orce, un hallazgo paleontológico con el que se pretendía demostrar que el eslabón perdido era español. Luego resultó que era una quijada de burro [risas]”. ‘¿Quiénes somos?...’ ha quedado como un himno pop altamente coreable y de probado valor pedagógico. “David Summers me regaló un libro de religión de su hermana en el que salía la letra en la parte de los ejercicios al final de un capítulo. En plan: “Comenta el texto. ¿Qué quiere decir el autor?”. ¡En un libro de religión! Yo no me lo podía creer. Lo tengo guardado como oro en paño”.

'Bailaré sobre tu tumba' (1985)

La sucesión de tres acordes más manida de la historia del rock (“sale en ‘Louie, Louie’, en ‘La Bamba’, en ‘Psycho’, en ‘Get off of my cloud’ y en 50.000 millones de canciones más”) da lugar al tema insignia del cuarto elepé del grupo vigués. Otro clásico ineludible de su repertorio. “No sé por qué, pero encajó. Supongo que tuvo que ver que apareciera en un momento en el que había un revival del rock de garaje y de una especie de protopunk. La canción fue una creación colectiva. Lo que pasó es que la íbamos grabando y no teníamos letra. La noche antes de grabar las voces, un amigo que luego fue profesor de filosofía me comentó que había ido a ver la película ‘Cotton Club’ y le había hecho gracia la frase “Le mataré con mis zapatos de claqué”. Y a partir de ahí salió. Yo ya tenía anotada la idea de bailar sobre la tumba de tu enemigo, que es como un gesto de venganza final bastante ofensivo. Aunque mejor bailar que escupir como hacía Boris Vian”.

'Diga qué le debo' (1987)

Hernández le debió de encontrar la gracia a eso de escribir las canciones en el último momento, porque durante la grabación del álbum ‘De hoy no pasa’, justo antes de meter las voces, se le ocurrió tirar por una alcantarilla de la calle del Pez la carpeta que contenía (en copia única) todas las letras que había preparado para el disco. “Fue terrorífico, eso. Estábamos en el [bar] Palentino a las tantas, y me dio por decir que las letras eran una mierda y lo tiré todo. Las tuve que rehacer al día siguiente en el estudio con una bolsa de hielo en la cabeza”. Entre ellas, la de este himno de estribillo hooliganesco cuya música bebe de Devo (el título no engaña) y cuya letra bebe sin más. “No sé cuántas canciones hemos hecho sobre la vida en los bares. Un montón. Era nuestro hábitat natural. En Siniestro ha habido pocas drogas pero sí ha corrido mucho alcohol, así que no quedaba más remedio que hablar de ello.”

'Alégrame el día' (1988)

Reducido a trío tras la marcha del bajista Alberto Torrado, el grupo entra a grabar su sexto elepé después de asistir a un concierto de Doctor Feelgood en la madrileña sala Universal. Y pasa lo que pasa. “Está claro, el disco se parece mucho a ellos. Era un grupo la hostia de efectivo. Y ‘Alégrame el día’ es Feelgood cien por cien”. Eso, la música, porque la letra, con su furibunda diatriba antitaurina, es inequívocamente ‘siniestra’. “En Madrid llegaba la primavera, empezaba la feria de san Isidro y ya no se hablaba de otra cosa. Yo entraba en un bar y me encontraba a amigos discutiendo de toros y flipaba. Así que me empecé a reír y me metía en las tertulias soltando cosas como: “Yo creo que lo hay que hacer es distinguir el toro del torero”. Y me decían muy serios: “¡Eso! ¡Eso es lo que no comprende Antoñete!” [risas]. Un descojone. Y a partir de ahí se me ocurrió la canción”.

'Todo por la napia' (1990)

Con ‘En beneficio de todos’, Siniestro Total consigue el primer Disco de Oro de su carrera, gracias, en parte, a la apuesta de su compañía discográfica, DRO, que “por una vez, decide gastarse la pasta en promoción”. El éxito tal vez colma las aspiraciones del sello, pero desde luego no las de Perico, el protagonista de ‘Todo por la napia’. La aspiradora humana. “El título es una frase gloriosa que salió en un programa de TVG que hacían Manuel Manquiña y Antonio Durán, ‘Morris’. Estos dos chalados presentaban la programación semanal de la cadena haciendo ‘sketches’, y en uno aparecían como unos 'picoletos' que iban por Villagarcía de Arousa admirando las planeadoras de 15 motores. En un momento dado, Manquiña dice eso de “todo por la napia”, y yo pensé: “Joder, ya me ha dado toda la letra”. El programa lo cancelaron poco después”.

