Cultura y Espectáculos
LO ÚLTIMO:
foto del aviso
El PP quiere que los jueces, y no el Parlamento, elijan al Consejo General del Poder Judicial leer

Museo sacro de Santa Clara, entre lo humano y lo divino

Ante el pórtico de entrada al convento de las Clarisas habrá quien se haya preguntado, ¿qué misterios se esconden tras esos muros? La respuesta está dentro, y además muy viva.
Sergio Lojendio
29/ago/17 0:35 AM
Edición impresa
Museo sacro de Santa Clara, entre lo humano y lo divino

A nte el pórtico que da acceso a este museo habrá quien se pregunte, ¿qué misterios se esconden tras esos muros? Y al traspasar el arco percibirá, casi por ensalmo, que este grupo de religiosas clarisas no solo dedican su vida a la oración, sino que desarrollan otro tipo de tareas, como el auxilio a las personas necesitadas, además de faenas de tipo doméstico, y siempre guiadas desde el concepto de la fraternidad.

La ruta está concebida por siete salas -como los siete cielos de los que hablan las Escrituras- y comienza desde el primer paso, con la mirada puesta en el patio (claustro) norte, el más antiguo del convento, desde el que se accede a la sala de proyecciones.

En este espacio, el visitante reconoce en un mapa la ubicación de los monasterios de Clarisas que se reparten por el mundo y visiona, además, un documental que sintetiza la historia de la fundación general de la orden franciscana, poniendo el énfasis en Canarias.

Junto al patio, dos maquetas. Una de ellas con enorme carga emocional, elaborada por las hermanas en 1993 con materiales rudimentarios, en la que se visualiza cómo era el edificio antes de la rehabilitación. La otra maqueta se encargó una vez finalizada la obra y es obra del artista y escultor Tahíche Díaz.

Los miembros de la comisión de museos, las instituciones públicas, el Obispado y muchos anónimos han obrado el "milagro" de que "un proyecto museístico se haya convertido en realidad, regalando su conocimiento, tiempo, esfuerzo", comenta la madre abadesa, sor María del Pilar.

Hay todo un mundo por descubrir en la planta superior. El sonido de la madera y una sensación de paz y tranquilidad, acompañan el acompasado tránsito escaleras arriba.

Al levantar la vista, la letra griega tau, la cruz franciscana, recibe con el saludo Paz y Bien; lucen frases en las paredes que invitan a reflexionar. "Queremos que no sea un museo más de La Laguna sino, desde el aspecto religioso, una forma de catequizar", explica la madre abadesa.

En los corredores se combinan la cultura religiosa y el mobiliario doméstico, esos viejos baúles que guardan los ajuares de las monjas que ingresan en el convento.

La primera sala, Regina Coeli, está dedicada a la Inmaculada Concepción, patrona de la orden, junto a otras advocaciones, figurando tanto esculturas como lienzos de artistas como Juan de Miranda, Gaspar de Quevedo o Domingo Baute. No falta una reproducción pictórica de la virgen de Candelaria.

En la sala Orden Seráfica (pobre, humilde) destacan las reproducciones de san Francisco, así como una colección denominada de venerables, de carácter post mortem (de las pocas que existen en España), que reproduce a distintas hermanas con báculo, de velo blanco... Al fondo un armario altar.

Orden y equilibrio, un discurso sosegado, sin agobios ni sobrecargas. No existe el "horror vacui". El tiempo parece detenido.

El ingreso en la sala Quién como Dios está presidid por una talla de san Miguel Arcángel (copatrono de la ciudad), de las mejores que se conservan en el museo, del s. XVIII, que da vida a las advocaciones franciscanas. Magníficas colecciones de nacimientos y belenes; imágenes de niños, entre ellos el reconocido como "El Pelotito", del XVIII.

Una interesante muestra de orfebrería en oro y plata refulge en la sala Corpus Christi, donde luce el sagrario de Isabel II, el isabelino, denominado así porque parece fue un a donación de la reina; un baldaquino; una custodia del siglo XVII; incensarios, bandejas de plata, cálices, un copón?

En el recorrido, paciente, las salas se van alternan con los espacios abiertos, como pasos de un mundo interior hacia otro exterior.

Y asoma la sala llamada de Redención, que acoge, entre otras piezas, una talla del Nazareno, siglo XVI, donada por la familia Salazar, y una imagen de La Magdalena, siglo XVIII. También una miniatura del siglo XVIII dorado, de origen cubano, importante artísticamente por la singularidad de su anatomía y por estar realizada en una sola pieza.

En esta sala se exhibe, también, una caja en forma de cruz donde llegó a La Laguna la talla del Cristo, así como La Dolorosa de Luján, boceto de la que se encuentra en La Concepción y predilecta del artista, que siempre la llevaba consigo.

En la sala De Profundis se expone el altar de plata que preside la iglesia del convento en festividades señaladas, un buen ejemplo de la solera que adquirieron los talleres de orfebrería laguneros del siglo XVIII y ropa bordada a mano del XIX.

Junto a ella, el patio del Horno, que da paso a otros espacios abiertos relacionados con la vida conventual y las faenas diarias: la preparación de las formas, la elaboración de ornamentos para los sacramentos; manteles, purificadores corporales, toallitas de bautizo, albas, casullas, rosarios

Detrás de esas rejas hay personas y mucha vida.

ficha técnica

Dirección: calle Viana, nº 38. San Cristóbal de La Laguna (Tenerife).

Horario: lunes de 10:00 a 14:00; martes a viernes de 16:00 a 19:00 horas.

Teléfonos: 922 25 72 60

claraslalaguna@gmail.com

Grupos: no superiores a las 25 personas.

Este museo ocupa un amplio sector del edificio conventual de las religiosas clarisas franciscanas de clausura, fundado en el siglo XVI. Fue la generosidad de doña Olalla Fonte del Castillo la razón que hizo posible que en 1577 las monjas tuvieran convento propio, si bien el actual edificio es posterior a 1697, cuando un voraz incendio a punto estuvo de destruirlo. A partir de 2010 se afrontó su rehabilitación y el museo abrió sus puertas el 16 de mayo de 2013, mostrando siete amplias salas. El contenido artístico procede de los fondos del propio convento -la mayoría pinturas-, si bien el visitante tiene la ocasión de disfrutar de un espacio arquitectónico y unas sensaciones únicas.