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Khadija Mohsen-Finan Profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de París

«La solución para el Sáhara Occidental es un arbitraje de la ONU»

«España no quiere ser árbitro de Argelia y Marruecos, no quiere enemistarse» , afirma la profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de París

Khadija Mohsen-Finan, experta en el Magreb. ELISENDA PONS

Profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de París. Experta en el Magreb y el conflicto del Sáhara Occidental, acaba de publicar ‘Tunisie, L’apprentissage de la démocratie 2011-2021’ (Túnez, el aprendizaje de la democracia 2011-2021). Descarta que España se postule como árbitro en el conflicto entre Argelia y Marruecos, o que la contienda pase de la política a los campos de batalla. «No beneficia a ninguno».

Marruecos y Argelia viven un momento de alta tensión. ¿Cree que puede acabar derivando en un conflicto armado o esa posibilidad no interesa a uno ni a otro?

Pensamos mucho en una escalada militar porque los dos países están muy armados. El informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri) muestra que son los países de África que compran más armas tras Egipto, cada vez más sofisticadas y de procedencias distintas. Pero no están destinadas a luchar contra el yihadismo, es un armamento de guerra. No obstante, yo creo que los dos Estados no irán a la guerra; no beneficia a ninguno. Pienso que el conflicto continuará entre los dos más allá de sus fronteras, en Mali o Libia, quizá políticamente en el seno de la Unión Africana, pero no creo que acabe en un conflicto real.

¿Debe España jugar un papel de árbitro en el conflicto?

España podría, en mi opinión, pero no lo quiere realmente. No tiene interés en enemistarse con ninguno de estos dos países porque debe negociar con Argelia en la cuestión energética y es un socio a nivel económico para Marruecos, que es un gran comprador y va a ser un gran comprador de gas argelino.

En 1991, el Consejo de Seguridad estableció que debía de prepararse la celebración de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental. Treinta años más tarde, sigue sin celebrarse…

No creo que vaya a celebrarse nunca. Ya no fue posible organizarlo en 1992 y hoy es imposible hacerlo desde el punto de vista técnico y político.

Entonces, ¿cuál es la solución?

Es un arbitraje que vendrá por la ONU y por terceros países que sean capaces de discutir con el Frente Polisario y Argelia y con Marruecos. España y Francia es difícil porque fueron los países colonizadores. En todo caso, hay que ser realista. Pero a pesar del agravamiento de las tensiones, el conflicto tiene problemas para salir de su letargo y uno de los grandes responsables es Naciones Unidas, que ha jugado el juego de Marruecos en la organización del referéndum. Pero también es responsable EEUU, que no ha sido capaz de imponer un mecanismo de observación de los derechos humanos a la Minurso. Se han hecho muchos regalos a Marruecos, que no ha sido respetuoso con el derecho internacional, y hoy en día no entiende que se le pida negociar un territorio que ocupa de hecho desde hace 45 años. La solución era difícil de encontrar en 1975, pero hoy es aún más difícil porque hay una población que es víctima de esta situación. Están en una cárcel a cielo abierto.

Ya hace más de 10 años de la Primavera Árabe. ¿Queda algo de ella?

Sí, queda todo. Queda la revolución, la protesta, unas formidables ganas de cambio. Hoy estamos en una situación de fracaso, pero si vemos la historia ninguna revolución ha dado satisfacción en el espacio de 10 años, ninguna. Hay avances y retrocesos, pero las cosas ya no serán jamás como antes, ni siquiera en Egipto. El espíritu de la revolución está ahí. Y lo hemos comprobado, pues en 2019 llegó a Sudán, el Líbano y Argelia.

Túnez, el país donde prendió la mecha y el único en el que acabó cuajando un sistema democrático, vive actualmente una grave crisis política. ¿Dónde quiere llegar el presidente Kaïs Saied?

No está claro. Saied venció en 2019 con un programa un poco loco. Decía que no creía en la representación política, en los partidos, que iba a invertir la pirámide de poder... algo parecido a la democracia directa. Sin embargo, ha acabado acaparando todo el poder. Ha hecho un desierto a su alrededor, sin contrapoder, sin Parlamento. La democracia directa no es esto. Su golpe de Estado del 25 de julio fue muy bien acogido porque la gente está fatigada. Hoy Túnez atraviesa una crisis social, económica y financiera. Saied debe encontrar 3.000 millones de euros antes del 31 de diciembre para pagar la deuda y a los funcionarios. Está al pie del muro y hace falta que dé respuestas. Él es el responsable de todo. Es la buena y la mala noticia. No veo cómo puede perdurar.

La emigración es uno de los grandes problemas del Magreb. ¿Cómo debe abordarlo Europa?

Europa debe saber que hay personas completamente desesperadas que intentan marcharse en barcas poniendo en peligro su vida y hay personas con estudios que emigran por la vía normal. Los que se quedan lo hacen porque no pueden irse. ¿Cómo gobernar una sociedad que solamente piensa en emigrar? Es imposible. Europa debe acompañar el cambio y no tiene que fomentar el statu quo; debe ser exigente a nivel político, que las cuestiones de los derechos humanos se tengan en cuenta. Y tiene que condicionar su ayuda a un cambio real, efectivo.

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