'Cuenca minera' (1993)

El grupo se va a Memphis a grabar en los estudios Ardent a las órdenes del productor Joe Hardy, que se convierte de por vida (murió en 2019) en un ‘siniestro’ honorario. El sonido de la banda se endurece como el acero en el temple y Hernández lo celebra con un contundente himno de homenaje a la minería de los valles del Caudal y el Nalón. “El estribillo salió de una frase hecha de la cuenca minera asturiana. Me la dijo a las tantas un chaval en un bar de Oviedo. “Toma nota de esto: ‘Cuenca minera, borracha y dinamitera’”. Y yo: “Joder, si tomo nota. Ahora mismo”. Y con eso hicimos una canción que tenía que salir en la película de Álex de la Iglesia ‘Acción mutante’, que transcurre en parte en una colonia minera ubicada en el planeta Axturiax. Pero al final Álex prefirió quedarse con dos canciones de Def Con Dos [grupo en cuya fundación había participado el propio Julián] y nosotros reciclamos ‘Cuenca minera’ para el disco ‘Made in Japan’, que aquí se aprovecha todo”.

'España se droga' (1995)

El primer disco de Siniestro Total sin Miguel Costas, ‘Policlínico miserable’, es el más duro y complejo de su carrera. También el más largo (directos aparte). “Se acababa de ir Miguel y nos pusimos a trabajar como locos y salió una cosa un poco excesiva, aunque muy curiosa”. Ahí se incluye este brillante narcoblues inspirado en la canción de Frank Zappa ‘America drinks and goes home’ que denuncia la hipocresía de los medios de comunicación y proclama en voz alta una verdad incómoda: “En este imperio español / no sale el sol”. “Como te decía antes, en Siniestro Total siempre ha habido mucho más alcohol que drogas. A mí el hachís me ha sentado siempre fatal, la farlopa cortada mil veces tampoco apetece y además es carísima… Y por lo que respecta a drogas más bestias, no hubo nunca nada que fuera realmente un problema”.

'El mundo da vueltas' (2016)

La última canción publicada por la banda es este logrado intento de replicar el sonido de los Equals (“un grupo que me encanta, aunque nunca se les tomó demasiado en serio”) cuya letra parece anunciar de manera profética el próximo final de Siniestro Total. “Se acerca el desastre y nosotros con él / somos muy fans del desenlace fatal”, canta Julián. “En ese momento no sabíamos lo que iba a pasar. Y lo que pasó fue que cuando ya tocaba volver a meterse en un estudio llegó la enfermedad de Ángel [González, batería desde 1990], y eso nos paró. Justo al año siguiente se murió Joe Hardy. Y luego ya se nos vino encima lo de la pandemia y perdimos una inercia considerable. Y ahí ya dijimos: “Bueno, hasta aquí llegamos, ya está contado todo. La historia está hecha y ahora hay que recopilarla”. Y de ahí salió la conclusión de hacer un último concierto”. 

'Miña terra galega' (1984)

‘Bonus track’, en tanto que versión. O de cómo una humorada pensada “para molestar a los modernos de Rock-Ola” se convirtió en quizá la canción más célebre del grupo. “La idea se le ocurrió a Pepo Fuentes, que fue un personaje fundamental en los inicios de Siniestro Total. Estábamos en una fiesta de la Escuela de Caminos en Madrid donde había un grupo que hacía versiones y tocaron el ‘Sweet Home Alabama’. Y Pepo soltó lo de “miña terra galega”. Nos hizo tanta gracia que decidimos preparar una letra para tocarla en Rock-Ola y hacer enfadar a la gente con una canción de rock sureño y racista, pero no funcionó porque al público le encantó”. Tanto le encantó que en España la versión de Siniestro no tardó en superar en popularidad al original de Lynyrd Skynyrd. “Fíjate si es más conocida que en la ficha de registro en la SGAE dice: “’Sweet Home Alabama’. Autores: Ed King, Gary Rossington y Ronnie Van Zant. Canción también conocida como ‘Miña terra galega’”. ¡Estos americanos están en todo!”.

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