Tenerife

EDITORIAL

Un nuevo país
CANARIAS SE ENCUENTRA
20/may/07 0:49 AM
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CANARIAS SE ENCUENTRA en un momento histórico en que debería hacer borrón y cuenta nueva. Hasta ahora hemos vivido, políticamente hablando, de "machangadas", como ese Estatuto de Autonomía, y de la actuación de muchos políticos machangos; o de machangos que se autocalifican ?y muchos se lo creen? de políticos, cuando ser político es otra cosa muy distinta. Pero lo que esta tierra necesita para borrar de un plumazo tanta incompetencia es ser un país con presencia propia en el mundo. Porque Canarias es muy conocida internacionalmente, sobe todo por su posición económica y turística y su situación estratégica. Y porque su isla principal es un indicador. Hay que aprovechar, entre otras circunstancias, esa situación geográfica en el cruce de tres continentes para tomar las riendas de su destino. Y, repetimos, Tenerife, como isla mayor y más importante del Archipiélago y como dueña de ese símbolo mundialmente conocido que es el Teide, es el lugar ideal para albergar la capital del nuevo país. Somos redundantes para que se nos entienda mejor.

Naturalmente, la transición desde el actual régimen político a ese nuevo estatus debería hacerse de forma tranquila, pacífica, sin traumas de ningún tipo. Como escribió en su tiempo Jesús Fueyo, sin prisa pero sin pausa; de conformidad con la nación que es hoy nuestra metrópoli y realizando los trámites pertinentes en la ONU hasta constituir un país que esté asociado tanto a España como a Europa, y con excelentes relaciones con América y nuestra vecina África. Ejemplos hay varios en el mundo.

Porque lo que no es bueno es continuar por la actual senda, en la cual el pueblo se va radicalizando poco a poco por culpa del mal trato que da el Gobierno central a Tenerife y a otra cinco islas, y el muy favorable que le dispensan a Las Palmas tanto la Administración central como la autonómica. El tinerfeño prefiere ser ciudadano de un país libre antes que estar bajo la influencia de esa isla y de sus codiciosos políticos. Y es a eso a lo que nos arrastran los partidos de ámbito estatal y algunos medios de comunicación, incluidos los de la Península. Sin olvidar la parte de culpa que en esta radicalización de las posturas tienen, también ?como alguien con autoridad nos ha sugerido? muchos políticos tinerfeños, que no han sabido ni saben ?y nos tememos que no sabrán? defender los derechos de su isla frente a las ansias hegemónicas de la de enfrente.

ahora se acercan elecciones municipales y autonómicas, pero eso no le traerá a Canarias los aires nuevos que necesita para salir del marasmo en que se encuentra, del dislate que supone estar gobernada "de facto", aunque no "de iure", por una isla que ni siquiera es la de mayor peso económico ni demográfico, y que es la tercera en tamaño, carente de atractivos naturales. Sólo por el hecho de que allí reside el peso político de los dos grandes partidos de ámbito estatal y de que una formación nacionalista como Coalición Canaria, que se compone de partidos insularistas, por no se sabe qué extraña fascinación, tienda a favorecer a esa isla. Una isla menor, como bien la ha definido Lorenzo Olarte. Sin embargo, estamos convencidos de que la transición política para llegar a esa regeneración que necesita el Archipiélago podría hacerse sin pleito con Las Palmas a través de políticos inteligentes, no intoxicados como lo están los que padecemos en la actualidad. Entonces habría otras condiciones como, por ejemplo, una televisión autonómica que no estaría al servicio exclusivo de Canaria y en cuya programación predominarían la realidad geográfica, demográfica, económica, cultural, social y hasta folclórica y de consumo. Elementos propios y ricos que sólo posee Tenerife. Que no es precisamente lo que ocurre ahora.

pero nada de eso cambiará con los actuales esquemas políticos e institucionales. Por eso, a partir del día 27 hay que ir olvidando un Estatuto de Autonomía que está lleno de despreciables mentiras e ir pensando en formar un país distinto. Nuevo. No nos faltarían ayudas. De España, de Bruselas, París, Berlín, EEUU, la ONU, África y otros países que tenemos a nuestra espalda. Pero nunca sometidos por ser débiles o protegidos por antiguos protectorados.

