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"África Negra Bis 2017"

Los integrantes del club Enduro Sin Límite completan la cuarta etapa de su aventura: cruzar en KTM el continente de norte a sur.
El Día
1/mar/17 5:51 AM
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L os integrantes del Club Enduro Sin Límite, F. Javier de Miguel, J. Miguel Amaro y José G. Mesa, se ponían en marcha a mediados de enero, para seguir completando su "Trans-África 2013-2019". Una aventura que tiene el objetivo de atravesar África de Norte a Sur por etapas, con sus motos KTM, EXC, evitando las carreteras y sin asistencia.

José Mesa fue el primero en partir hacia Accra (Ghana) portando su motor recién reparada. Inició la ruta llegando a Lome (Togo) el día 20, donde se reunió con los otros dos miembros de la expedición. Tras poner en marcha las otras dos monturas, con la ayuda del seis veces dakariano Michel, que regenta el único Concesionario Oficial de KTM entre Marruecos y Sudáfrica, iniciaron su andadura en dirección Sur por las playas de Lomé.

Siguiendo el litoral de éste estrecho país, avanzaron por la pista que discurre paralela a la antigua vía del tren, y que conduce a la bonita ciudad colonial de Aného, donde se encuentra el paso fronterizo con Benín. Lo cruzaron sin dificultad, y ya de noche, sufrieron su primer pinchazo en Grand Popó. Aquí tuvieron un percance que a punto estuvo con dar al traste con la expedición. Un pequeño encontronazo de Miguel con otra moto, hizo que la policía interviniera confiscando su moto. A las dos de la madrugada salían de comisaría tras pagar una compensación al motorista y a la policía por su "mediación".

Después de hacer una parada para contemplar la "Puerta Sin Retorno", monumento erigido en recuerdo de los 12 millones de esclavos que fueron enviados a América desde éstas costas, continuaron por la "Route des Péches". Se trata de una bonita pista de arena paralela al mar, que atraviesa unas cuantas aldeas de pescadores construidas con barro y paja, donde se sigue practicando la pesca comunal de arrastre desde la playa a ritmo del jambé. Contrasta enormemente con los chiringuitos de corte Reggae, que se iban encontrando según se acercaban a Cotonou, donde la clase adinerada luce sus todo terreno los fines de semana.

Dieron un pequeño rodeo para evitar atravesar Lagos, ciudad que con sus 18 millones de habitantes, es la más poblada y de las más peligrosas de África Occidental. Ya en la frontera, el primer nigeriano con el que se toparon les hizo pasar un mal rato, pues con muy malas formas, les denegó el acceso con la excusa de que sus vacunas de fiebre amarilla no estaban vigentes, lo cual no era cierto. Una pequeña cantidad de dinero cambió totalmente la situación. En un par de horas entraron en Nigeria con sus motos. Descubrieron, para su sorpresa, un país de gente amable a pesar de la miseria, la suciedad y la polución.

En un principio, su idea era atravesarlo en el menor tiempo posible, pero a pesar de los tediosos controles policiales y militares que no faltaban a la entrada y salida de cada población, las carreteras con baches como bañeras y las inmensas hileras de camiones humeantes; se sintieron lo suficientemente seguros como para no abandonarlo sin visitar la ciudad colonial de Calabar. De camino, la policía los detuvo, conduciéndolos a una destartalada comisaría, donde varias personas los interrogaron, haciéndolos siempre la misma pregunta: ¿cuál es vuestra misión? No conseguían entender que tres blancos, por tanto "ricos", quisieran llegar a Sudáfrica en moto. Si por lo menos lo hicieran en un todo terreno con aire acondicionado les resultaría más fácil entender...

Atravesaron el río Niger y el paisaje cambió. La deteriorada selva se tornó más frondosa, jalonada de aldeas hechas de construcciones tradicionales. Disfrutaron en Calabar de su orden y limpieza, frente al caos del resto del país.

