Cultura y Espectáculos

Jaxana, ricas experiencias

Este restaurante, que se alzó con el Premio Cruzcampo Especial El Día-Mesa Abierta a Mejor Cocina Extranjera en su tercera edición, propone un viaje por las cocinas asiáticas.
S. Lojendio
21/dic/18 6:21 AM
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S. Lojendio

No busquen el nombre por wikipedia. Jaxana es un acrónimo resultado de unir las dos primeras letras de los nombres del trío de artífices de este proyecto gastronómico (Javier, Xavi y Nacho), un restaurante que con apenas quince meses de vida conquistó el Premio Cruzcampo Especial El Día-Mesa Abierta a la mejor cocina extranjera en su tercera edición.

No es un "japo", tampoco un chino: va más allá. En su día, el chef Nacho Hernández se trajo en la mochila un buen puñado de recetas tradicionales de la cocina asiática y, a la vista de tal tesoro, a Xavi Riera le faltó tiempo para hacer realidad su sueño dce toda la vida: montar un restaurante. La tercera pata la puso Javier Báez, quien también cayó rendido a una idea que tomó cuerpo en un local ubicado en el Paseo Milicias de Garachico, en la capital tinerfeña.

Elegancia y gusto; equilibrio entre espacios. A la entrada, una esquina diáfana (dominada por los dioses) que asoma a la calle; hacia adentro, la cómoda barra de cara a la cocina; en el interior, mesas repartidas con discreción y reservado en la planta superior.

Dos menús degustación: corto y largo, o la carta. La cocina de Jaxana propone un viaje por una docena de países orientales: Japón, Corea, Malasia, Tailandia, Singapur, Birmania, Indonesia, Filipinas, China, Vietnam, Laos y Camboya. Nacho Hernández factura este tránsito con la libertad de dar a sus creaciones un toque personal, alejado en muchos casos de la ortodoxia. Después de haber asimilado sabores, técnicas y preparaciones orientales, el chef y su equipo las reproducen con fidelidad, en unos casos, o bien las traducen en clave atlántica.

La coctelería marida aquí con naturalidad. Rai prepara un sabroso Lychee Martini: vodka, licor de saúco Saint Germain, zumo de lima y sirope-puree de lychee: neutro, acidez y flores. Otra forma de sentarse a la mesa.

La vajilla es japonesa, de importación. Sobre el mantel, pan de mantequilla, artesanal, elaboración propia, que precede a una Sopa misho, cherne negro y alga wakame. Sabrosa. De aperitivo, una ostra ligeramente flambeada con mahonesa de nam prik pao, lima, chalotas y cilantro.

A caballo de una animada conversación (equipo, trabajo, nivel de satisfacción), un ceviche al estilo de Filipinas, el kinilaw, con leche de coco, pimienta, cilantro y rábanos: delicada y exquisita mezcla, de igual manera que la zamburiña gratinada con bechamel, coco y miel.

Y si la cecina de wayu espolvoreada con trufa negra sorprende, la partatana de cherne negro con bol de arroz y hierbas provoca el éxtasis. ¡Para mojar pan! La costilla de vaca glaseada con teriyaki sobre una crema de papa anuncia los postres:musgo de Kyoyo, yuzu confitado, sorbete de té verde y bizcocho, y sopa de curry con frutos rojos, tejas de merengue de frambuesa y sorbete de mandarina.

Un mundo de sensaciones.