Criterios
LO ÚLTIMO:
foto del aviso
La Policía detiene en Zaragoza al 'Rey del Cachopo' leer
EFRAÍN MEDINA HERNÁNDEZ*

Jorge "el Tajarra"

29/jul/18 6:21 AM
Edición impresa

Hace unos días, el Cabildo de Tenerife le rindió un sencillo homenaje a Jorge Afonso, un icodense que ha dedicado toda su vida a la herrería y a forjar con calor, golpes en el yunque y mucho sudor, muchos de los útiles de labranza que se usaban especialmente en el norte de la Isla y también implementos para los animales y las "bestias" que araban nuestros campos.

"Así pude sacar a mis hijos adelante. Venían de toda la Isla a mi herrería, pero principalmente de los pueblos del norte. Venían caminando por la media montaña hasta el barrio de San Antonio y podían esperar hasta seis meses por un apero para la agricultura, porque yo no daba abasto a tanto pedido", dijo Jorge.

"Quien no venía por argollas para amarrar (a las bestias), encargaba una guadaña para segar en la tierra del trigo; otros me encargaban azadas y azadones que en muchos casos revendían y se ganaban unas pesetas. Perdí la cuenta de los rastrillos que hacía, o de las palas, o la cantidad de cencerros que hice para cabras y vacas". "Muchos que no me podían pagar con dinero me traían gofio, quesos, papas, batatas o conejos para poder pagarme y así saque adelante a mis ocho hijos, con la herrería en el barrio de San Antonio", comenta Jorge, mejor conocido como "el Tajarra" (los sobrenombres en los pueblos de Canarias forman parte de nuestra identidad). A él le escribía su familia de Venezuela y en la dirección colocaban "Jorge el Tajarra" y las cartas jamás se perdieron.

Al calor de la fragua y con el yunque desgastado por los martillazos, este buen hombre fabricó miles de objetos, miles de artículos que se utilizaron en todos los campos de nuestra isla. Algunos de sus hijos se criaron prácticamente dentro de la herrería y Jorge les hacía juguetes con los trozos de hierro que iban quedando y les contaba historias de caballos que galopaban desde el sur de la Isla hasta la herrería y de rastrillos que eran capaces de recoger en un día todas las arvejas que se daban en los Altos de Icod. Los niños miraban asombrados al inmenso herrero con el delantal de cuero manchado de carbón.

Hay quien dice que fue Jorge quien "inventó" con madera larga y una pinza al principio ese artilugio para coger "los higos picos" y que se sigue utilizando en la actualidad. Un invento innovador que hace que no te pongas como un "santo Cristo" lleno de picos. La gente del sur y que tiene tuneras sabe lo que estoy contando.

Jorge y alguno de sus hijos recuerdan cuando llegó la primera persona en coche para hacerles un encargo. Este señor venido desde El Escobonal le encargó tres arados para adaptarlos a unas bestias. La fama de Jorge se extendía por toda la Isla.

Pero los tiempos cambian y estos útiles de labranza que vienen desde la época del Neolítico se empezaron a quedar en desuso. Ya empezó el riego por goteo, el campo fue abandonado por la emigración y posteriormente por la construcción, cada vez se encargaban menos azadas, otro tipo de materiales sustituía en muchos casos al hierro forjado. Lo mismo pasaba en otros oficios artesanos como le dijo un día la conocida cestera doña Cecilia con mucha amargura: "Cada vez se venden menos cestas porque ahora son de plástico, amigo Tajarra".

Jorge mantuvo su herrería pero empezó a hacer rejas para las casas y puertas -porque ya la gente no se fiaba de dejar la casa sola-, faroles, bancos de metal, maceteros, algunos lebrillos y siguió en la lucha diaria de un oficio tan antiguo, casi como el mismo mundo. Sus hijos crecieron y la familia se multiplicaba.

Afortunadamente, uno de sus hijos, Moisés, continuó con el oficio y ha innovado tanto que sus finos trabajos de herrería artística lo han hecho merecedor de un "Premio Nacional de Herrería". Hoy Moisés crea trofeos, elementos decorativos, combina el hierro forjado con el vidrio, colabora con otros oficios artesanos, puede hacer obras de arte que sirven de asas para bolsos de una fina marroquinería. Y todo esto con la mirada de aprobación de Jorge "el Tajarra", aunque él sigue añorando su herrería llena de agricultores y personas con las caras curtidas del sol y de los surcos de la tierra.

El homenaje del Cabildo fue en la herrería de su hijo Moisés y se reunió todo el barrio. Jorge contaba anécdotas de su trabajo y de cuando su esposa venía a buscarlo porque entre tanto fuego de la fragua se le quemaban los ojos y no distinguía "si era de noche o de día".

Jorge "el Tajarra" se merece este sentido homenaje y mucho más porque creo que hay que rendirle honor a quien honor merece. Jorge trabajó décadas y décadas de manera anónima forjando ilusiones. El agricultor que se llevaba en sus manos una azada nueva sabía lo que significaba para sus trozos de terreno y la supervivencia de su familia.

Hoy que don Jorge está ya en el "reposo del herrero", viendo orgulloso a su hijo continuar con su trabajo sacrificado pero muy noble, a mí me encantaría poder construirle una escalera tan grande tan grande que la fragua fuesen todas las estrellas y que el yunque fuese tan inmenso como el mismo firmamento.

Gracias por tu trabajo, tu entrega y tu devoción, Jorge. Gracias Moisés por seguir la senda de tu padre y poner en valor su amor y devoción por esta isla desde el martillar de un yunque. Esta isla siempre tendrá un profundo sentimiento de agradecimiento.

*Vicepresidente y consejero de Desarrollo Económico

del Cabildo de Tenerife

EFRAÍN MEDINA HERNÁNDEZ*