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Canarias tiene un militar por cada 145 habitantes y un psicólogo por 17.000

Un informe del Centro Delàs de Estudios por la Paz alerta del refuerzo de la militarización en el Archipiélago | Hay 50 kilómetros cuadrados ‘ocupados’

Imagen de un ejercicio táctico aéreo desarrollado en el Archipiélago. E. D.

Canarias cuenta con un militar por cada 145 habitantes. En contraposición, el Estado emplea en las Islas a un psicólogo por cada 17.000 personas; un trabajador social por cada 24.000 o una matrona por cada 100.000 residentes en las islas. «Canarias está en un proceso de remilitarización o jamás ha dejado de estarlo, y la intención de los sucesivos gobiernos ha sido, y es, reforzar el papel militar de su posición geoestratégica», concluye la investigadora canaria Koldobi Velasco, en un informe publicado recientemente por el Centro Delàs de Estudios por la Paz, que recoge la realidad que se vive en algunos de los sitios más más militarizados de España.

Este documento detalla la realidad de cada comunidad, con la colaboración de más de una decena de profesionales que abogan por la desmilitarización de España. «Este Archipiélago es un paraíso militar», asevera Velasco, trabajadora social, profesora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y miembro de Alternativa Antimilitarista- Moc. En el estudio afirma que Canarias es la quinta Comunidad Autónoma con más personal militar después de Madrid, Andalucía, Aragón y Castilla y León. Además de 8.097 soldados, 3.000 en operaciones exteriores, tiene 3.391 Guardias civiles y 3.673 Policías Nacionales. «Contamos en suma con un cuerpo militar y de fuerzas del orden por cada 116 habitantes, y un militar por cada 145 habitantes», recalca.

Y en cuanto a superficie, resalta que Canarias es «lugar de ensayo de guerras, con más de 744.700 hectáreas dedicadas a maniobras militares (la superficie terrestre de las Islas), así como más de 50 kilómetros cuadrados declarados zonas de interés de Defensa», con predominio militar sobre estos lugares, que fija la prevalencia del interés para la guerra sobre cualquier otro, limitando incluso y prohibiendo el uso y la decisión de las administraciones públicas civiles frente al interés militar. Muchas de estas zonas declaradas de interés para la defensa se encuentran en parques Nacionales o reservas  de la biosfera, añade.

Velasco alude a que un informe confeccionado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos sitúa a Canarias en el ranking de grandes bases militares archipielágicas del mundo, auspiciadas por la OTAN, junto a Chipre, Guantánamo y Pearl Harbour. Hace referencia al teniente general José Luis Vega Alba que asevera que: «Canarias requiere especial tratamiento por su relevante relación estratégica. Tiene una ubicación privilegiada entre tres continentes y en las proximidades de uno de los principales flujos de transporte marítimo y aéreo hacia Europa y orillas del Mediterráneo; está abierta al Atlántico; es la puerta natural para Iberoamérica y plataforma logística para África, dos de los principales marcos de actuación y es parte del flanco sur occidental de la Alianza Atlántica».

La situación geográfica de Canarias para el control de los conflictos de África es una cuestión clave para España en la militarización de las Islas, si bien en el informe del Centre Délas y la investigadora canaria defienden la desmilitarización y cuestionan cómo se está integrando el Ejército en tareas que debe hacer la población civil, cargando al erario público del gasto en Defensa y suplantando a profesionales cualificados civiles.

Velasco cuestiona, por ejemplo, por qué los militares han hecho el control telefónico de los casos de Covid cuando son cuestiones sanitarias que requieren profesionales. Es una «intrusión de lo militar en ámbitos civiles como los educativos, deportivos o religiosos, no sólo no se reduce, sino que cada vez Defensa dedica más esfuerzos para reforzarse socialmente, con actividades que van de una presencia protocolaria franquista hasta la organización o participación en ferias de todo tipo y en eventos sobre seguridad, o la típica campaña de charlas en institutos de enseñanza secundaria sobre oportunidades laborales en los ejércitos», recalca. «Presencia militar en tareas civiles, como la Unidad Militar de Emergencias (UME); en las oficinas de empleo; en los actos de acción social, desde el voluntariado asistencialista; en actos culturales, en tareas medioambientales, de salud, en la gestión de los rastreos en la pandemia del Covid; y en las universidades canarias en proyectos de investigación y aulas universitarias o en La Palma» son aspectos que tienen un coste social ajeno a la realidad de lo que realmente es el Ejército, concebido para mantener la integridad ante amenazas externas o internas. La militarización ocupa puestos de trabajo y presupuesto, censura.

Y denuncia que las Islas, que dijeron no a la OTAN, se han convertido en lugar de entrenamiento habitual de tropas españolas y multinacionales antes de su envío a Afganistán, al continente africano y a otros destinos.

 «Canarias se convierte en objeto y en objetivo militar, siendo parte de la amenaza para otros lugares del planeta», sostiene la investigadora, que aboga por una tierra de paz y que no gaste recursos en la militarización sino en dar unos servicios sociales o sanitarios dignos.

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