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Inquietud en Canarias por la tensión en el Magreb y el Sahel

El deterioro geopolítico en las zonas de influencia de Canarias en África, junto a la crisis económica, auguran más presión migratoria

El Ejército de Tierra entrena en el campo de maniobras de Pájara (Fuerteventura) para las misiones internacionales en Mali e Irak. E.URQUIJO (EFE)

Canarias toma conciencia cada vez con mayor frecuencia e intensidad de su condición de frontera sur de Europa y de archipiélago geográficamente africano al que nada de lo que ocurra en el continente le es ajeno. Sobre esta premisa, la mirada actual desde las Islas hacia su entorno más cercano se está volviendo cada vez más vigilante ante las inquietantes muestras de deterioro de la situación política, económica y geoestratégica de la región. Siempre sensible a las consecuencias de los movimientos de todo tipo que se desencadenan en los países de África Occidental al sur del Sáhara y de los ribereños del Atlántico medio, el Archipiélago lo es más aún respecto a lo que ocurra en el Magreb y el Sahel, las dos regiones del continente africano de mayor influencia y de donde procede la mayor parte de la inmigración irregular que llega a sus costas.

Sahel, la guerra desconocida contra el terror

Sahel, la guerra desconocida contra el terror José Luis Roca

Desde hace ya algunos años, varios elementos están apuntando a la configuración de un marco de inestabilidad en toda la zona de influencia de Canarias en África, donde Marruecos y el conflicto del Sáhara siguen siendo la mayor preocupación. El bloqueo de la posibilidad de un referéndum de autodeterminación para la antigua colonia española en los términos propuestos por Naciones Unidas está llevando a las partes, el Reino de Marruecos y el Frente Polisario, a un recrudecimiento de las hostilidades, con riesgo de una situación de guerra abierta que supondría un salto cualitativo al hostigamiento mutuo de los últimos años.

La certeza por parte del régimen de Mohamed VI de que tiene a las principales potencias occidentales de su parte, especialmente Estados Unidos y Francia, ha llevado a Rabat a una serie de decisiones que han supuesto un enconamiento de las posiciones respecto a países terceros o la propia República Árabe Saharaui Democrática, tales como la anexión como propias de las aguas saharauis, o incluso el trazado de unas teóricas medianas marítimas con España frente a Canarias que contravienen los convenios internacionales.

El apoyo de Trump

El apoyo de la anterior administración norteamericana de Donald Trump a la soberanía marroquí sobre el Sáhara se ha visto sin embargo matizado luego por la posición del nuevo presidente de EE UU, Joe Biden, lo que en todo caso ha permitido a Rabat insistir hace solo unos días en su propuesta de referéndum de autonomía para todo el territorio saharaui. Paralelamente, la sentencia del pasado mes de septiembre del Tribunal General de la UE por la que anula el acuerdo de pesca entre la UE y Marruecos que afectan a las aguas del Sáhara Occidental, considerando que no son de administración ni competencia de Rabat, ha llevado al Frente Polisario a una ofensiva, que pretende ser también militar, contra la ocupación de sus territorios por el reino alauita.

Paralelamente, Marruecos está en plena campaña de autorización de prospecciones petrolíferas en aguas saharauis o pendientes de delimitación internacional con España que está causando preocupación en Canarias. Pese a las muchas incógnitas abiertas sobre las posiciones de Marruecos en este marco y sobre las relaciones entre Madrid y Rabat, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, se mostró muy parco en explicaciones durante su comparecencia en el Senado la semana pasada, donde los portavoces de los grupos parlamentarios mostraron su frustración por la ausencia de respuestas claras. Los senadores canarios que participaron en el debate, Fernando Clavijo (CC) y Fabián Chinea (ASG) reclamaron en este sentido la necesidad de impulsar una política exterior específica en el espacio geográfico que ocupa Canarias.

La pandemia acrecienta la crisis económica y la inestabilidad va en aumento

Junto al conflicto del Sáhara y ligado íntimamente a él, Marruecos protagoniza también otro nuevo foco de conflicto en la región por el nuevo enfrentamiento con Argelia por el supuesto bombardeo de un convoy de camiones argelinos, con el resultado de tres civiles muertos, por parte del ejército marroquí en la zona fronteriza entre Mauritania y el disputado territorio saharaui. Unas acusaciones que Rabat calificó de «falsas» y «absurdas» que subrayan los riesgos de un choque armado entre los poderosos rivales del norte de África, tras meses de deterioro en las relaciones bilaterales, una pugna de larga trayectoria vinculada al conflicto en la región.

