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EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZ

Café con Elsa María, de la Librería Diocesana de Santa Cruz de Tenerife

* Orientador familiar
4/may/12 1:18 AM
Edición impresa

CON OCASIÓN de la Semana del Libro y del Día de la Madre, nada mejor que charlar con Elsa María Díaz González, madre y librera -que es mucho más que vender libros o ser dependienta de una librería-. Nacida en Acarigua (Venezuela) de padres canarios, como consecuencia de otra crisis -de la que salimos-, la emigración; casada con Ovidio Fumero Marrero y padres de dos encantadores hijos, que más que hijos parecen sus hermanos: Kevin Jesús (19) y Ana Beatriz (15). Elsa, a la vez que trabaja en la mencionada librería, es catequista de su parroquia, María Auxiliadora, misionera laica de la Madre Teresa de Calcuta y, además, toca la guitarra. Siempre, sin perder la calma ni la sonrisa que la caracteriza.

"Soy librera por casualidad o causalidad de la vida: estudié auxiliar de clínica, aunque empecé a trabajar en una agencia de publicidad; posteriormente me ofrecieron este trabajo, que entonces era la librería FIVER, donde empecé el 4 de mayo de 1989 -hoy hace veintitrés años-. Por traspaso del negocio, desde hace seis años, pertenezco a la librería diocesana del obispado de Tenerife. Es una de las mejores experiencias de mi vida: me gustan los libros, me gusta leer y me gusta atender a la gente. En realidad, más que una librería, somos una familia, donde se puede hacer mucho apostolado".

"¿Misionera laica? Desde pequeña siempre trabajé en mi parroquia de entonces, San Sebastián de Santa Cruz, de voluntaria, cantando y ayudando a los más pobres entre los pobres de mi barrio; me apasionaba el carisma de la Madre Teresa de Calcuta. Hace unos cuatro años, un miembro de esta comunidad, que me conocía bien, me propuso incorporarme. Lo pensé y después lo llevé a la oración... Decidí decirle al Señor: "Aquí estoy para hacer tu voluntad, para decirte sí, Señor, sigo adelante por ti y contigo". En realidad, por ahora, solo somos cinco miembros, y en Canarias solo estamos en Tenerife".

"Ni yo sé de dónde saco el tiempo. En una familia normal se soluciona todo teniendo orden y haciendo labor de equipo. Aunque te puedo decir que cuando ofreces tu trabajo al Señor, cuando haces las cosas con alegría y entusiasmo por amor a Él y a los demás, se te multiplican las horas; y aún me queda tiempo para los míos y mis hobbies: bordar a punto cruz, restaurar cositas antiguas, manualidades y, sobre todo, leer. Hoy en día no es nada fácil educar a los hijos: gracias al marido que me ha tocado, tenemos mucha y muy fluida comunicación y tratamos de ponernos de acuerdo siempre antes de tomar decisiones con los chicos; es lo mejor; así procuramos tirar del carro juntos y en una misma dirección".

"Claro que me volvería a casar con Ovidio, ¡un encanto de hombre! El amor matrimonial, como el buen vino, con los años mejora. Nos hicimos novios de una forma muy simpática, y que recuerdo con mucho cariño, por supuesto. Era amigo de mi hermana y cartero de mi barrio, aunque tuvo que llamar a la puerta bastante más de dos veces".

"Sacar un matrimonio adelante para toda la vida -con las normales "peleas"- no es tan difícil si se cuenta con la ayuda de Dios. La clave es el respeto, la confianza, el diálogo y mucha ternura".

"Además de monjas y curas -como dices-, mis clientes son de todo tipo de gente: personas creyentes, no creyentes, practicantes, no practicantes y hasta de otras confesiones. Los libros que más se venden últimamente son: "Susurros de Dios", de Antonio Gil (Ed. Paulinas), "El camino abierto por Jesús Lucas", de José Antonio Pagola (Ed. PPC), "Mi hermano el Papa", de Georg Ratzinger (Ed. San Pablo)...".

"Durante veintitrés años, anécdotas hay muchas. La gente te cuenta sus problemas; sobre todo con los creyentes de a pie... formamos una gran familia. Te puedo decir que solo con escuchar y una pequeña conversación hemos ayudado a personas a regresar a su camino, después de haber andado a la deriva".

"Un libro que me impactó y que releo de vez en cuando es Dios existe, yo me lo encontré, de André Frossard; una película, La última cima, y una canción, Nadie te ama como yo, de Martín Valverde".

Muchas gracias, Elsa, por tu tiempo, por abrirnos el corazón, y por el encanto de tu sonrisa. ¡El café estaba delicioso!

* Orientador familiar

y profesor emérito del CEOFT

fmgszy@terra.es

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