Continuando su ruta, llegaron a la frontera con Camerún a través de una pista remota y poco transitada, pero gracias a la experiencia adquirida, franquearon el paso fronterizo sin problemas mayores. Aunque el país recibió a los expedicionarios de noche y con una fuerte tormenta, esto no los impidió llegar a la ciudad de Manfe, donde al día siguiente deberían realizar los trámites aduaneros.

Éste país cautivó al grupo desde el primer momento. Su exuberante vegetación, su afable gente y la facilidad para circular por todos sus confines, hizo que el paso por Camerún se constituyera como uno de los hitos de la travesía africana.

Recorrieron el anillo de laterita roja, llamado "Ring Road", que atraviesa 400 km de paisaje muy diverso por las tierras altas, y disfrutaron del pilotaje de sus variadas pistas. Descendieron hasta el litoral para encontrarse con el Monte Camerún (4,095 m), el pico más alto de África del Oeste y tras atravesar la tumultuosa Douala, donde José sufrió una aparatosa caída por suerte sin consecuencias graves, cruzaron la reserva de Campo donde tuvieron ocasión de contactar con una tribu de pigmeos.

La suerte quiso que poco antes de llegar a la frontera con Gabón, se encontraran con los primeros blancos en semanas. Se trataba de pareja de austriacos, y su ayuda resultó vital. La cosa comenzó mal, pues cuando llegaron al puesto, los guardias los informaron que estaba cerrada hasta el día siguiente porque el oficial se encontraba ausente. Después de mucho insistir, varias horas después apareció el susodicho, que a toda costa quería devolverlos a Camerún. Tras muchos ruegos, dar todo tipo de explicaciones y presentar la documentación exhaustivamente completa, el oficial solicitó el teléfono de la persona que se iba a hacer responsable de los vehículos en su ausencia, que en teoría iba a ser de un par de meses. Cuando telefoneó al contacto que le facilitaron los austriacos, éste reaccionó como si los conociera de toda la vida, y era la primera noticia que tenía de su existencia y de sus intenciones, y gracias a esto, los permitieron entrar en Gabón.

Muy contentos por haberlo conseguido, se dirigieron por frondosas pistas abiertas por los madereros a la Reserva de Lopé, declarada Patrimonio de la Humanidad. Según avanzaban, el paisaje fue transformándose en una sucesión de montañas de poca altura, circundando grandes extensiones de sabana y bosque lluvioso. Cuando llegaron a los rápidos del caudaloso río Ogooue, a solo 40 km de la entrada a la Reserva, recibieron la noticia de que el transbordador que los tenía que llevar al otro lado, se había hundido hacía años. Tenían que retroceder 350 km o arriesgarse a cruzar por el puente del tren, y optaron por lo segundo. Valió la pena, pues con razón se gravó en éste lugar parte de la última película de Tarzán. Pudieron disfrutar de su paisaje y mezclarse con su fauna: búfalos, elefantes, monos, etc.

Tras recorrer los 110 km de rugosa pista que conectan con la civilización, se dirigieron a Libreville, la capital del país, para dejar organizado el depósito de las motos y demás temas burocráticos con vistas al próximo año. Aún les quedó tiempo de hacer una incursión de un par de días en la magnífica selva de los Montes de Cristal, en la frontera con Guinea Ecuatorial, y así despedirse de sus amigos austriacos que tanto los habían ayudado.

De esta forma, tras recorrer 5.300 kms a lomos de unas KTM que no han dado problemas y que se han bebido 900 litros de gasolina, ponían fin a su variado periplo.

El próximo año intentarán llegar a Namibia tras terminar de recorrer lo que les queda de Gabón y Congo, y atravesar dos de los países más grandes del continente, la República democrática del Congo y Angola.

Llevan ya recorridos catorce países y si las cosas salen según lo previsto, culminarán la expedición con un total de 25.000 kilómetros recorridos en seis meses, alcanzando su meta: Ciudad del Cabo (Sudáfrica).