RAÚL GORROÑO, S/C de Tfe
El escritor y catedrático de Filología Española de la Universidad de La Laguna Juan Manuel García Ramos está muy satisfecho con su cuarta novela, "Un guanche en Venecia", que ya ha llegado a su segunda edición e, incluso, le han propuesto llevarla al cine, además de traducirla al italiano y al alemán. Ahora trata de escribir sobre la vida universitaria: "Sobre las miserias y grandezas de ese mundo académico que yo he vivido a lo largo de muchos años", aclaró.
Su cuarta novela, ¿qué significa esta obra dentro de su producción literaria?
Las tres primeras novelas publicadas -"Bumerán", "Malaquita", y "El Inglés. Epílogo en Tombuctú"- responden a preocupaciones éticas y estéticas diferentes, pero a las tres las considero hijas mías por igual y no abjuro de ninguna de ellas. Cada una en su tiempo y con sus razones de escritura. Quizá la que siento más cerca de mí es "El Inglés", que reedité con Artemisa Ediciones hace unos años, ampliada, con algunos cambios en su topografía y un nuevo título: "El Inglés. Epílogo en Tombuctú". Carlos Asturias Harrow, su protagonista, es un tipo que me cae bien. Un hombre de nuestro tiempo afligido capaz de crearse otra vida y de huir de la monotonía de su entorno. "Bumerán" es una novela de juventud (la escribí con 22 años), una novela coral que intenta describir la vida de una ciudad con el lenguaje de la calle. "Malaquita" es la historia de una mirada entre dos seres desamparados que encuentran en el amor una manera de sobrevivir. Esas novelas son, en parte, etapas de la vida que me ha tocado vivir.
¿Cuáles han sido las principales dificultades de escritura de esta cuarta novela?
La historia oficial de Canarias y la historia real están muy lejos de coincidir. La literatura es capaz de cortar las veneraciones de la historia oficial. La pretendida objetividad histórica, la exactitud de los hechos, el pasado inamovible dejan mucho que desear. No podemos ni debemos ignorar las injusticias del pasado. Quitarle las máscaras a nuestra identidad primera. Despejar las incógnitas de esas épocas bárbaras. La historia maneja documentos y la literatura argumentos. Esta cuarta novela tiene un sustrato histórico luego distorsionado a mi gusto y capricho. He tratado de enhebrar el sustrato histórico y la peripecia literaria con todo el rigor y la cohesión posibles. Quizá en ese propósito radica el reto de su escritura.
¿Qué conclusiones ha sacado tras su inmersión en el género de la novela histórica, o en qué gé nero la inscribiría?
Toda novela es una hipótesis, el ensayo de una posibilidad, la construcción de un mundo imposible, aunque verosímil. También la conocida como novela histórica. En "El guanche en Venecia" consideré que ya iba siendo hora de darle la palabra a los vencidos, pero sin maniqueísmos fáciles. ¿Quién era ese pueblo invadido y ofendido? En "El guanche en Venecia" no hay apriorismos ideológicos de ninguna clase, aunque alguien haya querido verla como una novela política. Esa novela está escrita desde la parte de la historia conocida y divulgada y desde el delirio del que me vi beneficiado durante el tiempo que la pensaba y la escribía.
¿Por qué revive a Bencomo, muerto en la Batalla de La Laguna según los cronistas. Es sólo una licencia literaria o tiene otro trasfondo?
El mencey que llega a Venecia desconocemos quién es desde el punto de vista histórico. Elegí a Bencomo usando esa licencia literaria a la que usted se refiere. Quise que Bencomo de Taoro encarnara los ideales de la libertad, el coraje y el afán de lucha de un pueblo noble en un tiempo en que unos hombres miraban y trataban a sus semejantes como meros objetos. La novela se puede contemplar como el enfrentamiento de dos mitos: el del buen salvaje roussoniano que representa Bencomo de Taoro y el de la ciudad mítica europea por antonomasia que es esa Venecia del siglo XV.
Da la impresión de querer reescribir la historia de Canarias. ¿Qué le gustaría cambiar, qué aspectos de la historia del Archipiélago cuestiona en esta novela y considera que han sido manipulados?