Sahel: crisis multidimensional

Más allá del Magreb, el entorno africano de Canarias se deteriora también de forma preocupante en el Sahel, la región más sometida al cambio climático y sus consecuencias económicas y sociales, y donde la hambruna toma carácter estructural y permanente. Mientras tanto, se multiplican los campamentos de refugiados en zonas fronterizas por los enfrentamientos militares entre facciones políticas en muchos de esos países, donde paralelamente el terrorismo yihadista no ha parado de crecer y la migración hacia Europa, especialmente por la vía marítima a Canarias, es ya el principal objetivo de muchos de sus ciudadanos.

La pandemia sanitaria por la covid-19 no ha hecho sino acrecentar la crisis económica en la región, donde la inestabilidad va en aumento y pone a prueba la resistencia de las potencias occidentales en sus intentos por pacificar la zona y apuntalar gobiernos capaces de una administración que, favorable a sus intereses respectivos, frenen la sangría interna en términos de pobreza y migración. Es lo que en las cancillerías europeos se ha dado en llamar una «crisis multidimensional».

Mali, de donde procede buena parte de la migración irregular que recibe Canarias, es el país donde esa inestabilidad parece imparable, con dos golpes de Estado en menos de un año que demuestra la inconsistencia de su estructuras políticas, incluidas las que afectan al funcionamiento de su Ejército. Los medios especializados publicaban en los últimos días la retirada de efectivos militares franceses de Tumbuctú, la ciudad Patrimonio de la Humanidad donde los yihadistas destrozaron en 2012 a golpe de dinamita sus históricos mausoleos. El repliegue de las tropas francesas de Mali y otros países del Sahel, paralelo a la llegada de mercenarios rusos de la compañía Wagner, considerada un ejercito en la sombre del Kremlin, al servicio de la Junta Militar que tomó el poder en agosto y que no se ha comprometido a celebrar elecciones, pone en jaque las operaciones puestas en marcha desde 2012 por algunos países de la UE, en especial Francia, para combatir el yihadismo en la región. Se proyecta así sobre la región la sombra del fracaso occidental en Afganistán, donde los talibanes retomaron el poder hace ahora cuatro meses. No en vano, el Sahel está empezando a considerarse como el ‘Afganistán europeo”. El objetivo de la UE es que la región, una zona en la que hacen frontera Burkina Faso, Mali y Níger, sea capaz de soportar por sí misma, quizá con algo de apoyo exterior, el avance de los yihadistas.

El Frente Polisario amenaza con una ofensiva militar tras lograr Rabat el apoyo de EEUU e Israel

Francia trasladó al Sahel en 2012 en torno a 5.500 efectivos en el marco de la Operación Barkhane con la que trató de frenar, con el apoyo de otros países de la UE, entre ellos España, la ola expansiva del yihadismo. Pero las elecciones presidenciales de abril próximo y el cansancio de la opinión pública francesa ha llevado al presidente de la República, Enmanuel Macron, a ir desmantelando poco a poco la misión. La idea es que a finales de 2022 sólo quede en la zona el 40 % de esas tropas, todo ello en medio de dos golpes de estado (en agosto de 2020 y en mayo de este año) con sucesivos cambios en el gobierno del país. Esta situación que abre una encrucijada respecto a la participación española en la operación.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, visitó hace dos semanas el destacamento Marfil del Ejército del Aire español en Thies, a 90 kilómetros de Dakar (Senegal), que presta apoyo a la operación Barkhane, donde reiteró el compromiso con el Sahel y que España seguirá «mientras sea posible» en la EUTM-Malí, la misión de instrucción de la UE, de la que es el primer contribuyente, con más de 500 efectivos. También el ministro Albares mantiene el Sahel como zona prioritaria para el departamento en la política hacia África, especialmente Malí, pero también la zona del lago Chad, donde se persigue luchar contra las redes de traficantes que se extienden por toda la región, avanzar hacia unos flujos migratorios ordenados y controlados para garantizar una migración regular. Sin embargo, el ministro no ofreció una visión clara sobre sus planes inmediatos en la mencionada comparecencia parlamentaria de la semana pasada.

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