Santa Cruz de Tenerife
LO ÚLTIMO:
foto del aviso
Nadal arrolla a Dimitrov y buscará su undécimo título monegasco leer
CARLOS ACOSTA GARCÍA

¿Deben celebrarse las efemérides negativas?


4/ene/03 18:33 PM
Edición impresa

HASTA AHORA estábamos en la creencia de que en los salones de plenos de los ayuntamientos sólo se hablaba de asfalto, puntos de luz, conducciones de agua, jardines y alguna que otra comunicación al presidente de los Estados Unidos para que éste hiciera o dejara de hacer tal o cual cosa. Pero no es así. Y lo digo por lo siguiente:

Desde hace algún tiempo estamos reuniéndonos en el salón de plenos del Ayuntamiento de Garachico varias personas con la intención de ir preparando la celebración de dos importantes efemérides de la rica historia garachiquense. Pero no todos los asistentes somos de Garachico: asisten vecinos de Los Silos, La Guancha, La Laguna, Santa Cruz... Hay universitarios y personas sin estudios superiores; jóvenes y entraditos en años; hombres y mujeres; y, lo que es más importante, personas de distinta significación política. Y todo transcurre como una seda. El único inconveniente - en el supuesto de que sea un inconveniente - está en que hay, entre algunos vecinos, la creencia de que no deben celebrarse las efemérides negativas. Y es que todavía no hemos dicho que los centenarios que van a celebrarse son la llegada de la peste y la presencia destructora del volcán.

Pero nosotros creemos que estas efemérides, estos centenarios deben celebrarse por varias motivaciones: porque la Historia no debe ser olvidada ni tergiversada; porque es bueno saber ahora cómo eran antes las cosas y porque queremos ofrecer - al menos, simbólicamente - nuestra admiración a aquellas personas que vivieron la tragedia directamente, demostrando su valentía, su entereza.

Lo cierto es que va a ser éste un programa ambicioso, con exposiciones y conciertos; conferencias y ediciones bibliográficas, para que quede en la mente de todos una memoria singular. Algunos actos se celebrarán en lugares que tuvieron entonces una indudable singularidad. Entre éstos vamos a citar sólo tres: el convento dominico, porque pudo desafiar al volcán, que no se atrevió a acercársele; la ermita de Los Reyes y la Casa de Arango porque, si bien la lava las rodeó totalmente, quedaron intactas para orgullo de los garachiquenses y asombro de propios y extraños.

Pero tales vicisitudes son ya agua pasada. Nosotros vamos a seguir adelante en la tarea emprendida, aunque siga habiendo personas que repitan, una vez y otra, que no parece oportuno celebrar efemérides negativas. Pese a tales comentarios, vamos a hacer un esfuerzo para que nadie olvide que se aproximan el IV centenario de la llegada de una espantosa epidemia y el III de la presencia furiosa de la roja lengua de un inolvidable volcán.

CARLOS ACOSTA GARCÍA