La historia de Canarias está llena de enigmas por despejar. ¿Pudo influir Juba II y su mujer Cleopatra Selene, hija de Marco Antonio y de Cleopatra, en la cultura mortuoria de las Islas Canarias? ¿Qué trascendencia pudieron tener en la personalidad colectiva de Canarias las milenarias rutas caravaneras que salían de las profundas provincias egipcias, recorrían todo el norte de África y llegaban a las costas de Berbería vecinas de nuestro Archipiélago? Los pueblos cuentan con la historia plana, la oficial y la académica, y con la reinterpretación estética de esa historia, que es la literatura. La literatura es un espejo deformante de la realidad que ayuda a interpretar, desde otro ángulo, a esa misma realidad. Me interesa la literatura como contramemoria.
Principales fuentes consultadas, ¿alguna inédita?
La historia del guanche llevado a Venecia ya era conocida por José de Viera y Clavijo a través de la "Historia General de España", Toledo, 1601, de Juan de Mariana; de la "Historia del rey Fernando el Católico", Zaragoza, 1610, de Jerónimo de Zurita, y de la "Historia Eclesiástica", París, 1722-1737, del abad Claude Fleury y de otros continuadores de esa magna empresa. Esa historia del guanche también la retomó -siguiendo la versión de Viera y Clavijo- Agustín Millares Torres en su ambiciosa obra "Historia General de las Islas Canarias", 1881-1895, donde incluye una lámina del pintor Carlos de Acosta responsable de los frescos que se encuentran en las escaleras del Ayuntamiento de La Laguna y donde, en uno de ellos (1764), se representa la llegada de los menceyes guanches a Almazán en 1496. Luego llega la gran aportación de Antonio Rumeu de Armas en su "Historia de Tenerife", después de haber descubierto los 58 grandes volúmenes de la obra I Diarii (impresos entre 1879-1902) una obra que trata de lo acontecido en Venecia entre el 1 de enero de 1496 y septiembre de 1533, del historiador veneciano Marino Sanuto, el Joven (1466-1536).
Demuestra un claro posicionamiento a favor de los guanches, ¿qué quiere reivindicar?
Me sigue resultando inaceptable el pudor -casi el desprecio- con el que algunos, sobre todo desde muchos ámbitos académicos, se refieren a los primitivos habitantes de Canarias. Quise escribir un relato desde los vencidos, como ya dije, desde las retinas que vieron llegar a la isla a otros pueblos hostiles, con la cruz y la espada en sus manos, y un afán de expansión y de lucro, que era un poco la marca de la época. Quise registrar lo que una retina como la de Bencomo pudo descubrir en todas esas circunstancias nuevas que se vio obligado a vivir y a enfrentar.
Un rey exótico
¿Por qué sitúa a Bencomo en Venecia y no en la Península, vendido como un esclavo como los demás. Por qué lo tratan tan bien los Reyes Católicos, que lo regalaron al Dux de Venecia, donde fue recibido como un rey?
En los "Diarios de Sanuto", ya citados, se puede percibir la amabilidad con la que el mencey guanche llegado a Venecia fue tratado por el Gobierno de Tierra Firme y por el Senado de esa República Serenísima. Eran tiempos bárbaros, pero la Venecia del Renacimiento vio con asombro y casi ternura la llegada de ese rey exótico que ellos situaban en Las Indias, fruto de una geografía atlántica aún por inventariar.
El mencey viajero se "escapa" de Italia y regresa a África, donde vuelve a luchar contra Lugo, que intentó asesinarle en Padua, ¿por qué no le permite regresar a Tenerife para liberar a su pueblo, en vez de luchar contra Lugo ayudando a las tribus bereberes?
Esa hubiera sido otra novela, quizá menos simbólica que la que yo he querido escribir. Bencomo queda en Berbería como una promesa de libertad para su pueblo, como un símbolo de resistencia, de alzamiento contra atropellos como los cometidos por el sinvergüenza de Alonso Fernández de Lugo, que tuvo que ser amonestado en muchas ocasiones por los mismos Reyes Católicos por saltarse a su gusto las mínimas leyes que protegían a los pueblos invadidos en esa época.
¿Considera que la historia de los aborígenes canarios está presente en las aulas canarias?
Yo desde luego no recibí esa información en mis primeros pasos educativos, ahora no sé qué se enseña en nuestras aulas de primaria y de secundaria sobre nuestro pasado. Los planes de estudio oficiales siempre han estado en contra de impartir esos contenidos. La colonialidad cultural sigue presente y muchos canarios están satisfechos con esos olvidos. Somos un pueblo con poca autoestima, con escasa curiosidad por lo que ocurrió en ese siglo XV que dividió nuestra historia entre el neolítico de los primeros habitantes y el Renacimiento que representaban los invasores. Creo que "El guanche en Venecia" se ocupa con cariño de ese momento tan crucial para todo lo que sucedió después.
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