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Javier Hernández Velázquez Escritor

Javier Hernández Velázquez : «La literatura es como el deporte, si no entrenas, no juegas»

«Intento ir al origen del nacionalismo canario, que está en el inicio de la novela», afirma el escritor

Javier Hernández posa con su nuevo libro.

Javier Hernández posa con su nuevo libro. Carsten W. Lauritsen

Dos novelas con sendos reconocimientos: ‘De un país en llamas’, finalista del Premio Bellvei Negre, e ‘Indivisa Manent’, ganadora del Premio Adarve. Su autor, el tinerfeño Javier Hernández Velázquez, habla en este libro sobre la nueva historia de Mat Fernández, de la situación editorial y de sus futuros proyectos. «No me gusta encasillarme. Si no vives, no escribes», asegura.

De un país en llamas está en las librerías desde principios de mes y lleva avalada por haber sido finalista del Premio de Novela Bellvei Negre 2021 e Indivisa Manent, que saldrá en breve, se hizo con el Premio Adarve. El primero de ellos supone el regreso de Mat Fernández, había ganas ya...

Esta es mi décima novela y la undécima, Indivisa Manent, está ya a la vuelta de la esquina. Después de once novelas parece que me tengo que definir como escritor. Lo que está claro es que me he dado cuenta de que, para abordar un argumento y una novela, tienes que ser más fuerte y sobreponerte al argumento que vas a contar. Han sido años fastidiados para todos por la pandemia y el aislamiento pero para mí ha sido una especie de tiempo de adviento, tanto personal como literario, que me ha permitido trabajar y sembrar y ahora recoger estos frutos.

¿Cómo ha cambiado Mat Fernández tras cuatro novelas?

Creo que ha evolucionado con la sociedad. Me fijo mucho en Ricardo Blanco, que es el personaje de Pepe Correa. Ya tiene más de una decena de novelas y en estas dos décadas el personaje ha crecido. Mat Fernández está inserto en unas circunstancias y en un mundo que está cambiando. Es un mundo cuyas calles paseamos todos los días. En el fondo da bocados de realidad, es un registro de un tiempo, de una época y una cultura, de la comida y las relaciones. Mat es un observador, no quiere dogmatizar. Cuenta lo que ve para que el lector saque sus conclusiones. Es una novela con mucho contenido político, eso sí.

¿Es quizás la más política de la saga?

Creo que sí, junto al comienzo, que iba de una campaña electoral: Un camino a través del infierno. Analizo mucho la real politic del archipiélago canario y las circunstancias que lo rodean. Por eso tiro de historia. Intento ir a los orígenes del nacionalismo canario que prácticamente están en los inicios de la novela: Cuba y Venezuela. Hay que ir siempre a la verdad y recordar es fácil si uno tiene memoria, lo difícil es olvidar. Sobre todo si tienes corazón y ves de dónde vienes. ¿Qué podría haber sido Canarias?¿Cuál es la idea que tenemos de las Islas? Recuerdo haber escuchado una afirmación que hizo Arthur Conan Doyle a través de Sherlock Holmes que dice que primero hay que analizar los hechos para luego sacar una teoría, no al contrario. Que Canarias podría haberse mantenido como puerto franco, que tiene una situación privilegiada con su carácter tricontinental, que podía ser un estado asociado, tipo Puerto Rico, no sé... Se ha podido ser tantas cosas y, sobre todo, aún se pueden ser tantas cosas. Estamos en periodo donde la gente identifica política con corrupción y yo no estoy muy de acuerdo con esa aseveración, que es maximalista. Creo que el gran efecto de la segunda parte del siglo pasado fue la corrupción como pérdida de valores y luego vino la corrupción material, que fue lo que definió el final de siglo y el comienzo de este. Recuerdo escuchar a Saramago diciendo que la corrupción ya no le importa a nadie. Estamos metidos en una crisis sanitaria, económica y política, todo es una mezcla. Lo que sí creo es que debemos dar un tironcito de orejas a los políticos porque a veces ellos tienen una imagen de país y nación diferente a la que tienen los ciudadanos. Creo que vamos a vivir un proceso importante. Hace falta liderazgo y eso aparece bien reflejado en este libro. No me lo pensé mucho a la hora de escribir la novela, quizás porque llevo tiempo intentando explorar mis miedos para que los temores se disuelvan. Y la mejor manera para escribir o de hacer algo es querer hacerlo. Todos buscamos siempre tener una especie de de plan b. Si tienes una alternativa le vas a dedicar mucha energía y te vas a desviar el plan original. Todo eso aparece muy perfilado en De un país en llamas.

¿Cuándo la escribió?

Tanto esta como Indivisa Manent nacieron en tiempo de pandemia. Estuve mucho con teletrabajo y los días y las noches se hacían muy largas. Y la literatura es como soñar, puedes ser quien quieras ser.

Dos experiencias literarias que han sido avaladas con sendos reconocimientos. ¿Qué significan los premios para usted en la parte más practica, de cara al mercado editorial?

Por eso mismo paré en esa época. Podía haber sacado novela y paré porque era imposible hacer la promoción. Lo curioso es que ninguna de las dos portadas las escogí yo. La de Indivisa Manent es lluvia y la de De un país en llamas es fuego. Son novelas contrarias. No me gusta que me etiqueten. Hago novela negra como novela social pero también hago novela histórica, thriller y ahora mismo estoy metido en su sci-fi noir. Después de una conversación con Élmer Mendoza –él siempre dijo que quería haber sido escritor de ciencia ficción– me he metido en eso. Se desarrolla en el siglo XXII. Gran parte de la novela se desarrolla en una ciudad satélite en Marte y la otra en Japón.

¿Le gustan los desafíos? ¿Los cambios de registro?

Creo que sí. Si no, te acomodas. No me gusta encasillarme. Mat Fernández está muy pegado a mí pero siempre suelo intercalar otras novelas. Si no vives, no escribes. Hoy en día se dice que hay escritores que lectores pero esto es como el deporte, si no entrenas, no juegas. Soy un gran lector y eso me abre muchas vías. También te digo que desde hace mucho tiempo, desde que Ánghel Morales generó G21, tengo claro que estamos viviendo la edad de oro de la novelística en Canarias. Siempre nos hemos considerado tierra de poetas pero veníamos de dos grupos muy potentes –Gaceta de Arte y Fetasa– y creo que ha llegado una pléyade estupenda de escritores y escritoras. Hay que aprovechar.

Los jóvenes también vienen empujando fuerte

Sí, igual que los fetasianos y los supervivientes de Gaceta de Arte ayudaron mucho a la generación del 70, creo que nosotros estamos haciendo lo mismo. Como comisario del Tenerife Noir, siempre dejo puertas abiertas a los jóvenes para que tengan su espacio.

Después de un año en blanco, parece que también vuelven las ferias. ¿Tiene previstas citas de este tipo?

Presentaré las dos novelas en el Tenerife Noir. El 30 de septiembre presentaré De un país en llamas y el 4 de octubre Indivisa Manent. Será en la antigua Recova de Santa Cruz. También estaré en la Feria del Libro de Las Palmas y en Las Palmas Confidencial. Con lo cual, parte del territorio canario estará cubierto. Mi idea es girar a Lanzarote, El Hierro y demás. Según cómo estemos iré a la península, a Madrid y Barcelona. Las ferias son el encuentro con los lectores, una experiencia que te ayuda y que genera una simbiosis con los lectores y lectoras.

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