Y ya que estamos ante una nueva cita electoral, diremos que lo que puede pasar el día 27 se puede parecer bastante al análisis que hace una lectora de nuestro colaborador Ricardo Peytaví y que éste reflejó en su artículo del martes pasado. He aquí un resumen de ese parecer, tal como lo reflejaba, textualmente, Peytaví:

"Si el Ejecutivo regional cae en manos de José Manuel Soria, estas islas probablemente se beneficien de un desarrollo similar al que se ha producido en el Madrid ?primero comunitario y luego capitalino? de Ruiz Gallardón, en la Valencia de Zaplana o en la propia ciudad de Las Palmas cuando el mencionado político era su primer edil. Eso sí ?en esta vida todo tiene un precio?, a cambio de que la capitalidad política y económica se ubique definitivamente en la isla redonda. Cierto que Santa Cruz conservaría su condición de cocapital, pero sobre el papel. Las decisiones importantes no se adoptarían en Tenerife. Ínsula en la que continuaría el Parlamento, aunque con una sede también en Las Palmas para que no haya que estar viniendo a Santa Cruz todas las semanas. Muchas comisiones se reunirían allí, y ocasionalmente hasta podría celebrarse algún pleno en los alrededores de Vegueta.

La segunda opción es que gobierne López Aguilar. Situación que conllevaría fundamentalmente lo mismo con respecto a Tenerife, pero sin el beneficio ?al menos a priori? del desarrollo en conjunto para el Archipiélago. A fin de cuentas, el ex ministro ha dejado a la Justicia española con las mismas carencias y deficiencias que encontró el día que le dieron la cartera.

Queda la posibilidad de Paulino Rivero, no necesariamente en tercer lugar. Entonces ?eso me dice la suspicaz lectora? estaríamos ante un soft day. Expresión al uso en Irlanda para referirse a lo que nosotros llamaríamos un día tonto: no hace frío ni calor, no diluvia pero cae una llovizna que parece que no moja pero enchumba, no luce el sol pero las nubes tampoco son demasiado oscuras? En definitiva, uno de esos días en los que el tiempo no está para quedarse en casa ni tampoco para echarse a la calle; un perpetuo compás de espera, que en el caso del Archipiélago se prolonga ya dos décadas y pico. Los mismos problemas más o menos parcheados, los mismos intereses, las mismas promesas; en definitiva, un ingente cúmulo de buenas intenciones que rara vez se materializan en beneficios concretos para el ciudadano".

LAS IMÁGENES que hemos visto estos últimos días de algunos políticos de Las Palmas contemplando desde balcones laguneros las que creen van a ser sus posesiones, paseando por nuestras calles con su séquito de "babiecas" locales, o pedaleando como chicharreros por esa avenida de Anaga, o embutidos en traje de mago en la romería de Tegueste (¿Qué es Tegueste, dónde está Tegueste, se habrán preguntado?), no son nada tranquilizadoras. Nos parece que el sentido que dan a esas visitas es el que daban los conquistadores de Canarias cuando se encontraban con los nativos y recorrían a pie o a caballo las que querían fueran sus posesiones en señal de dominio sobre ellas. Eso lo tiene que impedir Tenerife en las urnas.

Todavía es pronto, pero ojalá Tenerife y el Archipiélago, dentro de no muchos años, constituyan un país europeo, americano y africano con representación en la ONU. Condiciones para ello existen, de todo tipo, incluso más que en algunos Estados representados en la Asamblea General.

Tenerife y el resto de las islas, menos Canaria, la tercera, a la que todos favorecen, se han radicalizado, por lógica y por desesperación. Y lo que decimos está en la calle. Pero hay que buscarlo, despacio, con paso firme, que esta línea es la real y necesaria, sin violencia, por supuesto, pero con inteligencia.

¿No será verdad, como se preguntaba recientemente un nacionalista de pro en un artículo de prensa, citando al intelectual Ernest Gellner, que Canarias es una nación adormecida? En fin, reflexiones para meditar.